Resumen ejecutivo
En las últimas décadas se han registrado notables avances a escala mundial en la reducción del número de muertes de niños y niñas menores de 5 años, desde 93 por cada 1.000 nacidos vivos en 1990 hasta 37 por cada 1.000 nacidos vivos en 2022. Sin embargo, a pesar de estos avances, en la actualidad muchos niños y niñas –y sus posibilidades de disfrutar de buena salud y bienestar a lo largo de su vida– están en peligro por los efectos del cambio climático.
La infancia sufre de forma desproporcionada porque es especialmente vulnerable a los peligros ambientales en comparación con los adultos. La combinación de factores fisiológicos, psicosociales y conductuales, y su dependencia de los cuidadores, hacen que los niños y niñas sean más susceptibles a los efectos perjudiciales del cambio climático sobre la salud.
Aunque cada vez hay más pruebas que ponen de manifiesto las repercusiones del cambio climático sobre la salud y el bienestar de la infancia, las investigaciones suelen centrarse en los efectos de amenazas concretas. Por ello, este informe pretende hacer un “balance” exhaustivo de los efectos del cambio climático sobre la infancia a través de seis grandes amenazas para su salud y bienestar: el calor extremo, las sequías, los incendios forestales, las inundaciones y tormentas, la contaminación atmosférica y los cambios en los ecosistemas.
El informe constata que el cambio climático afecta a casi todos los aspectos de la salud y el bienestar de la infancia, desde el embarazo hasta la adolescencia. Los efectos sobre la salud se agravan a medida que los niños y niñas quedan expuestos a peligros relacionados con el clima que a menudo se solapan entre ellos. Resulta muy preocupante el riesgo de que se produzcan resultados adversos en torno al parto, como la prematuridad y el bajo peso al nacer, y la frecuencia de estas complicaciones aumenta con la exposición a la mayoría de los peligros relacionados con el clima. Los neonatos y los lactantes corren un mayor riesgo de morir por culpa de la contaminación atmosférica y al calor extremo. Se prevé que las enfermedades infecciosas mortales en la infancia, como el paludismo, se intensifiquen con el cambio climático. La malnutrición, un factor que subyace a la mitad de las muertes de menores de 5 años en el mundo, aumentará debido a los fenómenos meteorológicos extremos, al igual que las lesiones. Aparte de contribuir considerablemente a las principales causas de mortalidad infantil, las enfermedades no transmisibles como el asma, acentuada por la transformación de los ecosistemas, tendrán un efecto perjudicial a lo largo de toda la vida de quienes las sufran. Por último, la salud mental de los niños, niñas y adolescentes se ve afectada tanto por los fenómenos meteorológicos extremos como por el cambio climático en general.
Las repercusiones de los peligros relacionados con el clima sobre los cinco multiplicadores agravan sus consecuencias para la salud: escasez y contaminación del agua, inseguridad alimentaria y contaminación de los alimentos, daños en las infraestructuras, interrupción de los servicios y desplazamiento. La gravedad de las repercusiones varía en función de las desigualdades y los factores de vulnerabilidad que confrontan los niños y niñas dependiendo de su posición socioeconómica, género, ubicación, estado de salud, contexto y capacidad del país, además de las vulnerabilidades propias de la infancia a lo largo del ciclo vital.
Casi la mitad de los menores de edad viven en países extremadamente vulnerables a los efectos del cambio climático. El mundo se encuentra en una encrucijada: el cambio climático amenaza con revertir los avances en materia de salud infantil conseguidos con tanto esfuerzo, y el planeta se está convirtiendo en un lugar más peligroso para la infancia. A pesar de esta amenaza, todavía no disponemos de una estimación adecuada de las consecuencias actuales del cambio climático sobre la mortalidad y la morbilidad infantiles, ni de la carga prevista para el futuro. A menos que se aceleren los esfuerzos de mitigación y se aumenten urgentemente los de adaptación, las generaciones actuales y futuras de niños y niñas seguirán llevándose la peor parte, ya que el cambio climático afecta a su supervivencia, su salud a lo largo de toda la vida y su bienestar.
Como respuesta a estos problemas, en este informe formulamos tres recomendaciones acompañadas de una serie de acciones específicas:
Reducir las emisiones para alcanzar el umbral de 1,5 °C garantizando el interés superior de la infancia:
Es necesario que los países de ingresos altos pongan en marcha medidas urgentes y ambiciosas de mitigación para fin de reducir las emisiones, y que proporcionen apoyo a los países de ingresos bajos y medios en su transición energética. Las medidas para acelerar la mitigación del cambio climático deben dar prioridad a los beneficios colaterales que ofrecen para la salud infantil: el acceso universal a combustibles y tecnologías modernos para cocinar de manera que se reduzcan las emisiones y las muertes infantiles atribuibles a la contaminación del aire en los hogares; la transición hacia infraestructuras ecológicas y hacia la energía sostenible en los sectores que prestan servicios esenciales a la infancia; una educación climática que promueva la movilidad activa y una alimentación sostenible; y la integración de las tecnologías de descarbonización con las estrategias de desintoxicación.
Proteger a la infancia contra las repercusiones del cambio climático:
Las medidas de adaptación deben atender a los siguientes puntos: proporcionar urgentemente a los cuidadores y proveedores de servicios la información y las competencias que necesitan para proteger a los niños y niñas; reforzar los servicios de atención primaria de la salud resilientes al clima; salvaguardar el acceso a alimentos nutritivos y agua potable; mejorar la preparación y la respuesta a los peligros medioambientales; y aplicar medidas de protección social que tengan en cuenta a la infancia. En este informe se esbozan diversas peticiones específicas relacionadas con cada una de estas esferas.
Dar prioridad a la salud y el bienestar de la infancia en las políticas, la inversión y la acción climáticas:
La acción climática debe centrarse en las repercusiones sobre la salud y el bienestar infantil y garantizar la aplicación de estrategias específicas para proteger la salud, la seguridad y el futuro de los niños y niñas. Se necesitan acciones e inversiones específicas para generar datos a escala local, dar prioridad a las evaluaciones de vulnerabilidad centradas en la infancia, abordar las lagunas en la investigación y fomentar la colaboración entre múltiples partes interesadas para colmar las carencias en materia de conocimientos y acciones con respecto a los factores medioambientales que influyen en la salud infantil, un esfuerzo que debe incorporar la participación de niños, niñas y jóvenes.
La carga que supone legar a los niños un mundo más peligroso recae sobre los adultos, cuyas acciones e inacciones han contribuido significativamente al empeoramiento de la crisis climática. Centrar la acción climática en la protección de la salud de la infancia es la clave de un futuro más esperanzador y sostenible para la humanidad. Por lo tanto, estas recomendaciones describen los resultados que se esperan de las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático y de las responsabilidades que conllevan. Al fin y al cabo, la verdadera medida del éxito o el fracaso a la hora de abordar el cambio climático no reside únicamente en las mediciones de la temperatura, sino en la reducción tangible de la mortalidad y la morbilidad infantiles atribuibles a sus efectos.