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Superar las desigualdades y enderezar el rumbo para acabar con el sida de aquí a 2030 - Informe del Secretario General (A/75/836)

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Septuagésimo quinto período de sesiones
Tema 10 del programa
Aplicación de la Declaración de Compromiso en la Lucha contra el VIH/Sida y las declaraciones políticas sobre el VIH/sida

Resumen

Este informe, presentado de conformidad con la resolución 70/266 de la Asamblea General, documenta los progresos realizados en el cumplimiento de los compromisos asumidos en la Declaración Política sobre el VIH y el Sida: En la Vía Rápida para Acelerar la Lucha contra el VIH y Poner Fin a la Epidemia del Sida para 2030. En algunos lugares y grupos de población se ha trabajado intensamente y se ha avanzado en la lucha contra el VIH, mientras que la pasividad en otros lugares ha permitido que la epidemia del VIH se expanda y que las muertes aumenten. Seis años después de que la Asamblea General se fijara el ambicioso objetivo mundial para erradicar el sida en 2030, ese impulso está perdiendo fuelle. No se cumplieron las metas mundiales para 2020 acordadas en 2016 en la Declaración Política sobre el VIH y el Sida: En la Vía Rápida para Acelerar la Lucha contra el VIH y Poner Fin a la Epidemia del Sida para 2030. El marcado contraste de los éxitos cosechados en ciertos ámbitos y los fracasos registrados en otros confirma que el VIH sigue siendo una pandemia de desigualdades. Para retomar la senda será necesario tomar medidas urgentes y transformadoras para reducir y acabar con las desigualdades, así como aumentar la inversión nacional e internacional en el VIH, la salud, la protección social, las respuestas humanitarias y los sistemas de control y preparación ante una pandemia. Se anima a los Estados Miembros y a todas las partes interesadas a que apliquen las recomendaciones del presente informe, incluido el conjunto completo de metas para 2025, con el fin de dar un nuevo impulso al progreso para erradicar el sida y lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible durante la década de acción para los Objetivos.

I. Introducción

  1. Hace 20 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas convocó por primera vez en su historia un período extraordinario de sesiones para responder a una pandemia que estaba ocasionando muerte y devastación a gran escala y superando l a capacidad de las comunidades y los sistemas sanitarios. El reto mundial del sida no tenía precedentes y la respuesta fue la solidaridad y la colaboración internacionales. Empleando un enfoque conjunto e innovador, las Naciones Unidas implicaron a todos los países y a las comunidades más afectadas en la toma de decisiones y la prestación de servicios. Los medicamentos y las tecnologías médicas que los países de ingreso alto habían empleado para salvar la vida de los pacientes empezaron a llegar a los países de ingreso bajo y mediano más afectados por el virus.

  2. Las muertes por causas relacionadas con el sida alcanzaron su máximo nivel en 2004, y desde entonces han disminuido en un 60 %. La cifra anual de infecciones nuevas por el VIH se ha reducido más de un tercio desde 2001, lo cual se explica en parte porque la transmisión del VIH de madres a hijos se ha reducido en un 68 %. La ciencia, la compasión y los enfoques basados en los derechos han ido reemplazando ininterrumpidamente la estigmatización y los comportamientos discriminatorios motivados por el miedo, el racismo, la homofobia y el negacionismo.

  3. Estos avances son un reflejo de cómo se han materializado los ideales que dieron lugar a la creación de las Naciones Unidas hace 75 años cuando la comunidad internacional actúa de forma solidaria contra cualquier amenaza mundial a la salud, el desarrollo y la seguridad. Se ha incorporado la acción internacional contra el VIH a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, una constatación de que la salud y el bienestar no solo dependen de los servicios sanitarios, sino también de la educación, los medios de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad de género, la implicación comunitaria y la formación de diversas alianzas. Un ejemplo de este enfoque es el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), que se basa en la experiencia y se financia con las cuotas de 11 copatrocinadores del sistema de las Naciones Unidas. Veinticinco años después de su fundación, ONUSIDA sigue perfeccionando su modelo único de acuerdo con la Agenda 2030 y las reformas del sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo.

  4. Pero queda mucho camino por recorrer. Aunque en algunos lugares y grupos de población se ha trabajado y avanzado considerablemente en la lucha contra el VIH, la pasividad en otros lugares ha permitido que la epidemia del VIH se propague y que la cifra de muertos siga aumentando. Preocupa especialmente la nula atención que reciben las necesidades de poblaciones clave, que siguen siendo marginadas y criminalizadas por su identidad de género, orientación sexual, medios de subsistencia, dependencias o, sencillamente, por vivir con el VIH. La desigualdad y la violencia de género aumentan especialmente el riesgo del VIH entre las mujeres y las adolescentes, sobre todo en entornos con una carga elevada. Los niños que viven con el VIH tienen muchas menos probabilidades de recibir tratamiento que los adultos, y sus resultados en términos de salud son peores porque los medicamentos pediátricos no son los más adecuados. La pandemia provocada por la enfermedad por coronavirus (COVID-19) ha aumentado enormemente la presión sobre la respuesta al VIH, los sistemas sanitarios y las personas que necesitan recibir servicios. Seis años después de que la Asamblea General se fijara el ambicioso objetivo de acabar con el sida en todo el mundo para 2030, ese impulso inicial está perdiendo fuelle. No se alcanzaron las metas mundiales para 2020 acordadas en 2016 y plasmadas en la Declaración Política sobre el VIH y el Sida: En la Vía Rápida para Acelerar la Lucha contra el VIH y Poner Fin a la Epidemia del Sida para 2030.

  5. El enorme contraste entre los éxitos cosechados en ciertos ámbitos y los fracasos registrados en otros demuestra que el VIH sigue siendo una pandemia vinculada a la desigualdad. La comunidad internacional del sida y ONUSIDA han tenido en cuenta las desigualdades al formular su nueva y audaz estrategia, con metas ambiciosas, detalladas y adaptadas para llegar a los más rezagados. La próxima reunión de alto nivel de la Asamblea General sobre el VIH y el sida, programada entre el 8 y el 10 de junio de 2021, es una oportunidad fundamental para promover esta estrategia, que prevé metas mundiales nuevas y ambiciosas para 2025. Para cumplir estas metas, será preciso tomar medidas urgentes y transformadoras para reducir las desigualdades y ponerles fin, además de aumentar la inversión nacional e internacional en el VIH, la salud, la protección social, las respuestas humanitarias, la preparación ante una pandemia y los sistemas de control.

  6. La respuesta mundial al sida se encuentra en una encrucijada, porque la pandemia de COVID-19 ha sacudido a la economía internacional y trastocado nuestra vida cotidiana. La pandemia de COVID-19 está sobrepasando incluso a los sistemas de salud más sofisticados, agravando la desigualdad y la violencia de género, amenazando la educación de toda una generación de jóvenes y dificultando la prevención y diagnóstico del VIH y el inicio del tratamiento contra el virus. Además, la pandemia de COVID-19 ha puesto de relieve la ágil respuesta al VIH y los numerosos efectos colaterales y positivos que ha tenido la inversión destinada al VIH en la salud y el desarrollo. La prestación de servicios a cargo de las comunidades, que se ensayó por primera vez para responder al VIH, está sirviendo para superar los extraordinarios obstáculos planteados por la pandemia de COVID-19.

  7. Algunos dirán que el mundo no puede permitirse acabar con el sida en los tiempos difíciles que corren. Fue precisamente ese enfoque miope lo que expuso al mundo de esta manera a la COVID-19. Ningún país puede permitirse ya el lujo de no invertir como corresponde en la preparación y la respuesta ante una pandemia. Los datos recabados y las lecciones aprendidas gracias a la respuesta al VIH revelan que, si se invierte poco y tarde, varios millones de personas más acabarán necesitando servicios, el riesgo y la incertidumbre aumentarán, y se incurrirá en más gastos de cara al futuro.

  8. Se anima a los Estados Miembros y todas las partes interesadas a aprobar las recomendaciones que figuran en el presente informe, incluidas todas y cada una de las metas previstas para 2025, y de este modo dar un nuevo impulso a la lucha contra el sida y lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible durante esta década de acción para los Objetivos.