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Sopesando los riesgos: Cierre y reapertura de las escuelas, durante el COVID-19 ¿Cuándo, por qué, y qué impacto tienen?

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Resumen

  • En un esfuerzo por impedir la transmisión del COVID-19, los gobiernos de todo el mundo han cerrado los centros educativos.
  • El cierre de las escuelas está teniendo un impacto negativo en el bienestar de los niños, niñas y jóvenes, y en algunos casos, podría no estar reduciendo efectivamente la transmisión.
  • La INEE y la Alianza solicitan a los tomadores de decisiones:
    • Considerar el impacto que tiene el cierre de las escuelas en la educación y protección de niños, niñas y jóvenes;
    • Sopesar estos impactos con una evaluación minuciosa sobre el impacto en la salud; y
    • Tomar decisiones bien fundadas y centradas en la niñez y adolescencia sobre cuándo y por qué volver a abrir los centros educativos.

1. EL DESAFÍO

“En realidad quedarse en casa no es difícil, de por sí, pero el confinamiento resulta estresante por sí mismo y no sabemos qué hacer.” (Conclusión de un grupo de trece niños, niñas y jóvenes entre 10 y 19 años en la India)

La pandemia mundial del COVID-19 ha afectado a millones de niños, niñas y jóvenes prácticamente en todos los países del mundo. En el punto álgido la pandemia, casi el 90 por ciento de los estudiantes se vieron afectados por el cierre de escuelas, universidades y otras instituciones (UNESCO, abril de 2020). Si bien el cierre de los centros educativos puede haber sido necesario para reducir la tasa de transmisión por COVID-19 en numerosos contextos, no siempre se ha considerado todo el impacto que dicho cierre podría tener en el bienestar los niños, niñas y jóvenes en el proceso de la toma de decisiones. Es necesario analizar diversos riesgos para la educación, la protección y la salud de los niños, niñas y jóvenes para decidir si vuelven a abrir las escuelas o permanecen cerrados. Este análisis de datos, especialmente a nivel local, es necesario a la hora de tomar las decisiones bien fundadas sobre cuándo y por qué volver a abrir las escuelas (UNICEF).

Numerosos artículos, documentos y recursos han resaltado el impacto que el COVID-19 ha tenido en el acceso a una educación y un aprendizaje de calidad debido a los cierres escolares generalizados (Colección de recursos de la INEE, GEC, UNESCO, 2020). Estos datos indican que la crisis del COVID-19 pone en peligro la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS4) y deja a los niños, niñas y jóvenes más marginados (especialmente aquellos que se encuentran en situaciones vulnerables) aún más rezagados que sus compañeros menos vulnerables. Antes de la crisis del COVID-19, a 258 millones de niños, niñas y jóvenes ya se les denegaba el derecho a recibir una educación de calidad; ahora millones más corren el riesgo de que se les niegue este derecho o que sea interrumpido (UNESCO, 2019). Esta pandemia también ha aumentado los riesgos de protección, incluyendo los relativos a diversas formas de violencia, abuso y explotación, poniendo los objetivos ODS 5.2, 5.3, 8.7 y 16.2 fuera del alcance.

Ahora que algunos países han sobrepasado el primer pico de la pandemia, los gobiernos están considerando la reapertura de los centros educativos y el modo de hacerlo. Resulta evidente que el acceso a una educación segura y de calidad constituye un factor de protección contra la violación de los derechos de los niños, niñas y jóvenes tal y como quedan definidos en la Convención sobre los Derechos de la Niñez. Y aun así, a fecha de junio de 2020 siguen vigentes los cierres escolares totales y parciales que afectan a más del 60 por ciento de los estudiantes de todo el mundo (UNESCO, 2020). En casi todos los países afectados por el COVID-19, la decisión de cerrar las escuelas (y que permanezcan cerrados) se ha basado únicamente en consideraciones de salud pública.

La toma de decisiones sobre cuándo y por qué volver a abrir las escuelas ha de ser más equilibrada. Debe incluir una evaluación de las consecuencias negativas que el cierre de las escuelas pueda haber tenido para el bienestar general de los niños, niñas y jóvenes. Tal y como sugirió recientemente Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF, en un artículo de opinión para la CNN, “Hay algo que está claro: resulta de vital importancia equilibrar los efectos abrumadoramente perjudiciales de los cierres escolares con la necesidad de controlar la expansión del COVID-19.”

Este documento de política está dirigido principalmente a los responsables políticos (ministerios de educación, protección social y salud, así como sus socios) y examina el impacto que los cierres escolares han tenido en el bienestar integral de los niños, niñas y jóvenes, específicamente en términos de educación, protección y salud. Se propone que el proceso de toma de decisiones con respecto al cierre/reapertura de los centros evalúe una variedad de riesgos y no sólo los riesgos para la salud. Con este fin, en este documento se plantean las siguientes preguntas fundamentales:

a) ¿Pueden los niños, niñas y jóvenes aprender de forma eficaz estando fuera de los centros educativos?
b) ¿Se protege mejor a los niños, niñas y jóvenes cuando están en las escuelas, o fuera de esta?
c) ¿Están la mayoría de los niños, niñas y jóvenes más seguros en cuanto a su salud en la escuela o fuera de ella?

El enfoque de este documento se basa en los principios de “no ocasionar daños” y “el interés superior del menor” (Convención sobre los Derechos de la Niñez, Artículo 3, 1989), que se han definido aún más en las Normas Mínimas para la Protección de la Niñez y Adolescencia en la acción humanitaria y las Normas Mínimas para la Educación de la INEE: preparación, respuesta, recuperación. En la Sección 2 se presenta un continuo de la toma de decisiones sobre la reapertura escolar que resalta la postura de este documento con respecto a la orientación disponible sobre cómo podrían reabrir las escuelas de forma segura.

Tanto el diagrama y las consideraciones que se exponen en la Sección 2 como las preguntas de muestra de la Sección 3 están diseñados para respaldar un proceso integral y localizado para el debate y la toma de decisiones sobre cuándo y por qué volver a abrir las escuelas o cerrarlos/mantenerlos cerrados. Estas deberán adaptarse e incorporarse en función del contexto nacional y/o local.

La herramienta de toma de decisiones que se da como ejemplo en la Sección 4 no es más que un enfoque que podría ayudar a alcanzar una decisión contextualizada y basada en el ámbito local. El proceso es complejo y debe considerar cuidadosamente los aspectos relacionadas con la educación, la protección de la niñez y la infancia y la salud para evaluar los riesgos de la reapertura de los centros educativos o de mantenerlos cerrados.

En el caso de que se decida reabrir las escuelas, se deberán seguir una serie de directrices sobre cómo llevar a cabo la reapertura de forma segura.