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Pueblos unidos por la soberanía alimentaria

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Rocío Alorda

Movimientos sociales demandan políticas públicas que fortalezcan la alimentación como un derecho. Hace dos años se fundó en Buenos Aires, Argentina, la Alianza para la Soberanía Alimentaria de los Pueblos de América Latina y el Caribe, instancia que nació para profundizar la acumulación de fuerzas desde movimientos y organizaciones campesinas, indígenas, pescadores artesanales, trabajadores rurales, mujeres, jóvenes y ambientalistas para la defensa de la soberanía alimentaria. Participan organizaciones y redes como la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo-La Vía Campesina, el Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe, la Marcha Mundial de las Mujeres, el Foro Mundial de Pescadores y Trabajadores de la Pesca, Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe, entre otros.

La Alianza se ha configurado como un espacio de convergencia de los movimientos y organizaciones sociales que buscan la articulación en la construcción y defensa de la soberanía alimentaria, como elemento clave en la construcción de un nuevo modelo de sociedad con identidad, buen vivir y soberanía.

Tal como explica Francisca Rodríguez, dirigenta de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI), la soberanía alimentaria es una propuesta política que aboga por la autodeterminación de los pueblos a decidir qué alimentos van a producir, de qué forma, para qué mercados, bajo qué condiciones. Este concepto se discutió y definió por primera vez en la II Conferencia Internacional de la Vía Campesina en México en 1996, como una reacción a las políticas neoliberales y la pérdida de derechos vinculados con el territorio y la tierra.

La Alianza organizó la IV Conferencia Especial para la Soberanía Alimentaria, que se realizó el 2 y 3 de mayo en Santiago de Chile, y que reunió a más de 60 delegados de movimientos organizados de los sectores campesinos, indígenas, agroecológicos, de asalariadas, pescadoras, de mujeres, para analizar lo que han sido los 10 años del “Derecho a la Alimentación” establecido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y sus alcances frente a la realidad actual de América Latina y El Caribe.

Uno de los temas que la IV Conferencia abordó fue la evolución del Derecho Humano a la Alimentación Adecuada, fortalecido con la aprobación en el 2004 de las directrices voluntarias del derecho a la alimentación —orientación práctica a los Estados respecto de sus esfuerzos por lograr la realización progresiva del derecho a una alimentación adecuada en el contexto de la seguridad alimentaria nacional. Para tener una mirada global respecto a los 10 años del derecho a la alimentación, Natalia Landívar, de FIAN Internacional, organización defensora del derecho a una alimentación adecuada, destacó cómo las directrices no se han abordado completamente, quedando aún grandes desafíos.

Dentro del balance del compromiso real de implementar las directrices a nivel regional, Landívar destacó que estas han resultado un instrumento “muy débil para ser incluidas como guías para contribuir a la implementación del derecho humano a la alimentación en las tomas de decisión a nivel nacional, en la FAO y en otras instituciones regionales importantes. Pese a ser un documento consensuado dentro de la FAO, las directrices no son tomadas como referencia para este tipo de evaluaciones en los informes de la FAO sobre seguridad alimentaria y nutricional; más aún, no se hace mención en ninguna parte del documento”.

Enfoque de género

En el marco de la IV Conferencia se llevó a cabo la reunión de delegadas en torno a la agenda de género y soberanía alimentaria, en la que las representantes de las organizaciones parte de la Alianza identificaron los principales desafíos que viven las mujeres al momento de resguardar el derecho a la alimentación.

Mafalda Galdames, coordinadora en Chile de la Marcha Mundial de las Mujeres, destacó que en América Latina y el Caribe la producción de alimentos la constituye principalmente la agricultura familiar que está sostenida principalmente por mujeres, por tanto son “ellas las responsables del desarrollo de una economía sustentable y ética que salvaguarda las semillas nativas y la biodiversidad”.

Dentro de las dificultades indicadas por las mujeres en la defensa de la soberanía alimentaria están los problemas de acceso a la tierra, la privatización de los bienes naturales y la falta de apoyo estatal. Por eso señalaron la necesidad de seguir fortaleciendo estrategias de soberanías populares para ampliar esta discusión con los distintos sectores y así reforzar la articulación campo-ciudad.

Este espacio de discusión y presentación de propuestas desde los movimientos sociales que conforman la Alianza se llevó a cabo antes de la realización de la 33ª Conferencia Regional de la FAO del 6 al 9 de mayo en la capital chilena.

De igual forma, días antes de la conferencia de la FAO, el 4 y 5 de mayo, se llevó a cabo la Consulta de la Sociedad Civil hacia la Conferencia de la FAO, en la que representantes de 52 organizaciones de 19 países de la región reafirmaron su compromiso con la lucha por la soberanía alimentaria para erradicar el hambre y la pobreza, y que el alimento es un derecho básico y no una mercancía.

En la declaración final las organizaciones hicieron un llamado a la FAO para “marcar un cambio en el abordaje de la producción de alimentos saludables en América Latina y el Caribe”.

Las propuestas de los movimientos sociales se centraron en exigir a “los Estados y gobiernos que reconozcan y demarquen los territorios indígenas, donde puedan ejercer la protección a los bienes naturales”, así como la necesidad urgente de que los gobiernos implementen una reforma agraria integral. Asimismo, invocaron a la FAO “priorizar la promoción e implementación de políticas públicas que fortalezcan la soberanía alimentaria de los pueblos como camino clave para erradicar el hambre”; y solicitaron a los gobiernos renovar su compromiso de implementación de las Directrices del Derecho a la Alimentación a 10 años de su aprobación, entre otros puntos.

“Somos parte de la solución. Nuestro compromiso es contribuir a erradicar el hambre y la pobreza, construyendo la soberanía alimentaria de los pueblos”, concluyeron

La alimentación como un derecho

La principal preocupación del movimiento campesino es el resguardo de la alimentación como un derecho de los pueblos y no como un negocio en manos de empresas transnacionales. Así lo explicó Rodríguez —integrante de la delegación de organizaciones sociales en la conferencia de la FAO—, quien señaló la dura realidad que vive el mundo campesino quien lucha por defender sus bienes naturales.

Frente a representantes de la FAO, Rodríguez dijo que la soberanía alimentaria es un camino que desde los movimientos sociales se busca impulsar al interior de los países y de las organizaciones internacionales.

“Queremos que los países de la región y del mundo, asuman lo que estamos discutiendo los movimientos: no pueden existir trampolines para las grandes empresas, [los gobiernos] no pueden abrir el camino para el acaparamiento de tierras ni para una alimentación considerada como negocio”, dijo.

Si bien el panorama actual de precarización de las condiciones de vida en el campo preocupa al movimiento campesino, han existido avances desde el momento en que se planteó la soberanía alimentaria como un derecho de los pueblos a producir sus alimentos. A criterio de Rodríguez, no puede haber seguridad alimentaria si no hay soberanía alimentaria, por lo que “debemos ser capaces de poder impulsar este debate en nuestros países y con nuestros gobiernos”.

Respecto a las metas, la vocera de la alianza fue clara: “En dos años más, en la próxima conferencia, tenemos que estar hablando de resultados desde lo que está en movimiento en la FAO y en los gobiernos, y de los cambios que hemos sido capaces de producir en el interior de los países y lo que hemos sido capaces de recuperar. Es un reto que tenemos que compartirlo pero para eso necesitamos estímulos de modo que una vez establecido eso, nos sentemos en la mesa, hagamos una agenda, podamos entregarle responsabilidad a nuestras organizaciones en cada uno de los países para replicar esta estrategia que conjuntamente vamos a construir. En ese momento la FAO estará cumpliendo con el papel para lo que fue constituida”. —Noticias Aliadas.