Aún no han terminado: Las consecuencias de El Niño sobre los niños

Report
from UN Children's Fund
Published on 11 Jul 2016 View Original

Un rastro de devastación

El Niño, el grave fenómeno meteorológico de 2015 y 2016, ha llegado a su fin, pero sus devastadoras consecuencias, especialmente sobre los niños, están lejos de terminar. En África oriental y meridional, las zonas más afectadas, hay 26,5 millones de niños que necesitan ayuda, incluyendo a más de 1 millón que precisan este año tratamiento contra la desnutrición grave aguda.
Estas cifras alarmantes podrían incluso aumentar aún más como resultado de las sequías y las enfermedades generadas por este poderoso fenómeno meteorológico.

Por otra parte, los analistas creen que hay una gran posibilidad de que La Niña –el fenómeno inverso de El Niño– comience su actividad en algún momento de 2016. La Niña podría traer una situación climática más extrema y causar mucho sufrimiento, sobre todo en las mismas zonas que intentan recuperarse de los estragos causados por El Niño.

El más reciente fenómeno de El Niño ha sido uno de los más graves que se han registrado hasta la fecha, ya que ha causado el mayor aumento de las temperaturas mundiales en más de 130 años, ha obligado a miles de personas a huir de sus tierras abrasadas o inundadas, ha provocado pérdidas importantes de cultivos y un aumentos en los precios de los alimentos, ha afectado el abastecimiento de agua y ha dejado millones de personas en una situación de inseguridad alimentaria. El último ciclo, que comenzó en marzo de 2015, golpeó más duramente a algunos de los países más pobres del mundo, y los niños se encontraron entre los más afectados.

El fenómeno causó una grave sequía en África meridional y en el Cuerno de África, así como en América central y en algunas zonas del Caribe, Asia y el Pacífico; también generó inundaciones en partes de África oriental y América del sur; y fue responsable de un aumento de los incendios forestales en el sudeste asiático.
En muchos países, los recursos, que ya eran escasos, han llegado a su límite. A menos que se envíe más ayuda que incluya un urgente apoyo nutricional para los niños pequeños, la situación podría socavar varias décadas de progreso en favor del desarrollo.

Los niños son los que más sufren

Los niños que viven en las zonas más afectadas están pasando hambre ahora mismo. Su futuro se encuentra también en peligro, debido a que el clima extremo ha interrumpido su escolaridad, ha aumentado las enfermedades y la desnutrición, y ha desposeído a las familias de sus medios de subsistencia.

En las zonas afectadas por la sequía, algunos niños siguen sin ir a clase porque tienen que buscar agua a través de largas distancias, o se han trasladado con sus familias después de haber perdido cultivos y ganado. No acudir a la escuela suele agravar el riesgo que sufre el niño de ser víctima del abuso y la explotación y, en algunas zonas, del matrimonio infantil.

La desnutrición entre los niños menores de 5 años ha aumentado de forma alarmante en muchas de las zonas afectadas, debido a que las familias que ya vivían una existencia precaria tuvieron que recurrir a mecanismos drásticos para superar la situación, como por ejemplo prescindir de determinadas comidas o vender sus activos.

La desnutrición a una temprana edad puede tener efectos a largo plazo, entre ellos un aumento del riesgo de padecer enfermedades, retraso del desarrollo mental o muerte prematura, y puede transmitirse a la siguiente generación. Las niñas mal nutridas tienen más posibilidades de convertirse en madres mal nutridas, con mayor propensión a dar luz a bebés con bajo peso al nacer.

Los cambios en la temperatura y el aumento de la humedad y de las precipitaciones, agravados por el impacto de El Niño sobre el agua, el saneamiento y la higiene, se han relacionado con el incremento de enfermedades como el dengue, la diarrea y el cólera, que son las principales causas de mortalidad infantil. En América del Sur, y especialmente en Brasil, El Niño ha creado unas condiciones favorables para la reproducción del mosquito Aedes, que puede transmitir el virus del Zika, así como el dengue, la fiebre amarilla y la chikungunya.