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Mensaje de Angelina Jolie, Enviada Especial de ACNUR, en el marco del Día Mundial del Refugiado

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CAMPAMENTO DE GOUDOUBO, Burkina Faso – Me llena de humildad estar en Burkina Faso y presenciar la gracia de las personas que he conocido aquí.

Vine para mostrar mi solidaridad hacia la población burkinesa, quien, a pesar de los terribles ataques y retos que enfrenta, no ha dejado de darle la bienvenida a sus hermanas y hermanos desplazados; mientras tanto, otros países con más recursos han cerrado sus puertas y sus corazones a las personas refugiadas.

Agradezco que me permitan estar aquí. Me honra y me llena de gratitud estar con ustedes. Admiro su valentía y su fortaleza.

Hoy es el Día Mundial del Refugiado.

En los últimos veinte años, he pasado este día con personas refugiadas en distintos países.

Nunca me había consternado tanto la situación del desplazamiento a nivel mundial como hoy.

“No nos encontramos en un punto de quiebre, sino que esto ya está roto”.

Hay 82 millones de personas desplazadas en todo el mundo; es decir, el doble de lo que había hace una década.

Una de cada 95 personas (es decir, 1% de la población mundial) ha sido desplazada, y las cifras van en aumento.

Debemos despertar y darnos cuenta del rumbo que hemos tomado a nivel mundial, con tantos conflictos y la posibilidad de que decenas de personas – si no es que cientos de millones – tendrán que abandonar su hogar para siempre debido al cambio climático.

No nos encontramos en un punto de quiebre, sino que esto ya está roto.

La manera en la que la comunidad internacional ha tratado de manejar los conflictos y la inseguridad es inservible, errática e inequitativa; se basa en privilegios heredados; depende de la voluntad de los líderes políticos; y gira en torno a los intereses de los países más poderosos (incluido el mío), a costa del resto.

“Elegimos qué conflictos merecen nuestra atención y por cuánto tiempo”.

Los crímenes que se cometen en contra de mujeres, niñas y niños en Burkina Faso, Yemen Myanmar o Etiopía, por ejemplo, parecen no bastar para desestabilizar los cimientos del orden mundial, lo cual sí ocurriría si estos crímenes se cometieran en otras partes del mundo.

He visto las condiciones en las que viven las personas refugiadas a nivel mundial (pasan hambre y sufrimiento, se enfrentan a la inseguridad y a la falta de ayuda, ya no digamos de justicia) porque decidimos qué conflictos merecen nuestra atención y por cuánto tiempo, porque los gobiernos pueden fingir demencia ante los abusos cuando les resulta conveniente y porque, como ciudadanía, sentimos que no tenemos el poder de generar ningún cambio.

Algunos líderes esperan que creamos que no les es posible cuidar de su propia ciudadanía, lo cual les impide ayudar a las personas refugiadas; de hecho, sugieren que, si bien la gran mayoría de estas personas han sido acogidas por países en el sur global, a los países ricos, como el nuestro, se les ha pedido hacer demasiado, así que existe una justificación para emprender aún menos acciones. Otros líderes nos dicen que el desplazamiento de personas a causa de desastres climáticos o de inseguridad alimentaria no tiene ninguna relación con nuestros países ni con las acciones o decisiones que han tomado por generaciones.

Todos estos argumentos se evaporan aquí, en Burkina Faso.

“No hay otro lugar en el planeta donde preferiría estar hoy”.

En realidad, no estamos haciendo ni la mitad de lo que podríamos y deberíamos hacer para encontrar soluciones que permitan que las personas refugiadas regresen a su hogar, o bien, para apoyar a los países de acogida, como Burkina Faso, los cuales han enfrentado la situación durante años con una fracción de la ayuda humanitaria que se requiere para brindar apoyo y protección.

La carga recae sobre las personas desplazadas, a quienes han despojado de derechos y oportunidades.

La niñez (es decir, decenas de millones de niñas y niños desplazados) deben soportar la carga, tanto como las poblaciones de países como Burkina Faso y otras naciones en vías de desarrollo.

La situación hace patente la humanidad y la decencia que hay en el mundo. Del mismo modo, pone de manifiesto la fortaleza y la resiliencia de manera clara y contundente. Eso no ocurre en las relucientes capitales, sino en lugares como este.

No hay otro lugar en el planeta donde preferiría estar hoy, junto con las personas refugiadas, que son las que más admiro en el mundo.

Gracias por permitirme estar con ustedes el día de hoy, en el Día Mundial del Refugiado.