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Memoria del Secretario General sobre la labor de la Organización (2020)

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Introducción

António Guterres, Secretario General

En 1945 se reunieron en San Francisco dirigentes de todo el planeta para firmar la Carta de las Naciones Unidas y así nació una Organización que fue un rayo de esperanza cuando la humanidad trataba de dejar atrás los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Para nuestros fundadores era obvio qué tipo de mundo deseaba n desterrar como un mal recuerdo del pasado.

En 2020, las Naciones Unidas celebran los 75 años de la firma de la Carta, aniversario que nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre los progresos que hemos conseguido juntos y sobre nuestro futuro en común. Nuestros ideales y valores—basados en la igualdad, el respeto mutuo y la cooperación internacional— nos ayudaron a evitar una tercera guerra mundial cuyas consecuencias habrían sido catastróficas para la vida en el planeta. Durante 75 años hemos forjado productivas relaciones de cooperación para resolver problemas a nivel global y procurar el bien común, hemos establecido normas y acuerdos fundamentales que codifican y protegen los derechos humanos, fijado ambiciosos objetivos de desarrollo sostenible y trazado el rumbo hacia una relación más equilibrada con el clima y la naturaleza. Miles de millones de personas se han liberado del yugo del colonialismo y millones han logrado salir de la pobreza.

Actualmente, las Naciones Unidas contribuyen a salvar millones de vidas cada año, día tras día, a toda hora y en todo el mundo. Los hombres y mujeres de la Organización prestan asistencia a 80 millones de refugiados y desplazados y ayudan a más de 2 millones de mujeres y niñas a superar las complicaciones del embarazo y el parto. Más de 40 misiones políticas y operaciones de mantenimiento de la paz con 95.000 efectivos militares, policías y personal civil se esfuerzan por alcanzar y mantener la paz y proteger a la población civil. Todos los años prestamos asistencia electoral a 60 países y ayuda a 40.000 víctimas de la tortura, y unas 7.500 misiones de vigilancia tratan de proteger los derechos humanos, dar a conocer las violaciones y obligar a los autores a rendir cuentas.

Sin embargo, estos esfuerzos no han bastado para frenar los embates del miedo, el odio, las desigualdades, la pobreza y la injusticia. Por si no fuera poco, a principios de 2020 surgió un virus microscópico que nos doblegó: el causante de la pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19), que ha hecho pagar un terrible precio a personas, comunidades y sociedades, afectando de manera desproporcionada a los más vulnerables.

La pandemia ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestro mundo, sacando a la luz riesgos a los que llevábamos décadas sin prestar atención: la existencia de sistemas de salud inadecuados, lagunas en la protección social y desigualdades estructurales, la degradación ambiental y la crisis climática.

Todo el sistema de organizaciones de las Naciones Unidas se movilizó de inmediato para liderar la respuesta sanitaria a nivel mundial, mantener y aumentar la prestación de asistencia humanitaria vital, establecer instrumentos que permitieran responder con rapidez al impacto socioeconómico y formular una amplia agenda de políticas para ayudar a las comunidades y regiones más vulnerables1 . Aun así, los objetivos fundamentales de la Carta —paz, justicia, derechos humanos y desarrollo— han sufrido un profundo revés que quizá tardemos mucho tiempo en superar.