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Los trabajadores de la salud salvan vidas: repudio por los ataques relacionados con la COVID-19

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Los trabajadores de la salud salvan vidas: es primordial velar por la seguridad y protección de los trabajadores y de la infraestructura de salud durante esta pandemia. Para hacer llegar este mensaje, una comunidad de interés conformada por 13 organizaciones mundiales médicas y humanitarias que representan a más de 30 millones de profesionales de la salud ha emitido una declaración en la que condena el aumento de los incidentes de ataques contra los trabajadores y las instalaciones de salud.

La comunidad, que abarca a miembros de más de 120 países, señala más de 200 incidentes de ataques relacionados con la COVID-19, una tendencia que pone en peligro a estos socorristas vitales de la línea del frente y a las comunidades a las que asisten.

El hecho de procurar que los trabajadores de la salud estén seguros y puedan desempeñar sus tareas es crucial para su protección y, de hecho, para lograr la atención constante de las personas afectadas por la enfermedad, y para salvar vidas. El personal de la salud está, por definición, expuesto al virus en su actividad vital, y no debe ser estigmatizado por ello.

Declaración de la comunidad de interés de "Asistencia de salud en peligro" acerca de la actual situación de violencia contra la asistencia de salud

En primer lugar, deseamos expresar nuestro más sincero apoyo a todos los trabajadores de la salud que responden a la pandemia de COVID-19, así como también a quienes trabajan sin descanso en tantas otras áreas de la asistencia de salud. Los trabajadores y las instalaciones de salud, al igual que los vehículos sanitarios, nunca deben ser objeto de violencia. Instamos a los gobiernos, las comunidades y los portadores de armas a que respeten y protejan la asistencia de salud en todo momento, así como a que contribuyan a crear un entorno de protección en el cual se pueda prestar asistencia de salud de manera segura.

Lamentablemente, la triste realidad indica que, durante mucho tiempo, los trabajadores de la salud han sido objeto de numerosas formas de violencia impactantes. Las recientes demostraciones de apoyo público a los socorristas de COVID-19 son reconfortantes; no obstante, muchos de ellos sufren acoso, estigmatización y violencia física. Incluso, algunos profesionales de la salud y las personas a quienes atendían han sido asesinados. Desde el comienzo de la pandemia, se han registrado al menos 208 informes de estos incidentes, que se suman, día tras día, a nuevas historias de intimidación y de daño.

No se debe tolerar la violencia contra la asistencia de salud. Nos oponemos firmemente a esta violencia y, como comunidad mundial, trabajamos para construir un mundo donde los trabajadores de la salud y los pacientes estén seguros y sean respetados. Instamos a todas las personas que lean este mensaje a que, junto con nosotros, protejan de la violencia a la asistencia de salud. Este llamamiento no va dirigido solo a las personas: instamos a todos los gobiernos a actuar contra la desinformación y a garantizar que la asistencia de salud reciba protección por medio de la legislación nacional, que todos los profesionales de la salud tengan un entorno de trabajo seguro y que se ofrezca apoyo en materia de salud mental no solo a las víctimas de violencia, sino también a las personas que trabajan bajo niveles de estrés cada vez más altos.

Si bien las comunidades de todo el mundo reconocen el papel crucial que desempeña el personal sanitario en la línea del frente de la respuesta, al mismo tiempo, existe evidencia preocupante respecto de un aumento de patrones específicos de violencia contra la asistencia de salud vinculados con la respuesta en materia de COVID-19. El personal de salud suele trabajar con familias y comunidades en situación de máxima vulnerabilidad, y puede sufrir las consecuencias de su dolor y angustia: acoso, estigmatización y ostracismo contra profesionales sanitarios y pacientes, así como ataques directos contra centros de cuarentena y tratamiento debido a la resistencia de la comunidad (v. los ejemplos a continuación).

Los trabajadores de la salud necesitan solidaridad, no estigmas. Lamentablemente para algunos trabajadores de la salud, su labor en la línea del frente en respuesta a la COVID-19 puede dar lugar a que sus familias y comunidades los eviten o rechacen, por el creciente estrés y el miedo al contagio. Es importante que los trabajadores sanitarios se mantengan en contacto con sus seres queridos y reciban el apoyo que necesitan mientras desempeñan esta labor vital. Pueden recurrir a sus colegas ya que pueden estar viviendo experiencias similares.

Los trabajadores de la salud afrontan dificultades singulares durante esta pandemia, trabajan en circunstancias extraordinarias, probablemente se sientan bajo presión y estrés, y, en muchos casos, preocupados acerca de la posibilidad de transmitir la enfermedad a sus familiares. En este contexto, la disponibilidad de equipos de protección personal (EPP) eficaces para los trabajadores de la salud es absolutamente fundamental. Contribuyen a evitar que el personal se infecte –algo que supone un mayor riesgo de estigmatización–, así como a proteger a sus familiares.

Existe una mayor presión sobre el personal de asistencia de salud que trabaja en sistemas de salud frágiles. En algunos contextos donde trabajamos, la pandemia ejerce una presión adicional sobre los trabajadores de la salud y sobre los sistemas que ya están bajo presión por los conflictos o por la falta de inversión. Por ejemplo, las tasas de infección del personal sanitario alcanzan el 14% del total de infecciones confirmadas en contextos donde los sistemas de asistencia de salud funcionan razonablemente bien. Este porcentaje podría ser mucho más elevado cuando la pandemia afecta a la población atendida por un sistema de asistencia de salud que ya se encuentra bajo presión por los conflictos o por la falta de inversión de larga data.

Si bien la violencia contra la asistencia de salud en el contexto de COVID-19 está en aumento, siguen produciéndose también ataques que no parecen estar relacionados con la pandemia. El CICR condena enérgicamente los recientes ataques contra instalaciones sanitarias, personal de salud y pacientes en Kabul y Darfur. Se debe proteger en todo momento la prestación de asistencia de salud.

Esta semana, Peter Maurer sumó su nombre a una lista de más de 40 líderes mundiales que llaman a los gobiernos del mundo a que tomen medidas decisivas e inmediatas para prevenir y poner fin a la amenaza adicional de los ataques cibernéticos dirigidos contra hospitales, estructuras sanitarias, institutos de investigación y autoridades internacionales que están prestando cuidados críticos y brindando orientación en medio de la actual pandemia de COVID-19.

Signatarios:

  • Robert Mardini, director general, Comité Internacional de la Cruz Roja
  • Jagan Chapagain, secretario general, Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
  • Christina Wille, directora, Insecurity Insight
  • General de división Geert Laire, secretario general, Comité Internacional de Medicina Militar
  • Annette Kennedy, presidente, Consejo Internacional de Enfermeras
  • Eric de Roodenbeke, director ejecutivo, Federación Internacional de Hospitales
  • Tammy Yu, oficial de enlace para asuntos de derechos humanos y paz, Federación Internacional de Asociaciones de Estudiantes de Medicina
  • Philippe de Botton, presidente, Médicos del Mundo
  • Donna McKay, directora ejecutiva, Médicos en pro de los Derechos Humanos
  • Leonard Rubenstein, presidente, Coalición para Proteger la Salud en Situaciones de Conflicto
  • Emma K. Stokes, presidente, Confederación Mundial de Fisioterapia
  • David Gordon, presidente, Federación Mundial de Educación Médica
  • Frank Ulrich Montgomery, presidente del Consejo, Asociación Médica Mundial