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Informe de la Nutrición Mundial 2017: Alimentar los ODS

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Resumen

1. El mundo se enfrenta a una situación nutricional grave, pero los Objetivos de Desarrollo Sostenible ofrecen una oportunidad sin precedentes para cambiarla.

Un mundo mejor alimentado es un mundo mejor. Sin embargo, a pesar de que en los últimos decenios se han tomado medidas de calado para mejorar la nutrición y las cargas de salud conexas, el Informe de la Nutrición Mundial de este año muestra la gran escala y el carácter universal del problema que la nutrición plantea. La comunidad mundial lidia con múltiples cargas de la malnutrición. Nuestro análisis demuestra que el 88% de los países sobre los que disponemos de datos soportan la pesada carga de 2 o 3 formas de malnutrición (retraso del crecimiento en la infancia, anemia en las mujeres en edad reproductiva o sobrepeso en las mujeres adultas).

Aunque el número de menores de cinco años que sufren subalimentación crónica o aguda (retraso del crecimiento y emaciación) ha disminuido en numerosos países, nuestro seguimiento de los datos indica que los avances mundiales en la reducción de esas formas de malnutrición no son lo bastante rápidos para alcanzar las metas de nutrición acordadas internacionalmente, entre ellas la meta 2.2 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, consistente en poner fin a todas las formas de malnutrición de aquí a 2030. Las estadísticas sobre el hambre siguen la dirección equivocada: hoy, 815 millones de personas se acuestan con hambre, cuando en 2015 eran 777 millones. La realidad de las hambrunas que asolan el mundo conlleva que alcanzar esas metas, sobre todo en relación con la emaciación, resulte todavía más complicado. De hecho, se calcula que 38 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria grave en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y el Yemen, mientras que Etiopía y Kenya padecen sequías importantes. Ningún país se halla en vías de cumplir las metas de reducción de la anemia en las mujeres en edad reproductiva, y en realidad el número de mujeres que sufren anemia ha aumentado desde 2012. La lactancia materna exclusiva de los niños de 0 a 5 meses ha aumentado mínimamente, pero los progresos son demasiado lentos (un 2% sobre los valores de referencia). Además, prosigue el auge inexorable del número de niños y adultos con sobrepeso y obesidad. La probabilidad de alcanzar las metas acordadas internacionalmente para frenar el alza de la obesidad y la diabetes de aquí a 2025 es inferior al 1%.

Demasiadas personas se están quedando al margen de los beneficios de la mejora de la nutrición. Curiosamente, si observamos el contexto más amplio, la oportunidad de cambio nunca ha sido mayor. Los ODS, aprobados en 2015 por 193 países, representan una ventana de oportunidad magnífica para dar la vuelta a la situación o poner freno a esas tendencias. Su propósito es “transformar nuestro mundo”. Se han efectuado muchas declaraciones del mismo tipo en el pasado, por ende ¿qué es lo que hace que los ODS sean diferentes? La promesa puede resumirse en dos palabras: universal —para todos, en todos los países— e integrada —por todos, unidos en pos de los objetivos—, con consecuencias prácticas de gran calado en lo que hacemos y cómo lo hacemos.

En primer lugar, implica hacer hincapié en las desigualdades en los países de ingresos bajos, medianos y altos, y entre ellos, para que todas las personas cuenten y se beneficien de los progresos. En segundo lugar, significa que la época en que los problemas se afrontaban de manera aislada ha llegado a su fin. Si queremos transformar nuestro mundo, para todos, debemos dejar de actuar en compartimentos estancos y recordar que las personas no viven de esa manera.

Sabemos desde hace tiempo que las iniciativas que se circunscriben al “sector de la nutrición” tienen un alcance limitado. Por ejemplo, las 10 intervenciones que combaten directamente el retraso del crecimiento solo lo reducirían en un 20% a escala mundial. Los ODS lo expresan de manera clara y contundente: debemos lograr múltiples objetivos mediante la acción conjunta. La nutrición es uno de los elementos de esa acción conjunta. Es necesario actuar en favor de la nutrición para lograr los ODS, y, a su vez, actuar en aras de la consecución de los ODS es necesario para hacer frente a las causas de la malnutrición. Si somos capaces de colaborar para establecer vínculos en el sistema de los ODS, conseguiremos que el Decenio de Acción sobre la Nutrición 2016-2025, declarado por las Naciones Unidas, se convierta en un “decenio de efectos transformadores”.