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Informe anual de la Representante Especial del Secretario General sobre la Violencia contra los Niños (A/HRC/49/57)

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Consejo de Derechos Humanos
49º período de sesiones
28 de febrero a 1 de abril de 2022
Tema 3 de la agenda
Promoción y protección de todos los derechos humanos,
civiles, políticos, económicos, sociales y culturales,
incluido el derecho al desarrollo

Resumen

En este informe, presentado en cumplimiento de la resolución 74/133 de la Asamblea General, la Representante Especial del Secretario General sobre la Violencia contra los Niños, Najat Maalla M’jid, resume los efectos perjudiciales que los dos años de pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19) han tenido en la protección de los niños y en su bienestar. A partir de los datos disponible, en el informe se argumenta a favor de invertir en el refuerzo y la integración de los servicios para los niños y sus cuidadores, destacando el papel clave de los niños como agentes de cambio. A partir de las lecciones aprendidas de la pandemia y de otras crisis actuales, como los conflictos, el cambio climático y los desastres naturales, en el informe se describe el carácter esencial de esos servicios integrados para la efectividad del derecho de los niños a vivir libres de violencia y para acelerar la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La inversión en este ámbito genera rendimientos elevados para los niños, las familias y la sociedad en general, y allana el camino hacia unas sociedades más sostenibles, justas, inclusivas y resilientes, tanto durante como después de la recuperación de la pandemia.

I. Introducción

1. En el presente informe, la Representante Especial del Secretario General sobre la Violencia contra los Niños pasa revista a las actividades que ha emprendido a nivel mundial, regional y nacional para cumplir su mandato y resume los resultados alcanzados. En él se pone de relieve el modo en que la violencia contra los niños ha aumentado, al tiempo que se ha hecho menos visible, durante la pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19) y se explica por qué invertir en el refuerzo y la integración de los servicios para la infancia resulta esencial para hacer realidad la visión de la Convención sobre los Derechos del Niño y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

2. Existen indicios sólidos de que la violencia contra los niños en el hogar, la comunidad y en línea ha aumentado durante los dos años de pandemia, y hay datos que apuntan a que ello ha ido asociado a un aumento de la violencia de género. El fuerte impacto socioeconómico de la enfermedad ha acrecentado los riesgos de trabajo infantil, explotación sexual infantil, trata y tráfico de niños, matrimonio infantil y reclutamiento de niños en bandas criminales y grupos armados. Además, las crisis en curso generadas por los conflictos, la inseguridad alimentaria, el cambio climático, los desastres naturales y la inestabilidad política siguen exponiendo a los niños a múltiples formas de violencia.

3. Los datos muestran que aproximadamente la mitad de los niños del mundo se ven expuestos a la violencia cada año, incluso desde antes de la aparición de la COVID-19. Cerca de 300 millones de niños de entre 2 y 4 años padecen habitualmente formas de disciplina violentas a manos de sus cuidadores. Un tercio de los alumnos de entre 11 y 15 años de todo el mundo han sido acosados por sus compañeros en el último mes y se estima que unos 120 millones de niñas sufren algún tipo de contacto sexual forzado antes de los 20 años. La violencia emocional afecta a uno de cada tres niños y uno de cada cuatro niños en todo el mundo vive con una madre víctima de la violencia de pareja.

4. La violencia tiene efectos devastadores inmediatos, de por vida e intergeneracionales en los niños y sus familias. La violencia mata a niños: en 2017, se estima que 40.150 niños fueron víctimas de homicidio, lo que representa el 8,4 % de todos los homicidios. La violencia perturba el desarrollo cerebral de los niños, perjudica gravemente su salud física y mental y merma su capacidad de aprendizaje. Los efectos directos de la violencia contra los niños también acarrean un costo económico considerable para las personas, las comunidades y los Gobiernos. La violencia en la infancia limita el desarrollo de las personas en su crecimiento hasta la edad adulta, y el costo de este potencial no realizado frena el desarrollo social y económico de la sociedad.

5. Antes de la pandemia de COVID-19, los esfuerzos para eliminar la violencia contra los niños avanzaban con demasiada lentitud: es imperativo acelerar esta labor. Gracias a las lecciones de la pandemia y de otras crisis, ahora sabemos que la prestación de servicios integrados y multisectoriales que sean accesibles a todos los niños sin discriminación debe considerarse una inversión clave de cara a reconstruir para mejorar, tanto durante la pandemia como después.