World

Estrategia del Clúster Global de Educación 2022–2025: Reforzar la acción colectiva para la preparación y respuesta coordinadas en materia de educación en situaciones de emergencia (borrador - 14 de marzo de 2022)

Attachments

1. Introducción

Respuesta humanitaria: una previsión difícil

Las necesidades humanitarias globales se encuentran en un punto álgido, superando la disponibilidad de financiación en mayor medida que antes. Las estimaciones de la ONU de las necesidades humanitarias en 2022 han batido nuevos récords, con un llamamiento de ayuda por valor de 41.000 millones de dólares estadounidenses para asistir a 183 millones de personas en 63 países. Si bien el aumento de la cobertura operativa y la mejora de las mediciones han hecho que el sector humanitario sea más consciente de las necesidades de la población, son varios los factores que contribuyen a esta demanda sin precedentes. Entre ellos se encuentran los conflictos prolongados y agudizados, los efectos del cambio climático y la pandemia de COVID-19. Mientras estos factores hacen retroceder los avances en materia de desarrollo, el sistema humanitario se esfuerza por asistir a un grupo cada vez más numeroso de personas cuya vulnerabilidad está cada vez más arraigada.

Esta situación global ha creado contextos operativos y de coordinación cada vez más complejos, exigentes y difusos para las entidades humanitarias. Las exigencias a los/as coordinadores/as de los clústeres son mayores que nunca, ya que tienen que hacer frente a la respuesta a la pandemia, a contextos mixtos de personas refugiadas y desplazadas internas, a contextos de clústeres no activados en los que sigue habiendo presión para prestar apoyo, así como a necesidades y prioridades que se solapan y exigen un enfoque intersectorial. Al mismo tiempo, las crisis prolongadas requieren una alineación con los agentes nacionales, sistemas y planes sostenibles, y un acceso continuo al aprendizaje para la niñez y la juventud.

La educación en situaciones de emergencia: más vital y urgente que nunca

Toda la niñez y juventud tiene derecho a la educación, también en contextos humanitarios. La educación en situaciones de emergencia favorece el bienestar psicosocial, el aprendizaje continuo —y la esperanza en el futuro— de la niñez y juventud afectada por las crisis. También constituye un "derecho habilitante", un factor clave para abordar las causas profundas de los conflictos y desastres, y una condición indispensable para reconstruir las comunidades tras las crisis. La educación en situaciones de emergencia es fundamental para un futuro mejor, no solo para la niñez y la juventud, sino también para toda la sociedad.

Sin embargo, el sector educativo está sufriendo lo que Save the Children denomina "la mayor emergencia educativa global de nuestras vidas". La pandemia de COVID-19 ha tenido un efecto devastador en el acceso a la educación y al aprendizaje en todo el mundo. Esta perturbación constante de la educación ha hecho retroceder los avances en la matriculación escolar y es probable que agrave la actual crisis de aprendizaje global, lo que se traduce en un menor logro educativo. En el África subsahariana, por ejemplo, se estima que cada año de cierre de escuelas conlleva para la niñez en edad escolar una pérdida de 2,8 años de educación, y puede que alguna nunca se reincorpore. Las interrupciones de la vida escolar y familiar también han aumentado los riesgos para la protección de la niñez y han afectado negativamente a la salud mental de mucha niñez y juventud, lo que pone de manifiesto la importancia de contar con espacios de aprendizaje seguros y protectores.

El cierre de las escuelas y el impacto económico de la pandemia de COVID-19 son especialmente preocupantes para las niñas, ya que agravan riesgos como el matrimonio precoz, el embarazo, el trabajo infantil y la pobreza. Se prevé que estos riesgos para la protección y obstáculos a la educación afecten también a otros grupos vulnerables, como la niñez y jóvenes indígena y las personas discapacitadas.

Los conflictos prolongados han dado lugar a tasas de desplazamiento sin precedentes, lo que absorbe la mayor parte del financiamiento humanitario. En los entornos afectados por conflictos, los cierres de las escuelas —y la escasez de docentes, aulas y material didáctico— se traducen en interrupciones habituales de la educación. Las escuelas también se han convertido en un objetivo, lo que ha puesto en riesgo físico a miles de niños, niñas y jóvenes: entre 2015 y 2019, se denunciaron más de 11.000 ataques a escuelas, universidades, estudiantes y personal en al menos 93 países. Añadiendo complejidad a la respuesta a la educación en situaciones de emergencia, se prevé que los riesgos climáticos superpuestos perturben la educación y otros servicios para millones de niños y niñas.

Desde 2017, la educación en situaciones de emergencia ha recibido nueva atención y financiamiento. La creación de Education Cannot Wait (ECW), por ejemplo, generó más de mil millones de dólares estadounidenses en fondos para la educación y el servicio de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO) se ha comprometido a destinar el 10 % del financiamiento humanitario a la educación. La Alianza Mundial para la Educación también ha aumentado la financiación destinada a contextos frágiles y afectados por crisis en los últimos años. A pesar de esta evolución positiva, estimaciones recientes revelan que solo el 2,6% del financiamiento humanitaria global se destina a educación. En los próximos años, se espera que el financiamiento de la educación, y, en términos más generales, el financiamiento humanitario, se reduzca a medida que la pandemia de la COVID-19 debilite aún más la economía global.

Ante este incierto y precario panorama humanitario, la necesidad de que toda la niñez y juventud tenga acceso a unos servicios educativos continuos, seguros y de calidad es más vital y urgente que nunca.

Los antecedentes de esta estrategia

El Clúster Global de Educación (GEC, por sus siglas en inglés), como órgano coordinador de una amplia gama de partes interesadas en el ámbito de la educación en situaciones de emergencia, tanto a nivel nacional como global, está en condiciones de reunir a estos actores con vistas a responder a estos desafíos sin precedentes.

Esta estrategia detalla el papel del GEC a la hora de reforzar la acción colectiva en torno a la educación en situaciones de emergencia. También establece los objetivos estratégicos que guiarán al GEC y a sus socios en la coordinación y la ejecución de una ambiciosa respuesta educativa durante el período 2022-2025.

El desarrollo de esta estrategia se basó en un amplio proceso de consulta. Además de una exhaustiva revisión bibliográfica, se consultó a unas 200 partes interesadas en el ámbito de la educación a nivel global, regional y nacional, que contribuyeron al diseño de la estrategia. Se priorizaron las perspectivas a nivel de país, a través de seis consultas regionales con coordinadores y tres consultas a nivel de país con los socios de los clústeres. En los puntos decisivos del proceso de desarrollo, se consultó a los miembros del equipo del GEC y del Grupo de Asesoramiento Estratégico (SAG) para validar las conclusiones y llegar a un consenso sobre los elementos clave de la estrategia. Los resultados del proceso de consulta están documentados en un Informe de antecedentes de la Estrategia del Clúster Global de Educación.