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Debate de mesa redonda: Hacer realidad los derechos humanos para poner fin a las desigualdades y las ayudas de aquí a 2030

Declaración en vídeo del Alto Comisionado

PRONUNCIADO POR
Alta Comisionada para los Derechos Humanos Michelle Bachelet

EN
50º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos

Excelencias, colegas y amigos:

Me complace en grado sumo participar en este diálogo. El movimiento en torno al VIH es una iniciativa dinámica y previsora, que puede con toda legitimidad atribuirse gran parte del crédito por el cambio de rumbo que hemos presenciado en las últimas cuatro décadas, en que la prognosis del VIH ha pasado de ser un aviso seguro de muerte a ser el anuncio de una vida más o menos normal.

Fueron ustedes pioneros en exigir que los derechos humanos figuraran en la vanguardia de la respuesta sanitaria y en pedir que las personas fueran tratadas con dignidad, cualquiera que fuese su estado de salud.

Los progresos alcanzados desde que el VIH fuera identificado por primera vez son realmente asombrosos.

Hoy disponemos de tratamientos que entonces eran casi inimaginables. Las terapias antirretrovirales siguen mejorando y ahora incluso disponemos de la profilaxis de pre-exposición (PfEP) la de post-exposición (PEP) y de medicamentos que impiden la transmisión vertical del virus.

Esta situación es muy positiva. Pero aún quedan muchos desafíos pendientes.

En los últimos años el progreso se ha ralentizado considerablemente y hemos perdido incluso más terreno durante la pandemia de COVID-19, lo que ha puesto de relieve y empeorado las múltiples desigualdades que han contribuido a impulsar la epidemia del SIDA. Sin un incremento importante del impulso actual, corremos del riesgo de incumplir la meta de erradicar el SIDA de aquí a 2030.

Pero este asunto no es una simple cuestión de sumar números.

Las pautas de prevalencia apuntan a la función que ejercen la desigualdad, la discriminación y la estigmatización en determinar quién corre el riesgo de contraer el VIH y qué resultados puede esperar en materia de salud. Por ejemplo, algunos grupos de población decisivos siguen corriendo riesgos mucho mayores que la población en general: los índices son de 34 veces más entre las mujeres transgénero, de 26 veces más entre las trabajadoras y los trabajadores del sexo y de 25 veces más para los hombres homosexuales y los que mantienen relaciones sexuales con otros hombres.

(1) El acceso a las terapias retrovirales apunta a otra historia sobre desigualdades: Alrededor de 1,8 millones de niños de edades comprendidas entre el nacimiento y los 14 años vivían con el VIH a finales de 2019.

Algo menos de la mitad de estos niños tienen acceso a los medicamentos que pueden salvarles del virus.

(2) El SIDA sigue siendo la principal causa de muerte entre las mujeres de 15 a 49 años y el Fondo Mundial calcula que cada semana 5.000 jóvenes y adolescentes contraen el VIH en África oriental y meridional, (Véase: Fondo Mundial, Informe de resultados 2021, p. 21).

Motivados por la urgente necesidad de abordar esta situación, en diciembre de 2021 los Estados Miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas se comprometieron a alcanzar, de aquí a 2025, los objetivos siguientes:

(a) menos del 10% de países con marcos jurídicos y políticos restrictivos;
(b) menos del 10% de las personas que viven con el VIH y lo padecen, víctimas de la estigmatización y la discriminación; y
(c) no más del 10% de las mujeres, las niñas y las personas que viven con el VIH, lo padecen o corren el riesgo de contraerlo, sujetas a desigualdades de género o a violencia de género o sexual.

Mi Oficina ha presentado un informe al actual periodo de sesiones del Consejo, con miras a contribuir al debate en torno a estos objetivos. Quisiera agradecer a UNAIDS su compromiso y apoyo activos, y también a muchos de ustedes, por los aportes realizados.

El informe del ACNUDH examina dos aspectos: las medidas necesarias para cumplir con estos objetivos “de promoción social” especificados en la Declaración Política sobre el VIH y el SIDA, y otras lagunas en la respuesta al VIH.

Voy a poner de relieve cuatro aspectos sobre los cuales mi Oficina ha formulado recomendaciones:

(1) Las leyes y las políticas determinan, en gran medida, hasta qué punto podemos disfrutar de nuestros derechos. Nuestras recomendaciones en este aspecto piden, en esencia, la implantación o el fortalecimiento de leyes y políticas que propicien el disfrute de los derechos humanos en el contexto del VIH. La supresión del estigma y la discriminación y de las barreras que dificultan el acceso a los servicios sanitarios serían especialmente decisivas en este sentido.

(2) Es esencial desarrollar planes y estrategias para hacer frente a la estigmatización, la discriminación y la marginación relacionadas con el VIH que afectan a diversos grupos de la población y lograr que esas actividades reciban la financiación adecuada.Cuando se necesiten medidas especiales para promover la igualdad, dichas medidas deberán adoptarse.

Los planes, las actividades y las estrategias deberían abordar de manera específica las múltiples e interseccionales formas de discriminación.

(3) Los Estados deberían elaborar estrategias y planes nacionales para hacer frente a la discriminación contra las niñas y las mujeres, en toda su diversidad, en lo tocante al acceso a la atención sanitaria, comprendidos los servicios de salud sexual y reproductiva. Estos planes y estrategias deberían aplicarse conjuntamente con medidas orientadas a proteger a las niñas y las mujeres de la violencia de género, habida cuenta de sus vínculos con el VIH y el SIDA.

(4) Es preciso adoptar una estrategia basada en los derechos humanos para garantizar que todas las políticas que atañen a la respuesta al VIH respetan, protegen y cumplen con los derechos humanos, velando por que los principales grupos de población y otros sectores marginados sean empoderados para reclamar sus derechos.

Desde aquí pedimos que se propicie la disponibilidad y el acceso a servicios sanitarios de buena calidad, comprendidos los servicios de salud sexual y reproductiva, para todos, de manera igualitaria. Los grupos de población principales y más vulnerables, tales como las personas con discapacidad, los refugiados y los reclusos, deberían recibir atención prioritaria en estas políticas.

Habida cuenta de que la estigmatización, la discriminación y otras vulneraciones de derechos humanos contra las personas que viven con el VIH ocurren en el contexto de los servicios sanitarios al igual que en la sociedad en general, el personal médico debería recibir formación y cursos de sensibilización sobre cómo respetar y proteger la salud y los derechos relativos a ésta de las personas que viven con el VIH.

En este sentido, mi Oficina coordinó, en diciembre de 2021, un curso de formación para trabajadores sanitarios con miras a facilitar la aplicación de una estrategia basada en los derechos humanos para la prestación de servicios de salud sexual y reproductiva y de atención a pacientes de VIH, destinados a las mujeres que viven con el VIH, en estrecha colaboración con ONUSIDA y el Ministerio de Salud de Uganda.

Excelencias, colegas y amigos:

Las opiniones de las personas que han acumulado experiencias empíricas en materia de respuesta al VIH debería ser como un hilo conductor que recorriera todos nuestros planes y programas. De manera similar, la participación de todos los demás interesados, en especial las organización comunitarias de base, es un elemento fundamental. El espacio cívico debe abrirse y los interesados deben recibir ayuda financiera y de otro tipo para que puedan participar en la respuesta al VIH.

Por último, es preciso que asignemos los recursos de manera que las actividades necesarias, tanto para recuperar el impulso perdido como para avanzar aún más, reciban la financiación correcta y, por ende, resulten eficaces. Los métodos innovadores de financiación, tales como el mecanismo del Fondo Mundial denominado “Debt2Health”, constituyen ejemplos inspiradores de lo que es posible realizar cuando estamos decididos a cumplir con nuestros compromisos políticos.

Espero que las recomendaciones que figuran en este informe servirán de ayuda para catalizar otros esfuerzos orientados a alcanzar los objetivos de aquí a 2025 y a proteger los derechos de las personas que han contraído el VIH.

Muchas gracias.