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CICR: proteger los medios de subsistencia ante la COVID-19 es fundamental para evitar un aumento desmesurado en la dependencia de la ayuda humanitaria

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• En Nigeria, el 95% de personas encuestadas por nuestra institución indicaron que se han visto afectadas sus fuentes de ingresos.

• En Irak, el 83% dijo que se han visto afectados los medios de subsistencia.

• En Ucrania, el 75% señaló que se produjo un aumento en el precio de los artículos básicos.

Ginebra (CICR) – Los datos surgidos a partir de una nueva encuesta nos advierten que las dificultades económicas que ha generado la pandemia de COVID-19 podrían derivar en un aumento desmesurado en la dependencia de ayuda humanitaria en países en conflicto si no se aplican respuestas coordinadas entre los Gobiernos, las instituciones financieras internacionales y los actores humanitarios y de desarrollo, según informó hoy el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Ante una falta de acciones concertadas por parte de la comunidad internacional, se prevé que las necesidades humanitarias se intensifiquen y empeoren producto de la pandemia. Es probable que surjan nuevas necesidades en materia de salud y protección en el largo plazo, y que comunidades que, en otras circunstancias, serían relativamente resilientes necesiten asistencia.

Las consecuencias en el plano de la seguridad económica y alimentaria que provoca la actual pandemia son muy graves y, probablemente, empeoren con el tiempo. En países en conflicto, el acceso a la atención de salud, alimentos, agua y electricidad de por sí es escaso o inexistente para millones de personas, que, además, viven en entornos con precios volátiles e infraestructuras destruidas. El impacto de la COVID-19 podría activar un círculo vicioso de caída de ingresos, intensificación de la pobreza y hambre.

Los primeros indicios disponibles, en las zonas de conflicto donde desempeña sus actividades el CICR, revelan el enorme impacto que tiene la COVID-19.

• En Nigeria, el 95% de las 313 personas que respondieron a nuestra encuesta indicaron que sus medios de subsistencia se han visto afectados por la COVID-19, con lo cual se han reducido sus salarios o ganancias. En Irak, el porcentaje alcanza el 83% (de 130 personas encuestadas); en Libia, el 52% (de 190 personas encuestadas).

• En Irak, el 77% de las personas encuestadas informaron que no cuentan con ahorros para afrontar la crisis; en Libia, el 85%; y en Nigeria, el 48%.

• En Ucrania, el 75% de 215 personas encuestadas indicaron que se ha producido un aumento en el precio de artículos básicos, mientras que el 47% señaló que se redujo el acceso al mercado.

"La pandemia tiene un impacto económico tremendo para las familias, sobre todo en zonas de conflicto. Tememos que, si los Gobiernos y el sector humanitario no proceden de manera coordinada, las consecuencias a largo plazo serán devastadoras", señaló Charlotte Bennborn, responsable del departamento de Seguridad Económica del CICR.

El CICR solicita que se mantengan o se extiendan los programas de protección, y que estos incluyan a los más vulnerables. También es preciso reforzar las actividades humanitarias en curso que se centran en la seguridad alimentaria, la nutrición y los medios de subsistencia.

Muchas personas ya han agotado los mecanismos de afrontamiento que más suelen utilizar las familias en tiempos difíciles: los préstamos de vecinos o familiares, la reducción del consumo y el uso de ahorros. Los hogares más golpeados por la situación ya padecían inseguridad económica, a lo que se añade la restricción del acceso físico y económico a los mercados de alimentos a causa de la COVID-19.

Resulta preocupante que el hambre y la malnutrición crónicas se potencien mutuamente con la COVID-19, ya que brotes anteriores de enfermedades —ébola, SARS, MERS— han incidido de manera negativa en la seguridad alimentaria y provocado aumentos en las tasas de malnutrición. La mejora en los sistemas de salud en zonas de conflicto reporta beneficios a nivel local y mundial.

"En el corto plazo, el fortalecimiento del sistema sanitario, así como de los sistemas de agua y saneamiento en zonas de conflicto, a fin de prevenir y gestionar la transmisión de enfermedades infecciosas, debe tener carácter prioritario", indicó Esperanza Martínez, responsable de Salud del CICR.

Por otra parte, la falta de ingresos puede representar un golpe muy fuerte para las familias, en un momento en que se dificulta la prestación de servicios esenciales por parte de los Gobiernos, lo que eleva la inseguridad alimentaria de personas que ya corren riesgo. Cuando se imponen restricciones a la movilidad, surge la disyuntiva de ganarse el sustento o cuidar la salud.

Las personas que dependen de las remesas de familiares migrantes también corren riesgo, al reducirse las oportunidades de obtener ingresos, incluso en los países más ricos. El Banco Mundial prevé que, en 2020, las remesas disminuirán el 20% en todo el mundo debido a la crisis económica provocada por la pandemia. En Yemen, por ejemplo, esa disminución podría llegar al 70%, mientras que el precio de una canasta alimentaria (arroz, lentejas, leche, harina, frijoles, aceite de cocina, azúcar, sal) ha sufrido un aumento del 60% desde el inicio del conflicto, en 2015.

Más información:

Ewan Watson, portavoz en Ginebra, +41 792 446 470, ewatson@icrc.org

Jason Straziuso, portavoz en Ginebra, +41 79 949 3512, jstraziuso@icrc.org

Ruth Hetherington, portavoz para Oriente Próximo, +41 79 447 3726, rhetherington@icrc.org

Sarah Alzawqari, portavoz para Oriente Próximo, +961 3138 353, salzawqari@icrc.org

Crystal Wells, portavoz para África oriental, +254 716 897 265, cwells@icrc.org

Halimatou Amadou, portavoz para África occidental, +221 78 186 46 87, hamadou@icrc.org

Pawel Krzysiek, portavoz para Asia, +66 81 950 1270, pkrzysiek@icrc.org