Alerta 2018! Informe sobre Conflictos, Derechos Humanos y Construcción de Paz

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from Escola de Cultura de Pau
Published on 28 Feb 2018 View Original

Prólogo

Diana de la Rúa Eugenio Presidenta de la Fundación International Peace Research Association (IPRA)

El año 2018 tiene escenarios multicomplejos y multisectoriales que desafían a encararlos con miradas creativas y adaptadas a las necesidades reales y percibidas para tener la oportunidad de brindar sugerencias y propuestas que transformen las dificultades en procesos inclusivos y positivos.

Quienes hace más de 25 años estudiamos y trabajamos en el campo de la resolución no violenta de conflictos y construcción de cultura de paz vemos una evolución y cambio en la dinámica en los conflictos que nos motiva a buscar nuevos caminos para abordarlos, ya que nos enfrentamos al incremento de la violencia directa, estructural y cultural con el ingrediente de banalizarlas por medio de espectáculos y video juegos que –entre otras cosas– entran a nuestras casas, la normalizan e invisibilizan convirtiéndose en carriers de cultura profunda de violencia.

Frecuentemente se presentan las situaciones de violencia como un hecho en sí mismo, aislado, dejando de lado las consecuencias humanas, sociales, ambientales que resultan. Las nuevas generaciones están creciendo con esa impronta por lo que es importante mostrar los conflictos y sus efectos posteriores y también mostrar los procesos que trabajan para neutralizar la escalada de violencia y promover alternativas pacíficas y productivas.

Siempre hay buenos ejemplos, pero es necesario llevarlos a la luz para que no queden opacados por la agresividad o virulencia de ciertas diatribas que suelen ser más contundentes en ruido pero no en ideas o propuestas. Tomemos el caso de dos países del continente americano que están viviendo situaciones históricas:

En Colombia se lleva a cabo el proceso de paz que, si bien después del acuerdo firmado en el año 2016 perdió fuerza ante la falta de cumplimiento de algunos puntos, actualmente está reanudando el diálogo entre las partes y, por primera vez en cincuenta años, Colombia accede a elecciones presidenciales libres en un marco sin guerra. Es meritorio el seguir insistiendo con el proceso tratando de revertir aquello que lo obstaculiza, pero también es fundamental que la palabra empeñada sea cumplida, que todo el proceso sea creíble y finalmente se cumpla lo prometido para poder encarar un futuro de desarrollo compartido.

En Estados Unidos de Norteamérica hay varios temas para los investigadores y trabajadores de paz entre los que mencionamos: (a) la profundización de la actual administración hacia las diferencias entre los colectivos sociales, provocando un resurgimiento de movimientos de supremacía blanca que chocan con los derechos civiles que se creían conseguidos para siempre, lo que ha forzado el uso de los contrapesos institucionales – los jueces– para balancear las injusticias y que algunas ciudades y estados declararan abiertamente sus diferencias al respecto. La apuesta por la polarización y su vinculación con chivos expiatorios genera brechas sociales con el fin de capitalizar rédito político entre personas que adhieren a un líder que propone divisiones consistentes con un dualismo maniqueo y desprestigia lo que no le resulta beneficioso. El sistema de gobierno con separación de poderes del país ha demostrado que, hasta ahora, aún funciona la democracia; (b) el surgimiento del Movimiento #MeToo, que pone en evidencia las condiciones de patriarcado machista que estaban enquistadas y ocultas al público, provocando un cambio de percepción sobre el acoso a las mujeres en espacios laborales, donde esa conducta ya no sólo es inaceptable sino que genera denuncia y exposición pública. Este es un estimulante cambio de paradigma que puede replicarse en el resto de los países.

Situaciones a tener en cuenta

Actualmente hay que agregar dos ejes que cambian la vida humana del mundo y que convergen en la misma temporalidad, generando gran incertidumbre y violencia usualmente no visible: estos ejes son el cambio climático y la influencia de las redes sociales tecnológicas.

El proceso antropozoide ha producido situaciones que no podían haber sido previstas en su total envergadura pero ahora tenemos que convivir con ellas, paliar sus influencias y tratar de revertir –o al menos reducir– sus resultados, los cuales se esparcen por todo el globo y generan cambios climáticos que a su vez traen cambios geográficos, económicos, políticos y sociales que trastocan la vida de las comunidades. Las palabras inundaciones, sequías, deforestación y contaminación ya forman parte del lenguaje, pero pareciera que aún necesitan enraizar su significado en la conciencia colectiva y en las agendas políticas de todo el mundo, no sólo en épocas electorales que se ocupan de ellas ante los desastres y trabajan desde lo visible de la urgencia, sino para lograr cambios profundos que ralenticen las terribles consecuencias que se viven y que empeorarán si no se toman medidas eficientes cuanto antes. Desde el año 2004 ya se habla con preocupación de los llamados tecnofósiles, de los que hay billones de variedades debido a la rápida fabricación y obsolescencia de productos –útiles o no– con los cuales no se sabe qué hacer. Los tomadores de decisión aún no asumieron este tema con seria consideración.

Hace años se habla del impacto de las tecnologías de comunicación en la sociedad, pero ahora vemos la magnitud de la utilización discrecional de los algoritmos tecnológicos que se generan con el fin de cambiar los patrones culturales, manipularlos para generar corrientes de opinión y –evidentemente– influir sobre los procesos democráticos de los países, influencias que se venden y compran al mejor postor como en cualquier mercado de pueblo, sin importar lo que esa manipulación significa para los países y para el mundo, debilitando así las democracias, generando suspicacias negativas en los procesos políticos y en la soberanía de las naciones además de fortalecer el poder por el poder mismo, no para los pueblos, para la gente y sus comunidades, sino para quienes se atrincheran en las ventajas que el poder proporciona.

Estos dos últimos escenarios coinciden temporalmente, abruman y desalientan la participación ciudadana, ya de por sí escasa. Las personas prefieren abstraerse o desconectarse de la realidad para no tener que hacer cambios en sus vidas que signifiquen resignar estilos de consumo (agua, combustible, compras no necesarias) mientras puedan. Aquellos quienes están sufriendo pueden quedar enredados en discursos binarios sin respaldo por parte de grupos de interés, que polarizan las percepciones negativas sobre ciertos grupos, radicalizan los mensajes y las acciones y, usualmente, eligen a algunos colectivos como chivos expiatorios de la mala situación.

Cultura de paz y participación social

Por ello es necesario que las personas puedan desarrollar una visión compartida de futuro que sea respetuosa de la diversidad de opiniones y puedan recuperar la posibilidad de una convivencia armónica donde todos puedan sentirse participantes y no meramente espectadores.
Desde la educación para la paz y todas sus herramientas –el diálogo, la mediación, la facilitación, entre otras– se trabaja con la comunicación no violenta que permite la interacción verbal y reconstruye el proceso dialógico entre las partes, con el fin de poder expresar las opiniones, temores, sentimientos, intereses y necesidades sin ser juzgados ni desvalorizados. Uno de las manifestaciones de la época actual es la dificultad que tienen las personas para identificar qué es lo que quieren obtener, les resulta más fácil explicar lo que no quieren. Lograr este avance es un ejercicio vital que permeará en todos los espacios sociales, brindando empoderamiento y eficiencia para expresarse.

El poder determinar lo que se quiere conseguir es un paso hacia la independencia personal porque focaliza en cómo lograr los objetivos deseados sin esperar que un líder o pater familia los provea, y entrena en la responsabilidad sobre las decisiones tomadas libremente lo cual, a su vez, repercute en el crecimiento como persona y ciudadano alentando la participación en otros ámbitos de la vida como es la participación política, ya sea como parte de los actores que definen las políticas públicas o como quienes proponen los cambios desde las bases.

Hay que adiestrarse para el debate y la confrontación sin que perdamos nuestro norte de alcanzar los objetivos de manera legítima y para ello es fundamental el generar consensos que permitan dilucidar las preocupaciones colectivas, priorizarlas y lograr un espíritu de cohesión que permita llevar adelante los proyectos de paz. El consenso no es coacción ni presión, el consenso es acordar entre todos, de manera voluntaria, lo que se hará o lo que no se hará. El construir una cultura de paz es un proceso colectivo, lento y profundo donde siempre habrá quienes por capacidad o personalidad estimulen a los demás, pero todos deben tener verdadero compromiso y reconocer y aceptar que deberán hacerse concesiones para lograr los consensos.

Un aporte sustancial que construye cultura de paz es que los menores aprendan en la escuela no sólo las materias habituales –matemáticas, lenguaje, ciencias, entre otras– sino que también aprendan a resolver pacíficamente los conflictos, lo cual les facilitaría para toda la vida el intercambio en la vida cotidiana porque tendrían incorporados la importancia del proceso, las herramientas y los entrenamientos necesarios para otro modelo de intercambio social.

Realización de proyectos

Si bien el trabajo de campo es fundamental, permanentemente se necesita elaborar nuevas teorías e investigar otras propuestas, analizarlas, compararlas, sacar conclusiones que permitan actualizar y medir resultados y eventualmente, profundizarlas o modificarlas. La suma de trabajo de campo más el trabajo de investigación de paz, ya sea desde universidades, ONG o de manera independiente, es lo que nos permite aggiornarnos y brindar respuestas acordes a las necesidades actuales. Hay muchas organizaciones y fundaciones que brindan la posibilidad de financiar Alerta! es un vehículo eficiente para compartir el análisis profundo de los conflictos y sus posibilidades de solución, así como de la transmisión y difusión de cultura de paz que invita a reflexionar sobre las confrontaciones actuales desde una mirada comprometida con su resolución pacífica Prólogo 11 esas investigaciones, por lo que es importante dedicar un tiempo para saber cómo recurrir a ellas, conocer los valores que las sustentan y animarse a solicitar esas becas. La cultura de paz se verá beneficiada y promovida a través de todos los canales, los investigadores, trabajadores, editores, el boca a boca de los beneficiados y los resultados en la vida de la personas.

Esta nueva presentación del Alerta! es el vehículo eficiente para compartir el análisis profundo de los conflictos y sus posibilidades de solución, así como de la transmisión y difusión de cultura de paz que invita a reflexionar sobre las confrontaciones actuales desde una mirada comprometida con su resolución pacífica, permitiendo seguir elaborando, cuestionando y adaptando las teorías con la factibilidad y la operatividad de los procesos a la vez que amplía los espacios de debate y capacitación.