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Agenda de Inmunización 2030: Una estrategia mundial para no dejar a nadie atrás

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INTRODUCCIÓN

La inmunización es una historia de éxito para la salud y el desarrollo mundiales, ya que salva millones de vidas cada año. Entre 2010 y 2018, solo con la vacuna contra el sarampión se evitaron 23 millones de muertes (1). El número de menores de un año vacunados anualmente (más de 116 millones, esto es, el 86% de los bebés nacidos) ha alcanzado el nivel más alto jamás notificado. Más de 20 enfermedades potencialmente mortales pueden ahora prevenirse mediante la inmunización (2). Desde 2010, 116 países han introducido vacunas que no usaban anteriormente (3), entre ellas, las dirigidas contra afecciones tan mortíferas como la neumonía neumocócica, la diarrea, el cáncer de cuello uterino, la fiebre tifoidea, el cólera y la meningitis.

Además, se ha innovado mucho en el desarrollo de vacunas. Ahora hay protección vacunal frente a la malaria, el dengue y la enfermedad por el virus del Ebola, y se están investigando vacunas prometedoras contra el virus respiratorio sincitial, la tuberculosis y todas las cepas del virus de la gripe o influenza. Investigaciones recientes sobre anticuerpos neutralizantes de amplio espectro y vacunas terapéuticas están abriendo nuevos horizontes. Cada vez hay más vacunas que protegen la salud después de la niñez: en la adolescencia y la edad adulta, durante el embarazo y en la ancianidad.

Se están encontrando formas innovadoras de distribuir y administrar vacunas y de mejorar los servicios de inmunización. Las herramientas digitales, las nuevas técnicas de vacunación sin aguja y unas cadenas más sólidas de almacenamiento y suministro prometen transformar los programas de inmunización durante el próximo decenio. El acceso oportuno a datos fiables brindará a los programas nacionales nuevas posibilidades de supervisar y mejorar constantemente su desempeño, alcance y eficiencia.

Las vacunas son indispensables para prevenir y controlar muchas enfermedades transmisibles, por lo que sustentan la seguridad sanitaria mundial. Además, en general, se consideran fundamentales para hacer frente a las enfermedades infecciosas emergentes, por ejemplo, porque contienen o limitan los brotes epidémicos de estas o combaten la propagación de las resistencias a los antimicrobianos. Los brotes regionales (como el de la enfermedad por el virus del Ebola), la pandemia de COVID-19 y la amenaza de futuras pandemias (por ejemplo, por una nueva cepa de virus gripal) han sido y seguirán siendo una gran carga incluso para los sistemas de salud más resilientes. Un riesgo claro es que se reduzcan los servicios esenciales y, en especial, la vacunación y la prevención de otras enfermedades transmisibles. Los países deben determinar qué servicios esenciales han de considerarse prioritarios y mantenerse durante los brotes de enfermedades infecciosas emergentes y actuar lo antes posible para dispensar las vacunas omitidas. A largo plazo, es probable que las inversiones intensivas y conjuntas en investigación y desarrollo y el suministro equitativo de nuevas vacunas sean parte de la solución para evitar las recurrencias.

Aun así, persisten problemas de envergadura. Los beneficios de la inmunización se distribuyen de manera desigual: la cobertura varía ampliamente entre los países y dentro de ellos. Algunas poblaciones —a menudo las más pobres, las más marginadas y las más vulnerables, en entornos frágiles y desgarrados por conflictos— tienen poco acceso a servicios de inmunización. Cada año, 20 millones de menores de un año ni siquiera reciben una serie completa de las vacunas básicas, y muchos más se quedan sin recibir las vacunas más nuevas. De ellos, más de 13 millones no reciben ninguna vacuna a través de los programas de inmunización: son los niños «con cero dosis».

En algunos países se ha dejado de avanzar o incluso se está retrocediendo, y existe un riesgo real de que el exceso de confianza socave lo logrado hasta ahora. Los brotes de sarampión y de poliomielitis por poliovirus derivados de vacunas son crudos recordatorios de que hacen falta sólidos programas de inmunización y una vigilancia eficaz de las enfermedades para mantener unos altos niveles de cobertura y eliminar y erradicar enfermedades. Dado que el sarampión es muy contagioso, su presencia sirve de indicador (de «canario en la mina de carbón») de una cobertura insuficiente y de deficiencias en el sistema de salud. La detección de casos de sarampión por medio de la vigilancia revela la existencia de comunidades y grupos etarios infrainmunizados o no inmunizados en absoluto y de programas de inmunización y sistemas generales de atención primaria de salud insuficientes, y señala dónde hay que prestar especial atención e intervenir. Una alta cobertura de la vacuna antisarampionosa es un indicador de solidez del programa de inmunización, lo cual a su vez puede ser reflejo de unos servicios de atención primaria bien cimentados. La segunda dosis de vacuna antisarampionosa brinda la oportunidad de centrarse más en fortalecer los programas de inmunización para llegar a los niños mayores de un año y ampliar los servicios de inmunización a todo el ciclo vital.

Para que todas las personas puedan acceder a los servicios de inmunización es indispensable hacer llegar las vacunas a las zonas que estén aisladas, ya sea por motivos geográficos, culturales, sociales o de otro tipo, y a las poblaciones marginadas, como las de personas desplazadas o migrantes y las afectadas por conflictos, situaciones de inestabilidad política o desastres naturales. Es indispensable conocer y abordar las causas del escaso uso de las vacunas para aumentar la demanda de servicios de inmunización por parte de las personas. Se debe disponer de un suministro suficiente y previsible de vacunas adecuadas, asequibles y de calidad garantizada en los puntos de prestación de servicios, y han de evitarse los desabastecimientos. Hacen falta estrategias adaptadas para conocer y superar los obstáculos a la vacunación, en particular las barreras relacionadas con el género de los cuidadores y profesionales sanitarios para acceder a los servicios de inmunización. Se necesitan nuevos enfoques para llegar a los grupos de mayor edad y prestar servicios de inmunización centrados en las personas e integrados en la atención primaria de salud.

La Agenda de Inmunización 2030 (AI2030) establece una visión y una estrategia mundiales, ambiciosas y globales para las vacunas y la inmunización durante el decenio 2021-2030. Se basa en las enseñanzas extraídas, reconoce los problemas persistentes e inéditos que plantean las enfermedades infecciosas y aprovecha las nuevas oportunidades para afrontarlos. La AI2030 sitúa la inmunización como un factor clave para respetar el derecho fundamental de las personas a disfrutar del mayor grado posible de salud física y mental y también como una inversión de futuro a través de la creación de un mundo más sano, seguro y próspero para todos. Aspira a conseguir que mantengamos los avances alcanzados con tanto esfuerzo y también que logremos más sin dejar a nadie atrás, en ninguna circunstancia o etapa de la vida.

La AI2030 se ha concebido para inspirar y armonizar las actividades de los interesados comunitarios, nacionales, regionales y mundiales: gobiernos nacionales, organismos regionales, agencias mundiales, asociados para el desarrollo, profesionales de la salud, instituciones universitarias y de investigación, desarrolladores y fabricantes de vacunas, el sector privado y la sociedad civil. Su impacto se potenciará al máximo si se hace un uso más eficaz y eficiente de los recursos, se innova para mejorar el desempeño y se aplican medidas orientadas a alcanzar la sostenibilidad financiera y programática. El éxito dependerá de que se creen y fortalezcan alianzas dentro y fuera del sector de la salud en el marco de un esfuerzo coordinado por mejorar el acceso a una atención primaria de salud asequible y de alta calidad, lograr la cobertura sanitaria universal y acelerar los avances hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030.

La AI2030 ofrece un marco estratégico a largo plazo para guiar una fase de ejecución dinámica que dé respuesta a la evolución de las necesidades de los países y del contexto mundial durante el próximo decenio. Este documento es, pues, solo el principio. La visión y la estrategia mundiales de la AI2030 se complementarán con anexos que ofrecerán información técnica detallada sobre el marco estratégico, además de estrategias y planes de inmunización nuevos y ya existentes, como los correspondientes a programas para controlar, eliminar o erradicar enfermedades específicas. La AI2030 se llevará a la práctica por medio de estrategias regionales y nacionales, un mecanismo que velará por la adopción y la rendición de cuentas, y un marco de seguimiento y evaluación que guiará la aplicación en los países.

Gracias al esfuerzo colectivo de todos los interesados alcanzaremos la visión para el decenio: Un mundo en el que todas las personas, en todas partes y a todas las edades, se beneficien plenamente de las vacunas para su salud y bienestar.