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WFP Venezuela — Evaluación de seguridad alimentaria: Principales hallazgos | Datos recolectados de julio a septiembre de 2019

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Contexto

El Programa Mundial de Alimentos (WFP) fue invitado por el Gobierno de Venezuela a realizar una evaluación de seguridad alimentaria para estimar las necesidades y vulnerabilidades de los hogares en Venezuela.
WFP tuvo completa independencia en el diseño e implementación de la evaluación, y tuvo acceso sin ningún impedimento en todo el país para la recolección de datos a nivel de hogar. 93%

La evaluación en Venezuela siguió la metodología estándar de una Evaluación de la Seguridad Alimentaria en Emergencia (ESAE) de WFP, además del Enfoque Consolidado para Reportar Indicadores de Seguridad Alimentaria (CARI por sus siglas en inglés). La evaluación está basada en el análisis de datos primarios recolectados a nivel de hogar y nivel comunitario. Al final de la evaluación se recolectaron 8,375 cuestionarios válidos, con el objetivo de tener representatividad estadística a nivel de estado.

¿Cuántas personas están en situación de inseguridad alimentaria?

La evaluación estima que el 7.9% de la población en Venezuela (2.3 millones) está en inseguridad alimentaria severa. Un 24.4% adicional (7 millones) está en inseguridad alimentaria moderada. Basándose en el enfoque CARI, WFP estima que una de cada tres personas en Venezuela (32.3%) está en inseguridad alimentaria y necesita asistencia.

¿Cuáles estados presentan los índices de inseguridad alimentaria más altos?

La evaluación muestra que la inseguridad alimentaria es una preocupación a nivel nacional. Incluso en los estados con los índices más bajos de inseguridad alimentaria, incluyendo a Lara (18%), Cojedes (19%) y Mérida (23%), se estima que aproximadamente una de cada cinco personas está en inseguridad alimentaria. Once estados presentan índices superiores a la prevalencia nacional de inseguridad alimentaria severa, los índices más altos se encuentran en Delta Amacuro (21%), Amazonas (15%), Falcón (13%), Zulia (11%) y Bolívar (11%).

Clasificación de la seguridad alimentaria

La prevalencia de inseguridad alimentaria en Venezuela fue obtenida mediante el análisis de patrones de consumo de alimentos, estrategias de sobrevivencia de medios de vida y consumo, además de la vulnerabilidad económica. Los indicadores se comportan de manera distinta, la tabla siguiente muestra como el puntaje de consumo de alimentos (FCS por sus siglas en inglés) se desempeña mejor (17.8% de inseguridad alimentaria) que el indicador de estrategias de sobrevivencia de medios de vida (61.3% de inseguridad alimentaria). Esto significa, que al momento de la encuesta, muchas de las familias todavía podían cubrir sus necesidades alimentarias pero al gran costo de sacrificar sus bienes y arriesgar sus medios de vida.

El análisis del FCS indica que casi uno de cada cinco hogares (17.8%) tiene un nivel inaceptable de consumo de alimentos, del cual un 12.3% tiene consumo de alimentos límite y un 5.5% un consumo pobre.

La falta de una dieta diversificada es una preocupación importante. Las familias venezolanas consumen cereales, raíces o tubérculos a diario y complementan su consumo de cereales con legumbres (caraotas, lentejas) tres días a la semana y con lácteos cuatro días a la semana. El consumo de carne, pescado, huevo, vegetales y frutas está por debajo de los tres días a la semana para cada uno de estos grupos de alimentos. La falta de diversidad en la dieta indica una ingesta nutricional inadecuada.

Estrategias de sobrevivencia

El 74% de las familias ha utilizado estrategias de sobrevivencia relacionadas al consumo de alimentos, reduciendo la variedad y calidad de la comida; el 60% de los hogares reportó haber reducido el tamaño de la porción de sus comidas.

Tres de cada cuatro familias encuestadas había aplicado al menos una estrategia de sobrevivencia relacionada a medios de vida, y en promedio, las familias habían utilizado cuatro estrategias en los 30 días antes de la encuesta.

Para sobrevivir, el 33% de los hogares ha aceptado trabajar a cambio de comida y el 20% ha vendido bienes familiares para cubrir necesidades básicas. Seis de cada diez familias han gastado sus ahorros en comida.

Mientras las familias van agotando las estrategias de sobrevivencia que han utilizado para mantener un consumo básico de alimentos, es posible que no puedan cubrir sus necesidades nutricionales en el corto plazo. Esto afectará a los más vulnerables, incluyendo niños y niñas, mujeres embarazadas y lactantes, y adultos mayores.

Percepción de la disponibilidad de alimentos

Siete de cada diez venezolanos reportó que siempre hay comida disponible. Sin embargo, el acceso a la comida es difícil debido a que los precios son demasiado altos en comparación con los ingresos de los hogares.

Fuentes de ingreso

La hiperinflación ha afectado la habilidad de las familias para adquirir comida y otras necesidades básicas. El 59% de los hogares no tiene ingresos suficientes para comprar comida y el 65% no es capaz de comprar artículos esenciales de higiene, ropa y calzado.

Cuando se les preguntó cómo ha afectado la situación actual en Venezuela las fuentes de ingreso del hogar, la mitad de los encuestados declaró haber tenido una pérdida parcial de sus ingresos (51%), como una reducción de sus salarios o la pérdida de un trabajo. Más de un tercio de los encuestados (37%) había experimentado una pérdida total de sus ingresos, como haber perdido su único trabajo o su negocio.

Los resultados muestran que el 18% de los hogares depende de asistencia gubernamental y sistemas de protección social. La salida constante de migrantes, aunque permite a las familias depender de remesas, se traduce en una preocupante pérdida del capital humano y social, incluyendo una reducción en el número de profesores, doctores, científicos y otros trabajadores cualificados.

Servicios básicos

La encuesta recolectó datos sobre el acceso a servicios básicos (agua, saneamiento, vivienda, electricidad, instalaciones de cocina) para poder entender las condiciones de vida. Los resultados muestran que las familias están gravemente preocupadas por el deterioro de los servicios básicos.

Al momento de la encuesta, cuatro de cada diez hogares tenía interrupciones diarias en el servicio de electricidad y el 72% tenía un suministro irregular de gas. Cuatro de cada diez hogares tenía interrupciones recurrentes en el servicio de agua, por lo cual las familias tienen que usar estrategias alternativas como la compra de agua embotellada o el uso de camiones cisterna, para acceder a agua potable. El 25% de los hogares no tenía acceso estable a agua potable.