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En Venezuela, los maestros se adaptan a un mundo COVID-19

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© UNICEF Venezuela/2020/Sea

A medida que continúan los cierres de las escuelas debido a la pandemia, UNICEF apoya a los maestros para ayudar a que los niños, niñas y adolescentes sigan aprendiendo

Por Sendai Zea

Después de más de 20 años trabajando como maestra, Alibert está familiarizada con los altibajos que acompañan a su profesión, incluidos los innumerables desafíos de brindar una educación en el contexto de una crisis económica y política en desarrollo. Pero nada podría haberla preparado para la agitación masiva y la incertidumbre creada por la pandemia del COVID-19.

Como coordinadora de educación primaria en una escuela en las afueras de Caracas, Alibert es responsable de 20 maestros que entre ellos enseñan a casi 500 niños y niñas de 5 a 12 años. Pero cuando las escuelas de la región comenzaron a cerrar en marzo para ayudar a prevenir la propagación del COVID-19, Alibert y sus colegas se enfrentaron a la abrumadora perspectiva de adaptar las clases para el aprendizaje a distancia por primera vez.

“Este enfoque nunca se ha utilizado para niñas y niños tan pequeños”, dice ella.

Para muchas familias la falta de recursos y el acceso poco confiable al Internet ha agravado el problema.

“Ha sido un gran desafío llegar a todos, llegar a todas las familias”, dice Alibert.

Es un problema familiar para otros países de América Latina y el Caribe. En toda la región, el cierre prolongado de las escuelas significa que 137 millones de niños y niñas continúan sin recibir educación. Con cada día que pasa con las escuelas cerradas, se desarrolla una catástrofe generacional, una con profundas consecuencias para la sociedad.

Desde el comienzo de la pandemia, la respuesta de UNICEF se ha centrado en trabajar con socios para permitir que los niños, niñas y adolescentes continúen aprendiendo en casa proporcionando apoyo técnico y operativo, incluida capacitación y recursos como teléfonos inteligentes para los maestros. Alibert dice que el teléfono inteligente que recibió recientemente de UNICEF la está ayudando a mantenerse más fácilmente en contacto con las familias. A fines de julio, 900 maestros del estado de Miranda, donde trabaja Alibert, habían recibido teléfonos móviles con acceso a internet como parte de la iniciativa.

UNICEF también ha impartido formación sobre protección de la infancia y estrategias de educación de emergencia en escuelas, incluida la de Alibert.

“Ahora podemos ofrecer apoyo integral no solo a los niños, niñas y adolescentes sino también a los padres; ellos también necesitan capacitación para apoyar a sus hijos en su aprendizaje. Los maestros están diseñando un libro de trabajo semanal con actividades y objetivos, y estamos haciendo ajustes a medida que vemos cómo le va a la familia”, dice Alibert. “Apoyar a las familias es un trabajo continuo”.

Alimento para cuerpos y mentes

Miguel también ha tenido que adaptarse a la enseñanza durante la pandemia. Imparte clases de instalación eléctrica y ebanistería a jóvenes en un centro de formación en las afueras de Caracas. Sus estudiantes, generalmente, provienen de entornos de bajos ingresos y quieren aprender un oficio para ayudar al mantenimiento de sus familias. Algunos de los estudiantes no han podido terminar la escuela secundaria, pero incluso aquellos que todavía están en la escuela están interesados en aprender las habilidades prácticas que se ofrecen en el centro.

“No tenía muchos conocimientos de informática, pero he estado aprendiendo”, dice. “No tengo un teléfono inteligente, por lo que es difícil enviar las preguntas y evaluaciones por mensaje de texto”.

Miguel y el equipo del centro de formación han elaborado cuadernos de trabajo para los alumnos, que se les envía cada dos semanas. Además del apoyo académico, los participantes del curso de capacitación reciben manualmente un kit de alimentos como parte de un programa de alimentos apoyado por UNICEF.

“Muchos de los estudiantes estaban llorando la primera vez que recogieron los kits de alimentos porque no los estaban esperando”, dice Miguel. “Este [apoyo] no tiene precio. Y ha sido encantador ver a los jóvenes responder al aprendizaje a distancia”.

Como maestro, Miguel también se ha beneficiado de los kits de alimentos. “Recibí un kit y un paquete de higiene personal que contenía gel de ducha, jabón, mascarilla y champú”, dice. “Tengo una hija de cinco años, así que el kit de alimentos fue como un regalo del cielo: ¡Ha podido empezar a beber leche!”

El apoyo a los estudiantes en Venezuela se brinda como parte del programa la Educación No Puede Esperar, lanzado por UNICEF y sus aliados para brindar acceso a la educación a millones de niños, niñas y adolescentes en situaciones de crisis en todo el mundo, incluidos conflictos y desastres naturales. En Venezuela, el programa se dirige a niños, niñas y adolescentes en riesgo de abandonar la escuela o que ya están fuera del sistema educativo, apoyándolos mediante el seguimiento de su progreso académico y proporcionando alimentos directamente a las escuelas y centros comunitarios.