Apenas unos meses antes de la publicación de este informe, los medios de comunicación de nuestro país se hacían eco del caso de un hombre que, durante años, explotó sexualmente a una niña de 12 años. El hombre, de 45 años, contactó con ella y se ganó su confianza a través de videollamadas y conversaciones por redes sociales, para después agredirla sexualmente y grabar vídeos y fotografías de estas agresiones. Intercambiaba después este material por Internet con otros pedófilos, y llegó a ofrecer a la niña a través de aplicaciones de citas e Instagram para que otros adultos la violaran y seguir generando imágenes de estas agresiones. Cuando se le detuvo, se encontraron más de 10.000 archivos de «pornografía infantil», cientos de ellos elaborados por él.
Este caso ilustra con crudeza un fenómeno de gran preocupación: el impacto del entorno digital en las dinámicas asociadas a la explotación sexual de la infancia y la adolescencia. Vemos cómo Internet, las redes sociales y las tecnologías no solo facilitan la captación, sino que también pueden ser el medio en el que se cometen estas violencias, y permiten su perpetuación. También evidencia la interrelación de las distintas violencias que forman parte de las dinámicas explotadoras: el contacto y la manipulación a través de las tecnologías (grooming) aprovechando las vulnerabilidades, agresiones sexuales físicas, la generación de imágenes de abuso sexual infantil a través de ese abuso, el intercambio posterior de este material y la explotación de la niña para agresiones por terceros, empleando de nuevo los canales digitales para contactar a los agresores. Estas dinámicas (contacto, agresión, difusión, intercambio) ocurren de manera conjunta, siendo difíciles de delimitar, lo que dif iculta el entendimiento de qué constituye en realidad la explotación sexual de la infancia y la adolescencia en los entornos digitales.
De hecho, más allá de noticias puntuales, ¿qué sabemos realmente de la explotación sexual de la infancia y la adolescencia en entornos digitales? ¿Hasta qué punto somos conscientes de la prevalencia de estas formas de violencia, de las conductas que abarca, o de cómo puede afectar a los niños, niñas y adolescentes? Y, sobre todo, ¿en qué medida hemos llegado a normalizar como sociedad algunas de las manifestaciones de esta violencia hacia la infancia o los riesgos que conducen a ella?
Con este informe, se pretende arrojar algo de luz sobre un fenómeno especialmente complejo y todavía difícil de delimitar, en parte por la falta de una definición única y por la ausencia de datos que revelen su prevalencia real, pero también en parte por la normalización de determinadas conductas que contribuyen a ocultar su gravedad. Para ello, se ha preguntado a profesionales y personas expertas en la materia, provenientes de diversos ámbitos: jurídico, ciberseguridad y delitos informáticos, psicología, criminología, academia e investigación, y del ámbito de la protección ylos derechos de la infancia. Además, se quiere conocer qué riesgos asociados a la explotación sexual digital identifica, asume y naturaliza la adolescencia en el entorno digital. Para ello, se ha realizado una encuesta a 1.008 jóvenes de entre 18 y 21 años, en la que se les ha preguntado por sus percepciones y conductas online durante la adolescencia, con especial foco en los conocimientos, creencias y experiencias relacionadas con la explotación sexual en línea.1 También se organizaron dos talleres presenciales con adolescentes de entre 15 y 18 años, para profundizar en las preocupaciones y riesgos que identifican en su uso de Internet, así como en cómo perciben y distribuyen la responsabilidad frente a la exposición a estos riesgos.
A partir de este análisis, se busca formular recomendaciones que fortalezcan la protección de niños, niñas y adolescentes frente a esta forma de violencia, también a través de los procesos legislativos actualmente en marcha, para que puedan ejercer de forma segura todos sus derechos en el entorno digital. Y se hace desde un enfoque de infancia, entendiendo que la tecnología y el mundo digital forman parte de la esfera en la que los niños, niñas y adolescentes se desarrollan, y que lo tecnológico está intrínsecamente ligado a su socialización, y también a cómo descubren y exploran su sexualidad, lo que implica riesgos específicos. Pero entendiendo también que estos riesgos no se originan en el vacío, sino que el ecosistema digital proporciona el caldo de cultivo que facilita y condiciona estas dinámicas.