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Somalia

Romper el silencio: las niñas somalíes denuncian la violencia

En la ciudad ribereña de Buloburte, en el centro de Somalia, más de 1000 mujeres y niñas se reunieron a finales del año pasado para hablar abiertamente sobre un tema que rara vez se aborda en público: la violencia contra la mujer.

La reunión tuvo lugar entre septiembre y diciembre de 2025, en el distrito de Buloburte, en la región somalí de Hiran, a unos 220 km al norte de Mogadiscio.

Se organizó en el marco del proyecto A.W.A.R.E (Wash, Protection Assistance Resilience in Emergencies, «Agua, protección, asistencia y resiliencia en situaciones de emergencia»), financiado por Caritas Somalia y aplicado por la organización local somalí VAD.

Aunque el programa se centra principalmente en el acceso al agua potable, los saneamientos y la higiene, en comunidades afectadas por años de conflicto y sequía, sus organizaciones afirman que abordar la violencia contra la mujer es esencial para mejorar la salud, la seguridad y la resiliencia.

Para muchas participantes, la sesión de sensibilización supuso un profundo punto de inflexión. En zonas rurales como Buloburte, las tradiciones culturales y el acceso limitado a la información suelen dejar a las niñas y las mujeres vulnerables frente a prácticas como el matrimonio precoz y la mutilación genital femenina (MGF).

El evento creó un espacio seguro para el diálogo, algo poco habitual. Las mujeres y las adolescentes compartieron experiencias y aprendieron que la violencia no es un asunto privado, sino una violación de la dignidad humana y la salud.

Entre ellas se encontraba Sureyo, una joven de 19 años de la aldea de Elmi Sadik, un pequeño asentamiento a las afueras de Buloburte. Como muchas niñas somalíes, ella fue sometida a la mutilación genital femenina cuando era niña, algo que decidieron y organizaron sus padres. «Pensaba que todas las niñas tenían que pasar por eso», dijo ella.

Durante la sesión, aprendió que la mutilación genital femenina está ampliamente reconocida como una práctica nociva.

«Aprendí que la violencia contra la mujer no es solo un asunto privado, sino algo que afecta a toda la comunidad. Y también me di cuenta de que el silencio solo empeora el problema y que juntos podemos cambiar las actitudes» – Sureyo.

El programa también presentó a las participantes las leyes y organizaciones que pueden proteger a las mujeres y las niñas. «Antes de la sesión, pensaba que no teníamos más remedio que quedarnos en silencio, pero ahora entiendo que expresarnos es nuestro derecho», concluyó Sureyo.

Para las organizaciones, la reunión demostró cómo el conocimiento puede cambiar las actitudes en comunidades donde el silencio ha prevalecido durante mucho tiempo. Cuando las niñas comprenden sus derechos, afirman que el miedo comienza a dar paso a la solidaridad y el cambio se hace posible.

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