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Primer aniversario de la declaración oficial de la actual epidemia de ébola: 365 días de brote y más de 10.000 muertos

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Madrid, 18 de marzo de 2015.- El próximo 23 de marzo se cumple un año desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconociera oficialmente que se estaba produciendo un brote de ébola en África Occidental. 365 días después de que la comunidad internacional comenzara a admitir que la situación podría desembocar en una epidemia sin precedentes y a tomar medidas efectivas al respecto, el panorama no puede ser más desolador: el virus se ha cobrado ya más de 10.000 vidas y los tres países más afectados se enfrentan a enormes retos para su reconstrucción en medio de una epidemia que ni siquiera ha terminado.
Pese a que el nivel de infecciones ha bajado considerablemente, alrededor de cien casos por semana, muy lejos de los más de mil que se observaron entre noviembre y diciembre del 2014, la epidemia aún no está controlada. “Las cifras son similares a las de agosto del año pasado”, alerta José Félix Hoyo, vocal de Operaciones Internacionales de Médicos del Mundo, “por lo que bajar la guardia ahora podría implicar un repunte a cifras similares a las que se llegaron a finales del 2014. Aún queda mucho por hacer”.

Todavía inmersos en la atención clínica de emergencia desde el hospital y los centros de aislamiento que Médicos del Mundo gestionan en Sierra Leona, la organización hace balance de la situación a un año de la declaración oficial de epidemia y basándose en su experiencia de más de diez años en el país y en su implicación en la lucha para contener el virus desde varios frentes.

Médicos del Mundo se suma a las críticas a la lentitud de reacción de la comunidad internacional y a la falta de recursos garantizados para adoptar medidas adecuadas de prevención en las fases iniciales de baja incidencia que podrían haber evitado la rápida expansión del brote.

La “europeización” del brote, con los primeros casos de infección fuera de las fronteras africanas y en nuestro propio país, ha puesto de manifiesto que el sensacionalismo oculta el verdadero drama que se vive en los países donde se origina la epidemia: la supervivencia es directamente proporcional al estado de salud previo de los pacientes y a las posibilidades de recibir una atención sanitaria de calidad. Ocupando los lugares más bajos en los índices de Desarrollo Humano, Liberia, Guinea y Sierra Leona eran un terreno abonado para la expansión epidémica. Con un médico por cada 40.000 habitantes en Sierra Leona, el brote ha colapsado unos ya de por sí deficientes y/o inexistentes sistemas locales de salud. Es urgente y necesario cuantificar las consecuencias sobre otras enfermedades y problemas crónicos existentes en los países afectados, y prepararse para dar una respuesta rápida y eficiente. Se necesita también un análisis y un esfuerzo de atención psicosocial especial. La epidemia ha detenido el progreso de los países más afectados y es urgente programar una respuesta adecuada y conjunta entre los países afectados y la comunidad internacional. Los objetivos de desarrollo sostenible, la lucha contra la desigualdad, el derecho a la salud de los pueblos y la cobertura sanitaria universal, no deberían ser una meta que posiblemente se consiga a duras penas, si no un compromiso obligatorio para la humanidad.

En palabras de Hoyo: “renovamos nuestro compromiso con la salud de los pueblos vulnerables. Seguiremos trabajando en Sierra Leona una vez se controle el brote. Pocas violaciones a ese derecho han sido tan evidentes como esta reciente epidemia. Pero la clave no es la reacción masiva a un problema concreto, que de hecho ni siquiera es económicamente eficiente1 . La clave son los planes de contingencia, la prevención, la resiliencia y el desarrollo”.