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A cinco años del tsunami: Informe de situación 2004 - 2009

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Prólogo

Hace cinco años, el 26 de diciembre de 2004, un fuerte terremoto junto a la costa de Sumatra generó un tsunami que se propagó por el Océano Índico. Millones de personas de todo el mundo presenciaron con horror en las pantallas de sus televisores las consecuencias del más grave desastre natural que se recuerde. Cerca de 230.000 personas de 14 países perdieron la vida.

La generosidad del p=FAblico después del tsunami fue extraordinaria. Durante los =FAltimos cinco años, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación Internacional) ha dirigido las donaciones recibidas a programas de recuperación que han beneficiado a casi 5 millones de personas de los cuatro países más gravemente afectados: Indonesia, Maldivas, Sri Lanka y Tailandia.

La operación, de enorme escala y alcance, ha permitido a miles de personas vivir en viviendas más sólidas y con una base económica y social más sostenible. Se han construido o se están terminando más de 57.000 viviendas. Más de 650.000 personas disponen de agua limpia para beber. Más de 94.000 hogares poseen barcas, redes de pesca o herramientas agrarias, o han restablecido sus medios de subsistencia con subsidios en efectivo. Se están acabando de construir o rehabilitar y están recibiendo los =FAltimos toques 363 hospitales y dispensarios. 161 escuelas están terminadas y 11 en construcción.

Estos logros no hubiesen sido posibles sin dos elementos =FAnicos de la Cruz Roja/Media Luna Roja: las redes a nivel de base activas antes, durante y después del desastre, y los fondos y la competencia de más de 100 Sociedades Nacionales hermanas de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja de todo el mundo. Tras el tsunami, el p=FAblico confió a la Cruz Roja/Media Luna Roja un volumen de donaciones sin precedentes, de más de 3.100 millones de francos suizos, aproximadamente la quinta parte del total de fondos donados en el mundo para asistir a las familias y las comunidades después de este desastre. Las primeras actividades se concentraron en atender a las necesidades más apremiantes de los afectados. Más tarde, el acento se trasladó a reconstruir las comunidades y restablecer los medios de subsistencia.

Entretejida a lo largo de esta operación quinquenal ha estado la obligación de dejar como legado comunidades más seguras y, arraigada en ellas, una Cruz Roja o Media Luna Roja más fuerte. Nuestro objetivo era reconstruir mejor, y eso hemos hecho.

En Maldivas, la asistencia de la Cruz Roja/Media Luna Roja después del tsunami ofreció una oportunidad para establecer una nueva Sociedad Nacional. En agosto de 2009, la nueva Media Luna Roja de Maldivas celebró su primera asamblea general. Ahora, las personas vulnerables de Maldivas tienen un nuevo defensor.

En el transcurso de los cinco años, la Cruz Roja/Media Luna Roja ha actuado consecuentemente con responsabilidad y transparencia no sólo ante el p=FAblico, que donó el 69 por ciento de los fondos para la respuesta al tsunami, sino también ante las comunidades afectadas por el desastre, cuya participación es vital para la sostenibilidad de los programas.

A medida que se aproxima el final de la ingente tarea de reconstrucción de viviendas, hospitales y sistemas de abastecimiento de agua y restablecimiento de los medios de subsistencia, percibimos más claramente lo que nos ha enseñado el tsunami y el cambio fundamental que esta operación ha inducido en la forma en que la Cruz Roja/Media Luna Roja responde a los desastres de gran escala.

Detrás de las impresionantes cifras estadísticas están las personas cuyas vidas hemos logrado mejorar: Kannapan Sivalin, de Sri Lanka, que por vez primera dispone de agua limpia para ella y sus hijos; Mariyam Saamira, de Maldivas, que rebosa de alegría en su "querida isla" después de vivir cuatro años en un refugio temporal; o Ismet Nur, de Indonesia, que después de "empezar desde cero" está feliz con su vida y una nueva bebé.

Pensamos también en la capacidad que hemos desarrollado en las Sociedades Nacionales. Umi Alfiyah, de 25 años, primero voluntaria y ahora miembro del personal de la Cruz Roja Indonesia, empezó su labor después del tsunami en Aceh. También ha trabajado en el terremoto de 2006 en Yogyakarta y en otro terremoto en 2009 en Sumatra Occidental. Su función es restablecer el contacto entre familiares separados por desastres.

"Disfruto mucho de este trabajo, especialmente cuando conseguimos reunificar familias. A través de otros programas se proporcionan bienes materiales. Nosotros respondemos a las necesidades emocionales de las personas y buscamos a sus familiares."

La importancia de capacitar a las familias y las comunidades para que adopten medidas de prevención por sí mismas, sin depender de apoyo externo, es una de las enseñanzas claras e inalterables que hemos extraído de la experiencia del tsunami.

El objetivo es, siempre, dejar a las personas en una situación mejor que antes del desastre, reforzar sus mecanismos para reaccionar ante situaciones difíciles y fortalecer su resiliencia ante cualquier evento que pueda deparar el futuro. Este es el verdadero legado de la operación del tsunami.