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Centro América: Tormenta Tropical Eta & Huracán Iota: Seis Semanas Después (As of 22 December 2020)

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Impacto de Eta & Iota suma a crisis existentes

La tormenta tropical Eta y el huracán Iota azotaron Centroamérica en noviembre, trayendo consigo fuertes vientos, graves inundaciones y deslaves en países que se enfrentan a vulnerabilidades arraigadas y a las consecuencias de la pandemia COVID-19.

La tormenta tropical Eta y el huracán Iota tocaron tierra el 3 de noviembre y el 16 de noviembre, respectivamente, con ambos chocando contra Nicaragua antes de desplazarse hacia el oeste sobre Honduras y Guatemala. Las tormentas trajeron vientos de hasta 240 km/h y lluvias de hasta 600 mm. Las inundaciones y los deslaves dañaron o destruyeron viviendas e infraestructura en el sudeste de México, partes de Belice, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, casi todo Honduras y partes del norte de Colombia.

Además de los daños materiales inmediatos, Eta e Iota impulsaron a que miles de personas buscaran refugio en albergues, muchos de los cuales presentaban capacidades limitadas en materia de seguridad sanitaria para prevenir la propagación de COVID-19, lo que despertó el temor de brotes localizados a medida que los centros y las redes de salud que resultaron afectados intentaban restablecer su funcionamiento. Las tormentas también dañaron o destruyeron cultivos y cosechas que eran fuentes críticas de medios de vida y de seguridad alimentaria para muchas familias que ya se enfrentaban a dificultades económicas como resultado de la pandemia.

Honduras y Guatemala, que forman parte del Norte de Centroamérica (NCA) junto con El Salvador, y Nicaragua, se vieron especialmente afectados por las tormentas gemelas, con cifras oficiales de estos países que en conjunto ascienden a por lo menos 7,3 millones de personas afectadas.

Las secuelas de las tormentas en Centroamérica se suman a las vulnerabilidades de larga data de una región propensa a sequías e inundaciones cíclicas, violencia crónica, violencia de género y desplazamientos dentro y fuera de las fronteras, una elevada pobreza y un acceso desigual a los servicios básicos, los alimentos, el agua potable y los medios de vida.

Honduras y Guatemala ya tenían un total de 4,6 millones de personas con necesidades antes de la pandemia COVID-19 y de Eta e Iota.

Además, ETA y Iota han asestado un fuerte golpe a unas comunidades sumamente vulnerables con necesidades ya existentes que se han visto agravadas por la pandemia COVID-19 durante gran parte de 2020, creando una compleja red de necesidades interrelacionadas que podrían persistir durante los próximos años.

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