Movilidad humana, desastres naturales y cambio climático en América Latina: De la comprensión a la acción

Introduction

Según lo revela el último informe del Consejo Noruego para Refugiados, en el 2014 más de 19 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares por inundaciones, tormentas y terremotos, que significa una cifra hasta cuatro veces superior a las migraciones por conflictos armados. El Panel Intergubernamental del Cambio Climá-tico (IPCC) asegura que para el año 2050 la cifra de desplazados ambientales puede alcanzar los 250 millones.

Afortunadamente, durante los últimos años, en la región latinoamericana paulatinamente está creciendo la comprensión y el interés de profundizar y entender la interrelación y dinámica entre desastres naturales y cambio climático con las distintas formas de movilidad humana, tanto desde las zonas de expulsión como de las zonas de acogida. Este avance, aunque lento, está contribuyendo a acortar la brecha entre el mundo de los ambientalistas y los sectores que se preocupan por los derechos de las personas en situaciones de vulnerabilidad que se ven forzadas a desplazarse, y que, históricamente, no han encontrado puntos de convergencia entre sus agendas de trabajo.

Las diferentes dimensiones de migración han sido una manera de adaptación a la realidad socioeconómica en la búsqueda de una mejor vida y/o de sobrevivir. Frente a las consecuencias del cambio climático y de desastres naturales, se observan distintas formas de movilidad humana, para mencionar solo dos: la migración como medida de adaptación o desplazamiento forzado por fenómenos violentos. Importante para ambos casos es garantizar los derechos humanos y la protección de las personas afectadas, y el apoyo hacia la inserción en la población económicamente activa en la zona de acogida.

Para el año 2015 en Latinoamérica, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima un total de 1,5 millones de personas desplazadas por desastres naturales y prevé que el cambio climático exacerbe el desplazamiento de personas a lo largo de este siglo. Datos extraoficiales podrían duplicar esta cifra para el año 2017, considerando la fuerte temporada de hucanes en el Caribe y los terremotos de hasta 8 grados en la ciudad de México. Aunque los desastres naturales no siempre son la única causa de la migración, sus impactos debilitan los medios de vida de las personas afectadas, por lo que el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) reconoce a la migración como una estrategia de adaptación eficaz, capaz de dar respuestas, tanto a eventos climáticos extremos como a variabilidad y cambio climático a largo plazo.
A nivel internacional, los acuerdos arribados en Cancún, Durban y Doha, proponen una primera generación de trabajos de investigación y recomendaciones iniciales como respuestas operativas frente a esta problemática; el más reciente Acuerdo de París contribuye también a equipar efectivamente a los Estados con herramientas só-lidas para guiar su trabajo en esta área. El equipo de tareas del Acuerdo de París, en el ámbito del Mecanismo Internacional de Varsovia ya está en conformación y existe un grupo de asesoramiento técnico trabajando en recomendaciones específicas sobre el tema. Si bien, el desplazamiento inducido por el cambio climático, la degradación ambiental o desastres naturales es inevitable, es posible reducir los impactos, al momento que los gobiernos desarrollan políticas públicas orientadas a garantizar una movilidad humana con dignidad en todas sus formas y dimensiones (desplazamiento, migración, reubicación planificada).6 Debido a que el desplazamiento en el contexto de un desastre, incluido el que se realiza a través de fronteras internacionales, es ya una realidad en muchas partes del mundo, 110 países están respaldando los contenidos de la “Agenda para la Protección de los Desplazados Transfronterizos en el Contexto de los Desastres Naturales y el Cambio Climático” de la Iniciativa Nansen, desde octubre de 2015. Los gobiernos de Suiza y Noruega promueven y liderizan dicha iniciativa desde 2012, al entender que el Derecho Internacional actual no dispone de ninguna normativa que garantice el ejercicio pleno de derechos de las personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares por un desastre natural, cruzando incluso fronteras internacionales sin recibir ningún tipo de asistencia.

En 2016, durante la Cumbre Humanitaria Mundial, fue lanzada la Plataforma sobre Desplazamientos por Desastres (PDD), seguimiento de la Agenda de Protección de la Iniciativa Nansen. Brasil y Costa Rica son los únicos países del continente que forman parte del Grupo Directivo de la Plataforma y que posiblemente asumirán la coordinación de implementación de acciones en el marco de la PDD.7 En este contexto también es relevante considerar otro punto de partida que propone la Agenda 20/30 con su principio de nooneleftbehind. Esta promesa de “no dejar a nadie atrás” es el centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la Nueva Agenda Urbana (NAU) de 2016, después de la conferencia internacional de HÁ-BITAT III en Ecuador.