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Haití: voluntarios de la Cruz Roja ayudan a heridos y enfermos en barrios marginales

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La labor de los voluntarios de la Cruz Roja de Haití es peligrosa y estresante, ya que se ocupan de evacuar a los heridos y los enfermos de barrios marginales de Puerto Príncipe y tienen que tomar decisiones de vida o muerte con los líderes de las pandillas.

Segundos después de haber recibido una llamada por radio, Jude Celloge, de 23 años, ordena a su equipo de voluntarios de la Cruz Roja que se prepare para evacuar a un hombre y a una mujer hacia la clínica de Médicos sin Fronteras.

La adrenalina aumenta, y los voluntarios se suben rápidamente a la ambulancia de la Cruz Roja, que avanza, anunciándose con la sirena, por las empinadas calles de Martissant, un suburbio en el sur de Puerto Príncipe, considerado como el más violento de la capital.

Jude y otros dos voluntarios desaparecen en las calles angostas, donde las casas están tan cerca unas de otras que sólo se puede pasar en fila. Abriéndose paso, gritos mediante, los voluntarios de la Cruz Roja logran sacar a los pacientes en una camilla.

El pesado tráfico y los coloridos taxis respetuosamente se hacen a un lado cuando la ambulancia de la Cruz Roja intenta pasar rápidamente para llegar a la clínica de Médicos sin Fronteras. Diez minutos más tarde, la ambulancia deja a los dos pacientes en la clínica, donde la mujer será atendida por hemorragias internas y el hombre, por problemas estomacales severos.

Desde que comenzó el servicio de ambulancias de la Cruz Roja, a finales de marzo de 2008, los voluntarios han evacuado a unos mil pacientes. La mayoría de ellos fueron mujeres a punto de dar a luz o personas con enfermedades crónicas.

Pero a veces los pacientes también son víctimas de la violencia de pandillas.

"En los días previos a Navidad, atendimos 97 víctimas de apuñalamientos y tiroteos", dice Jude. "En ese período, las pandillas tratan de obtener dinero, y la violencia aumenta."

En marzo de 2007, la ONU lanzó una ofensiva militar en Martissant y en Cité Soleil, otro barrio marginal de la capital. La operación produjo la muerte o el arresto de los principales líderes de las pandillas, por lo que la violencia disminuyó considerablemente. Sin embargo, el CICR contin=FAa dialogando con los miembros de las pandillas para asegurarse de que respeten la neutralidad y la imparcialidad del emblema de la cruz roja.

Las pandillas están más activas en Martissant, sobre todo en los distritos adyacentes de Tibois y Grand Ravine. En estos lugares, el CICR contactó a conocidos miembros de pandillas y a líderes comunitarios antes de comenzar a prestar su servicio de ambulancias.

De todos modos, la tarea puede ser muy riesgosa y estresante.

"A veces, después de un tiroteo, dos pandillas nos llaman para que vayamos a buscar a los heridos y tengo que decidir adónde enviar primero la ambulancia", dice Celloge, subrayando que siempre se da prioridad a los casos más graves.

Los 80 voluntarios son de Martissant y conocen los peligros de la tarea. Reciben 300 "gourdes" por día (unos siete dólares estadounidenses), "dinero del peligro", pero aparte de Celloge, la mayoría trabajan a tiempo parcial y cumplen sólo algunos turnos por mes.

Su mayor retribución es saber que están haciendo algo por mejorar la vida de la gente.

"Antes, a una mujer a punto de dar a luz podía llevarle dos horas llegar hasta la clínica de Médicos sin Fronteras, pero ahora sólo tiene que discar 118 y la trasladan en forma gratuita; la acompañan voluntarios capacitados en primeros auxilios y técnicas de estabilización", dice Celloge.

Dado que no hay ambulancias estatales en Haití, los pobres dependen de los servicios de las organizaciones como la Cruz Roja y Médicos sin Fronteras. En Martissant, Médicos sin Fronteras tiene dos ambulancias para casos de emergencia, pero la demanda es tan alta que les gustaría que la Cruz Roja también tuviera dos.

Sin embargo, los fondos son limitados. La Cruz Roja comenzó a recoger a los heridos cuando la violencia llegó a un punto máximo a finales de 2004. Desde entonces, han evacuado a miles de personas de Cité Soleil en taxis acondicionados como ambulancias y señalizados con el emblema de la cruz roja. La filial local tiene planes para contar con su propia ambulancia más adelante en 2009.

Los voluntarios hablan con orgullo de su trabajo y de cómo los motiva el deseo de ayudar a su comunidad. Pero el compromiso pude tener un precio.

Jean Guerlain, de 25 años, era uno de los voluntarios de la Cruz Roja que trabajaba en Cité Soleil. En julio de 2006, recibió un disparo en la boca cuando salía de la oficina de la filial de la Cruz Roja para reunirse con un miembro de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Sangrando profusamente, logró arrastrar al funcionario de la ONU para ponerlo a resguardo; luego perdió la conciencia.

Hoy en día, después de haber sido sometido a seis operaciones, tiene paralizada la parte inferior del rostro y habla con gran dificultad. Pero a pesar del dolor constante y del estigma de sus severas deformaciones faciales, sigue ayudando a evacuar a los enfermos de Cité Soleil.

Su trabajo es muchos menos peligroso que cuando fue herido, pero teme que los tiempos violentos vuelvan.

"La gente está enfadada y disconforme. Hay poco para comer y nada para hacer", dice, y añade que los políticos siempre han usado a los pobres de los barrios marginales de la capital para provocar su descontento y usarlo para sus propios fines. Concluye: "Me temo que siempre habrá trabajo para la Cruz Roja en Cité Soleil y Martissant".