Guatemala

Sin casa, ni agua, ni comida: El triple impacto de Eta, Iota y COVID19 en las familias más vulnerables de Guatemala

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Por Rodrigo Mussape

La tormenta Tropical Iota deja huellas muy profundas en la vida de miles de familias en Guatemala y otras áreas de Centro América, ya fuertemente impactadas por el huracán Eta surgido 2 semanas antes y en plena pandemia por el coronavirus. En Cobán, Alta Verapaz, en el norte del país guatemalteco, una de las zonas más afectadas, los deslizamientos de tierra han enterrado unas 150 viviendas, obligando a las familias evacuadas a dormir en albergues habilitados por el Gobierno y varias organizaciones humanitarias.

**Cobán, Guatemala **- El huracán Eta empezó a afectar a los habitantes de Cobán, en el norte de Guatemala, el pasado 3 de noviembre.

“El viento empezó a soplar muy fuerte y me preocupaba que los árboles pudieran dañar nuestra casa; el jueves, la casa se empezó a agrietarse”, recuerda Sonia Magaly Pa.

Los días siguientes, la situación fue empeorando de tal manera que Sonia y su familia tuvieron que dejar de manera urgente y definitiva su casa a petición de las autoridades.

Para Sonia, es muy difícil lograr encontrar las palabras para explicar a sus hijos que lo han perdido todo. Esta familia humilde estuvo ahorrando cada centavo durante años para dejar una herencia a sus hijos: “La nueva construcción que hicimos hace 4 meses se hizo pensando en que en un futuro fuera apto para dos pisos para nuestros hijos”, comenta Sonia, llorando.

“Yo estuve ayudando a mi papá a construir este lugar, viví acá por 13 años y ahora lo perdimos todo y me duele no volver”, añade Hernán, su hijo mayor de 13 años, desamparado. Su hija de 7 años, Dafne, piensa que nunca van a volver y reza para que le devuelvan su hogar.

Sonia y su familia se encuentran ahora hospedados indefinidamente en un albergue junto con otras 11 familias. Cada familia tiene a su disposición una sala de 20 metros cuadrados y duerme en colchones hinchables y usa ropa doblada en lugar de almohadas. Los 53 convivientes comparten entre todos dos baños y una sola ducha provisional. Las autoridades locales rellenan algunos toneles de agua y gracias a las donaciones pueden comer 3 veces al día.

La historia de Sonia no es un caso aislado. Según datos recientes de CONRED, los deslizamientos de tierra, derrumbes, hundimientos e inundaciones afectaron a más de 1,8 millones personas en todo el país. Más de 222.000 fueron evacuadas y aproximadamente 30.000 personas se encuentran todavía en albergues oficiales y más de 192.000 en refugios informales o casas de familiares.

Josefin Poucú, residente también de Cobán, viuda y madre de 6 niñas y niños de entre 3 y 18 años (una de ellas, madre soltera de 17 años tiene un bebé de 2 meses) también ha sufrido en primera persona las consecuencias de los huracanes Eta e Iota.

Los días siguientes, la situación fue empeorando de tal manera que Sonia y su familia tuvieron que dejar de manera urgente y definitiva su casa a petición de las autoridades.

Para Sonia, es muy difícil lograr encontrar las palabras para explicar a sus hijos que lo han perdido todo. Esta familia humilde estuvo ahorrando cada centavo durante años para dejar una herencia a sus hijos: “La nueva construcción que hicimos hace 4 meses se hizo pensando en que en un futuro fuera apto para dos pisos para nuestros hijos”, comenta Sonia, llorando.

“Yo estuve ayudando a mi papá a construir este lugar, viví acá por 13 años y ahora lo perdimos todo y me duele no volver”, añade Hernán, su hijo mayor de 13 años, desamparado. Su hija de 7 años, Dafne, piensa que nunca van a volver y reza para que le devuelvan su hogar.

Sonia y su familia se encuentran ahora hospedados indefinidamente en un albergue junto con otras 11 familias. Cada familia tiene a su disposición una sala de 20 metros cuadrados y duerme en colchones hinchables y usa ropa doblada en lugar de almohadas. Los 53 convivientes comparten entre todos dos baños y una sola ducha provisional. Las autoridades locales rellenan algunos toneles de agua y gracias a las donaciones pueden comer 3 veces al día.

La historia de Sonia no es un caso aislado. Según datos recientes de CONRED, los deslizamientos de tierra, derrumbes, hundimientos e inundaciones afectaron a más de 1,8 millones personas en todo el país. Más de 222.000 fueron evacuadas y aproximadamente 30.000 personas se encuentran todavía en albergues oficiales y más de 192.000 en refugios informales o casas de familiares.

Josefin Poucú, residente también de Cobán, viuda y madre de 6 niñas y niños de entre 3 y 18 años (una de ellas, madre soltera de 17 años tiene un bebé de 2 meses) también ha sufrido en primera persona las consecuencias de los huracanes Eta e Iota.

“El río Cahaboncito empezó a crecer y la corriente empezó a llevar todas nuestras pertenencias. Logré sacar a mis hijos y subimos donde un vecino que vive más alto. El agua seguía subiendo hasta que cubrió toda la casa hasta 3 metros de alto y no pude sacar nada más”, explica: “Luego nos trasladaron a esta capilla en el cementerio, pero acá no tenemos ni agua, ni electricidad, ni siquiera un baño. Y comida, casi no nos traen, porque a los voluntarios les resulta muy lejos venir hasta acá”.

Muchas de las familias afectadas de la zona de Cobán están en una situación precaria: no tienen a dónde ir. Walter Cu, vicepresidente del Consejo Comunitario de Desarrollo Urbano y Rural de la Comunidad de Petet Satulum comenta que 27 de las 56 familias que viven en esta comunidad no podrán regresar a sus casas. Las autoridades aún no saben dónde alojarlos por falta de recursos. “Necesitan de un terreno, no pueden regresar y ahora no tienen comida, ni ropa y muchos de ellos tampoco tienen trabajo. Necesitamos ayuda para todos”, explica.

La llegada de los huracanes en medio de la pandemia por el COVID-19 incrementa aún más la vulnerabilidad de los niños, niñas y adolescentes. El riesgo de enfermedades trasmitidas por el agua es enorme ante las condiciones sanitarias precarias y el acceso limitado a agua potable y alimentos adecuados. Por ello, entre otras acciones, UNICEF Guatemala está repartiendo 1.900 kits de higiene para las familias damnificadas con el objetivo de mitigar los efectos de los huracanes en los niños, niñas, adolescentes y sus familias, y ayudar en la conservación de condiciones de higiene básicas.

En 7 países centroamericanos, el huracán Eta afectó a alrededor de 4,6 millones de personas, entre ellos alrededor de 1,8 millones de niños, según estimaciones iniciales de UNICEF. Casi una semana después, la tormenta tropical Iota, el huracán atlántico más fuerte en lo que va de año, continúa provocando lluvias que están generando inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra que pueden resultar mortales en algunas partes de Honduras, Nicaragua, Guatemala, Belice, El Salvador, Costa Rica y Panamá.

UNICEF requiere 42,6 millones de dólares para llegar a más de 646.000 personas, incluidos 327.000 niños, con suministros vitales y servicios básicos en refugios y comunidades, en las zonas más afectadas de Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Como se prevé que las necesidades aumenten después de que el huracán Iota haya azotado América Central, es muy probable que esta solicitud de financiación inicial aumente significativamente en los próximos días y semanas.