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Corredor Seco América Central Informe de Situación - Junio 2016

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Situation Report
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Datos

1.6 millones personas en inseguridad alimentaria

3.5 millones personas necesitan asistencia humanitaria (población total en el Corredor Seco: 10.5 millones)

50 a 90 % las cosechas de granos básicos perdidas

17 millones de USD el déficit de financiación

CONTEXTO/MENSAJES CLAVES

El Corredor Seco Centroamericano, en particular Guatemala, Honduras y El Salvador está viviendo una de las sequias más graves de estos últimos 10 años, dejando a más de 3.5 millones de personas necesitando asistencia humanitaria.

Los productores a pequeña escala y las comunidades rurales son las más vulnerables a la sequía convirtiéndola en un fenómeno socioeconómico importante por sus efectos en la pérdida de medios de vida, la descapitalización de las pequeñas economías familiares, el empobrecimiento y la migración hacia los centros urbanos sobrepoblados.

La baja sensible en la producción agropecuaria, también crea un riesgo de agotamiento de reservas de alimentos, disminuye la diversidad de la dieta y reduce la ingesta energética de la población afectada, aumentando los casos de desnutrición en niños menores de cinco años.

FAO monitorea constantemente el fenómeno de El Niño que si bien se ha disipado en la región, todavía tiene consecuencias dramáticas sobre la seguridad alimentaria y nutricional de las poblaciones vulnerables tras la pérdida de dos cosechas consecutivas de granos básicos.
El impacto del fenómeno del Niño sobrepasa las capacidades de una sola organización o de un solo gobierno y requiere de unas alianzas estratégicas por parte de la comunidad internacional.
Según las proyecciones climáticas, consistentes con las tendencias históricas, un fuerte fenómeno El Niño al disiparse favorece la formación de una Niña.

La Niña, asociada con lluvias superiores a lo normal durante los meses de junio a agosto, podría beneficiar a la cosecha de primera de granos básicos que se están sembrando en condiciones de sequía. Sin embargo, la probabilidad de lluvias en exceso asociada con una temporada de huracanes del Atlántico más activa (junio-noviembre), típico de un episodio de La Niña en la región, podría tener graves consecuencias para el sector agrícola.