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La protección internacional de refugiados en las Américas

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Presentación

La problemática de los refugiados es uno de los temas más complejos que enfrenta en la actualidad la comunidad mundial y por ello es objeto de intensos debates en las Naciones Unidas, que siguen buscando medios más eficaces para proteger y asistir a este grupo especialmente vulnerable, compuesto por un 80% de mujeres y niños.
Aunque algunos desplazamientos humanos pueden ser evitables, hay que reconocer que ninguno es voluntario. A nadie le gusta ser refugiado y nadie elige serlo. Ser refugiado va más allá de ser extranjero, significa vivir en el exilio y depender de otros para cubrir necesidades básicas como la alimentación, la vestimenta y el albergue.
La situación de los refugiados se ha transformado en un ejemplo clásico de la interdependencia de la comunidad internacional pues demuestra plenamente cómo los problemas de un país pueden tener consecuencias inmediatas dentro de otros países.
La condición del refugio está estrechamente relacionada con los derechos humanos. Por lo tanto, las violaciones de los derechos humanos no sólo son una de las principales causas de esta movilización humana sino que también, descartan la opción de la repatriación voluntaria, mientras persista la situación de peligro de este grupo.
En algunos casos, los derechos de los refugiados son ignorados o desconocidos, por ello durante el proceso de solicitud de asilo, muchos tienen que hacer frente a medidas restrictivas que les niegan el acceso a territorios seguros. En oportunidades los solicitantes de asilo y los refugiados son detenidos y devueltos a la fuerza hacia lugares donde su vida, su libertad y su seguridad corren peligro. Muchos son atacados por grupos armados; otras veces son reclutados por las Fuerzas Armadas o reclutados por la fuerza por grupos armados para combatir en conflictos civiles. Además, los solicitantes de asilo y los refugiados también son víctimas de agresiones racistas y xenófobas.
El respeto por los derechos humanos, en las actuales corrientes de refugiados, es una condición necesaria tanto para prevenir como para solucionar estas movilizaciones involuntarias. Como señaló en su momento la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los refugiados, Sadako Ogata: “La cuestión de los refugiados debe plantearse a todos los gobiernos y a todos los pueblos como prueba de su respeto por los derechos humanos”.
Todos los solicitantes de asilo y los refugiados, sin excepción, gozan de los derechos y libertades fundamentales puntualizados en los instrumentos internacionales de derechos humanos. Por lo tanto, la protección de los refugiados debe contemplarse en el contexto más amplio de la protección de los derechos humanos.
El problema de los refugiados sigue desafiando a la comunidad internacional. Mientras que los Estados que acogen a refugiados deben mantener su compromiso de protegerlos y alentar la tolerancia de la diversidad, los Estados que provocan la condición de refugiado deben evitar actos que originen éxodos masivos de sus poblaciones.
La creación en el marco de las Naciones Unidas de dos organizaciones separadas encargadas de los derechos humanos y de los refugiados, respectivamente, no significa que no exista una relación entre ambos mandatos.
Esta publicación precisamente busca expresar la íntima vinculación de la labor de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y la de la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados en el sentido de que ambas comparten el propósito de la salvaguardia de la dignidad humana.
El mundo necesita llegar a un acuerdo sobre la mejor manera de prevenir nuevas corrientes de refugiados. Deben estudiarse más y rectificarse las causas fundamentales de esas situaciones. Si la pobreza es la causa principal de las corrientes de refugiados, debieran encontrarse soluciones en la asistencia para el desarrollo o la asistencia técnica. Si las violaciones de los derechos humanos son la causa principal de los éxodos masivos, la solución podría estribar en una vigilancia continua por parte de los órganos de derechos humanos de las Naciones Unidas, la condena de las violaciones por parte de la comunidad internacional y el nombramiento de relatores especiales para estudiar situaciones específicas y formular sugerencias. Si los conflictos violentos son la causa de las corrientes, podrían encontrarse soluciones en una diplomacia preventiva, en la promoción de la mediación como una vía para solucionar los conflictos y en el respeto a las disposiciones del derecho humanitario.

Guillermo Fernández-Maldonado C.

Asesor en Derechos Humanos del Sistema ONU en Ecuador Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos