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Inundaciones que se llevan la esperanza de renovar documentos

QUITO, Ecuador, 14 de agosto (ACNUR). Sin avisar, el Putumayo creció y dejó todo anegado bajo su mar. El río creció como no lo había hecho por cuarenta años. Potente y sin barreras, atrapó las viviendas de las comunidades que a sus orillas, en la frontera norte ecuatoriana, acogen a refugiados colombianos y ecuatorianos en esta franja donde se mezclan el conflicto, la naturaleza onerosa y la incertidumbre del futuro.

“El río se me llevó 30 gallinas. Me tocó irme así, conforme estoy, me sacó mi vecino. Y no pude llevar nada más”, explica Rosaura, en la comunidad de La Ceiba, ajada por los años y la dureza de la vida amazónica

La tierra ha perdido sus frutos, el agua se ha llevado los cultivos, la ropa, las cocinas, los pocos enseres que tenían. Así lo narran los pobladores de esta área del oriente ecuatoriano, en la provincia de Sucumbíos, al personal de ACNUR que, junto con el Programa Mundial de Alimentos y la Dirección Provincial de Salud han acudido a la zona para atender las necesidades más urgentes. Cerca de 400 personas han sido atendidas por parte de la Brigada de una brigada médica, para prevenir la propagación de enfermedades como el dengue o la malaria, muy común en esta zona selvática y que, con la crecida, se aumenta el riesgo de propagación.

“Yo siempre salgo de mi casa y vengo cuando hay una brigada. Aquí es difícil que venga un médico, y llegar a los centros de salud es difícil y costoso”, aseguraba Carmela.

Para paliar, además, la precaria situación de salud, unas 144 familias de las comunidades de la Ceiba, Real Cumbi, Bocana Cuembi, Los Chíparos, y San José de Wishuyá han recibido kits de higiene. A pesar de la ayuda alimentaria entregada por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), todos se lamentan de que el proceso de recuperación económica llevará por entre cuatro y seis meses más, durante los cuales conseguir alimentos se plantea una quimera.

“Para el ACNUR era importante apoyar los esfuerzos de las autoridades locales, en atender a las comunidades afectadas en esta zona, que consisten tanto de refugiados y de comunidades de acogida. En este sentido, se ha trabajado en coordinación con el comité de emergencia provincial, miembros de la sociedad civil, y otras organizaciones internacionales como el PMA y Oxfam para complementar y no duplicar”, explica Reem Al Salem, Jefa de la Sub Oficina de Acnur en Lago Agrio (Sucumbíos).

En la orilla ecuatoriana del río fronterizo de Putumayo existen veinte comunidades que acogen una población donde el 60% de las personas son refugiadas. La falta de acceso a servicios básicos como el agua potable, sanidad o educación secundaria amenazan a estas empobrecidas comunidades rurales donde el principal sustento surge de la producción agrícola. Y donde la exposición al conflicto que afecta la vecina Colombia no sólo se ve en la llegada de personas que huyen.

Arvey Luis lleva 45 años viviendo en Los Chíparos, y sólo recuerda que en 1970 pasó algo igual. “La gente estaba desesperada. El agua subió por encima de las casas durante tres días.” “Con esto, ahora no podemos salir a renovar nuestras visas de refugio. Lo poco que teníamos se ha perdido, y es costoso ir hasta la ciudad para hacer los papeles”, añade este refugiado padre de 6 hijos.

“Nos preocupa que muchas personas refugiadas que viven en la zona no puedan renovar sus documentos a tiempo. Estamos en conversación con la Dirección de Refugio, el organismo nacional encargado de manejar los temas de asilo en el Ecuador para encontrar una solución a la mayor escasez de recursos que tienen ahora y que les impide la posibilidad de renovar sus visas. Sabemos que al menos 70 personas solo en estas comunidades necesitan renovar sus documentos, y otros 28 quieren solicitar asilo. La necesidad de protección sigue existiendo junto con las necesidades de asistencia humanitaria”, añade Al Salem.

El río ha bajado estos días, pero “la conejera”, como llaman por acá esas crecidas, ha dejado caras que esperan apoyos, manos que desean recomponer lo perdido.

Arantxa Gurtubay en Lago Agrio/ Sonia Aguilar en Quito

ACNUR