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Ecuador

Damnificados de Putumayo, sin ayuda

Miguel Ángel González. Redactor Domingo 23/09/2012

El río San Miguel, que llega desde Carchi hasta Sucumbíos, se ve calmado. Su aparente quietud mantiene tranquilo al poblado Sinchi Runa. Esta comunidad se conecta con Tipischca, ambos poblados del Putumayo, gracias a un puente metálico.

El viaducto, construido hace 12 años, está a 15 metros sobre el nivel del río. Pero cuando llegaron las lluvias el 19 de julio pasado se desbordó hasta afectar a la comunidad Sinchi Runa.

En este lugar, las casas están dispersas y se levantan a los costados de una vía lastrada. Se confunden entre los árboles y demás vegetación que fueron cubiertas, hace dos meses, con el agua achocolatada del San Miguel. Entre estas aparece la finca de la familia Huatatoca. La casa está hecha de madera de guayacán y zapote. Se levanta sobre cuatro pilares afectados por las inundaciones.

En la vivienda está Johanna Huatatoca, de 18 años. La joven usa botas de caucho y porta un machete para cortar las pocas mazorcas de cacao que se salvaron tras la inundación. “El agua llegó poco a poco. Tuvimos que salir nadando hasta la vía”.

Ese día, Huatatoca cargó a su hija sobre su espalda. El agua del río San Miguel, que pasa a 100 metros de la finca, le llegó a Johanna hasta el pecho. Con sus manos agarró a unos pollos pequeños y los llevó hasta la poca tierra que se veía entre el agua lodosa.

Tres hectáreas de cultivos de cacao y plátano se dañaron en la finca de esta familia. Luego de las inundaciones, les llegó ayuda pero “solo nos entregaron una cobija y un toldo”, contó Johanna. En la casa viven 12 personas.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados de Lago Agrio (Acnur), hay 19 comunidades perjudicadas por el temporal de julio pasado. A lo largo de la frontera con Colombia se asientan 41 comunidades que están bañadas por los ríos San Miguel y Putumayo.

Alrededor de 550 familias (más de 1500 personas) perdieron sus cultivos, que en su mayoría son de café, cacao, plátano y arroz. A ello se añaden las pérdidas de ganado bovino, porcino y aviar.

Segundo Londoño, alcalde de Putumayo, explica que cuantificar los daños es complicado, debido a la dificultad para acceder a todas las zonas. Esto porque hay comunidades a las que se llega en canoa. “Se está planificando la entrega de semillas de productos de ciclo corto como maíz, arroz y yuca”, afirma Londoño.

La desventaja que afrontan los damnificados es el tiempo que deben esperar para ver los frutos de la primera cosecha.

Por ejemplo, el maíz, dependiendo de la variedad, estará listo para el consumo luego de cinco o seis meses. El cacao, en cambio, puede tardar hasta dos años.

En la parroquia Santa Elena hay familias que no tienen un terreno para cultivar. Algunos los alquilan para sembrar productos de ciclo corto. Con la cosecha pagaban el alquiler de cada hectárea, que cuesta USD 50 o más.

Raúl Parra, de 52 años, es uno de los agricultores que perdió tres hectáreas y media de cultivos de yuca, maíz y plátano.

Él arrienda 4 hectáreas en el sector de Piñuña Blanca, río abajo de Santa Elena, en dirección a Perú. Paga USD 200, pero ahora no tiene dinero. Por eso, en estos días busca trabajo en fincas cercanas que no fueron afectadas.