Ecuador

Afectados esperan su reubicación

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Lineida Castillo. Red. Cuenca 00:01 Domingo 02/12/2012

En 50 sectores de la capital azuaya son visibles las afectaciones causadas por el último invierno. Hay inmuebles total o parcialmente destruidos, así como terrenos fisurados. Las familias siguen esperando por su reubicación.

En el último invierno hubo más de 50 deslizamientos y derrumbes. Los mayores daños se registraron en la ciudadela Jaime Roldón, en los barrios Los Pinos y El Aguacate, y en las parroquias Llacao, Paccha y Nulti.

Según las autoridades locales, hay un reporte de 500 casas afectadas desde el 2007. Pero esa lista se ha reducido porque no todas las familias podrán beneficiarse de la reubicación impulsada por el Gobierno y el Municipio. Ahora hay 120 aprobadas, dijo el concejal, Carlos Orellana.

Los requisitos que deben cumplir los afectados para acceder a la ayuda son: ser dueño del bien afectado, no tener otra casa, ser de escasos recursos económicos y el inmueble debió colapsar totalmente, según José Brito, director del Ministerio de Desarrollo Urbano (Miduvi) en el Austro.

La casa de Gustavo Buele, de 50 años, ubicada en la Jaime Roldós, (norte de Cuenca), es una de las 12 que colapsaron en este año, pero él no se beneficiaría del bono. La razón: a su nombre está la vivienda de uno de sus hermanos que vive en España. Ahora, Buele vive en la casa de un cuñado que también está en EE.UU. “El trámite en el Miduvi me negaron”.

Las casas de su padre y de una hermana (madre soltera) colindaban con la de Buele y también colapsaron. Los trámites de estos dos últimos (ocho personas) sí fueron aceptados por el Miduvi.

Hace un mes, el Concejo Cantonal aprobó la Ordenanza que regula y prioriza la entrega de las viviendas. Orellana dijo que en la próxima semana entregarán las 10 primeras casas en Capulispamba, y las otras 46 del primer grupo estarán en Miraflores.

El concejal añadió que para la entrega se priorizó a las familias que tienen hijos con alguna capacidad especial, madres solteras, adultos con enfermedades graves. “Así lo establece la Ordenanza”.

Las casas que construye el Gobierno cuestan USD 20 000, de los cuales 12 000 corresponden al bono de la vivienda, 5 000 son aporte del Municipio y 3 000 pagará el beneficiario. Dependiendo de la situación económica de la familia hay exoneraciones.

Testimonios

‘Aún no sé si me reubicarán’

Vivo en la llamada zona del desastre de la ciudadela Jaime Roldós y me resisto a salir porque no tengo otro lugar dónde ir. Este deslizamiento me separó de algunos miembros de mi familia (hijos y nietos) que siempre vivimos juntos. Hace 25 años compré el terreno, pero sin escrituras. En ese tiempo no tuve dinero para legalizar los trámites y ahora tampoco lo dispongo. No me explico la causa del deslizamiento, pero al construirse las obras de los servicios básicos empezó a resumir el agua. Todo fue rápido en el último invierno. Casi al mismo tiempo colapsaron tres casas y cada día aumentaban las fisuras en el resto que quedaban en pie en toda la ladera. Antes de que colapse mi vivienda y la de mi hija (Ruth Torres, casada) una vecina nos ofreció este espacio (un cuarto de tabla) para que vivamos. Pero allí no íbamos a entrar las 16 personas porque mi familia es numerosa. Ahora hemos quedado en este cuarto siete personas y vivimos hacinados. El resto se fue a vivir rentando o con familiares de sus parejas. Es duro ver cómo lo que se construye en años con mucho esfuerzo se acaba en días. Ahora sobrevivo de trabajos eventuales. Estoy haciendo los trámites en el Miduvi para ver si me ayudan con la reubicación. He presentado algunos papeles pero me falta el principal: la escritura y sin eso me han dicho que los trámites no avanzarán. Ahora no tengo dinero para esos gastos. El Municipio debería facilitarnos ese trámite. En el Miduvi me han dicho que por mi situación económica sí califico, pero al fin sé si se hará realidad esta ayuda que de verdad la necesito.

‘Vivo en la casa de mi hijo’

Mi vida se complicó este año. Me quedé sin la casa en la que viví 36 años en la ciudadela Jaime Roldós. También me quedé sin mi taller de carpintería. Cuando regreso al barrio solo me embarga la tristeza al ver todo en escombros. Ahora vivo en la casa de mi hijo mayor, que vive en España, y junto a mí está mi hija, que es madre soltera, y un hijo que es soltero. Pero el que está en España regresará definitivamente en julio y por eso me desespera la lentitud del proceso de reubicación. Mi hijo soltero, de 27 años, padece síndrome de Down y extraña el espacio donde nació. Casi a diario me dice: “Papá, aquí no me enseño, quiero regresar a mi casa”. Pero allá no queda nada. Mi casa estaba en la parte baja donde los técnicos del Municipio de Cuenca decían que no llegaría la tierra. Desde el principio los trabajos fueron lentos en la remoción de la tierra que rodaba por la ladera. Creo que si hubieran actuado con celeridad, las casas de la parte baja se habrían salvado. No tengo otra casa donde vivir, solo el apoyo provisional de mis hijos. Cuando los técnicos vieron que la situación era irreversible, me pidieron que evacuara. Acepté salir siempre y cuando se comprometan a reubicarme, así como a mis dos hijos casados, cuyas viviendas también se destruyeron. Pero uno de ellos se quedará sin la ayuda. Los trámites han sido largos, pero los he cumplido. Cada mes me ofrecen que la reubicación está cerca, pero no se cumple. Me ofrecieron la vivienda en Capulispamba, pero no acepté porque son demasiado pequeñas. Mi casa era grande y por eso esperaré las de Miraflores.