En respuesta a los efectos del Huracán Melissa en las provincias orientales, el Plan de Acción busca $74,2M para apoyar a 1 millón de personas afectadas.
Perspectiva general de la situación
Con categoría 5 y vientos sostenidos de 290 km/h, el huracán Melissa ha sido considerado el más potente del año a nivel global y el tercero más intenso jamás registrado en la región del Atlántico, el mar Caribe y el Golfo de México y calificado como uno de los tres más intensos de la meteorología cubana.
Melissa tocó tierra en el oriente de Cuba durante la madrugada del 29 de octubre por el municipio Guamá, en Santiago de Cuba como un huracán de categoría 3 en la escala Saffir Simpson, con vientos sostenidos de hasta 195 km/h y ráfagas superiores. Luego de más de seis horas de azote al país, dejó a su paso una estela de destrucción con más de tres millones de personas en cinco provincias que enfrentan acceso limitado a servicios básicos, cortes de electricidad y, en muchos casos, incomunicación total. Se reportan cientos de comunidades aisladas, decenas de miles de viviendas derrumbadas y/o inundadas con pérdidas de bienes vitales para cientos de miles de personas. Los cultivos anegados y otros daños materiales se encuentran aún en proceso de cuantificación.
Gracias a la evacuación previa de 735.000 personas—equivalente al 25 % de la población local— centenas de miles de personas estuvieron protegidas al momento del impacto, no reportándose pérdidas de vidas humanas hasta el momento de la elaboración de este plan. Sin embargo, 72 horas después del paso de Melissa, miles de personas continúan aisladas por el colapso de puentes, la obstrucción de vías y las inundaciones extremas provocadas por un récord histórico de precipitaciones, con acumulados de hasta 400 mm en varias localidades, y más de 25 municipios azotados por vientos de, al menos, 120 km/h durante varias horas. A menos de un año del paso del Huracán Oscar y la ocurrencia de dos sismos de considerable intensidad, Melissa impacta los mismos territorios, cuyos suelos compactados por una compleja situación de sequía prolongada se encontraban saturados por lluvias intensas recientes.
Tres días posteriores al paso del huracán Melissa, poblaciones enteras de localidades de las provincias Holguín y Granma continúan siendo evacuadas con urgencia, por un punto crítico de inundaciones en la Cuenca del Cauto, con 8.000 kms2 de extensión. Autoridades han alertado sobre riesgo máximo para la vida de las personas por la convergencia de las intensas lluvias, el vertimiento de presas, los escurrimientos del macizo montañoso de la Sierra Maestra y la peligrosa penetración del mar que bloquea la desembocadura de la cuenca. Los municipios de Río Cauto y Cauto Cristo permanecieron en alarma ciclónica aún más de 72 horas tras el evento.
Aunque la totalidad de la población de las provincias orientales ha sido expuesta a los efectos del huracán, estimaciones preliminares indican que cerca de 2.2 millones de personas en 33 municipios de las provincias de Granma, Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo han sido severamente impactadas con afectaciones críticas en vivienda, servicios básicos, comunicaciones, medios de vida y amenaza a la seguridad alimentaria de la población. De la población con impactos críticos, el 50.2% son mujeres y el 33.4% vive en zonas rurales.
Se estiman daños cuantiosos en el sector habitacional. Reportes preliminares indican que más de 60.000 viviendas han sufrido daños totales o parciales, muchas de ellas con techos completamente perdidos o anegadas por las lluvias. Se estima que esta cifra aumentará significativamente a medida que sea posible el acceso a las comunidades aisladas. Las intensas lluvias, provocaron deslizamientos de tierra en zonas montañosas, inundaciones masivas como en la cuenca del Cauto, y colapso de estructuras en comunidades vulnerables. En varias localidades en Holguín y Granma, cientos de casas permanecen bajo el agua. La pérdida de todas las pertenencias de los hogares y bienes de primera necesidad, incluyendo alimentos, medios de cocción, medios de almacenamiento de agua, higiene, colchones, y equipos electrodomésticos ha dejado a decenas de miles de personas en situación de extrema vulnerabilidad, muchas de ellas refugiadas en centros educativos y otras instalaciones improvisadas para garantizar la protección durante la emergencia.
Instalaciones y medios de salud han sufrido afectaciones severas. A la fecha, 461 instituciones reportan daños en cubiertas, carpintería y estructuras internas. Hospitales, policlínicos, consultorios del médico de la familia y farmacias reportan pérdidas de equipos médicos esenciales, incluyendo los servicios del programa materno infantil, entre otros. El Hospital Juan Bruno Zayas, principal centro de atención secundaria en Santiago de Cuba, reporta daños que comprometen servicios esenciales como la atención a embarazadas y pacientes en diálisis. La interrupción de servicios eléctricos y de telecomunicaciones agrava la situación, dificultando la coordinación de emergencias médicas y el traslado de pacientes. También se registran afectaciones en hogares maternos y de ancianos, lo que agrava la situación sanitaria en medio de la emergencia con mayor riesgo para poblaciones vulnerables.
La infraestructura de 1.552 de los 2.729 centros educativos existentes se reporta con daños en los 29 municipios más afectados, incluyendo techos, luminarias, mobiliario, material escolar, pizarras, y colchones y literas de las instituciones internas. Según autoridades locales, las afectaciones preliminares impactan al menos a 32.360 niños de 0-6 años; 74.435 de 6-18 años, 51.732 mujeres y 8.543 en situación de discapacidad y 90.524 docentes. A la fecha, más de 670,000 estudiantes están sin clases en las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín y Las Tunas. Muchas escuelas y universidades han sido habilitadas como refugios temporales para personas desplazadas. La suspensión de actividades educativas refleja no solo el daño físico a los centros, sino también la imposibilidad de garantizar, en algunos casos, condiciones de seguridad y acceso para estudiantes y docentes.
En la agricultura, los daños estimados son cuantiosos, comprometiendo la seguridad alimentaria de la región. Se reportan pérdidas masivas en cultivos de plátano, maíz, yuca, café, viandas y hortalizas, con más de 78.700 hectáreas afectadas total o parcialmente. Asimismo, se reportan afectaciones en las capacidades de almacenamiento, cocción y conservación de alimentos en hogares e instituciones, incluidas las que apoyan redes de protección social. Estas pérdidas no solo afectan el abastecimiento de alimentos, sino también el sustento económico de comunidades rurales que dependen del trabajo agrícola. Aunque los embalses han alcanzado niveles históricos de agua tras meses de sequía, las inundaciones en zonas agrícolas complejizan la recuperación del empleo y los medios de vida de los pobladores y la posibilidad de reactivar la producción agrícola de cultivos básicos por varios meses.
Se reportan afectaciones extremas en la infraestructura asociada al suministro de servicios básicos. El 75% de la telefonía móvil y hasta el 90% de la radio bases en las provincias orientales se encuentra fuera de servicio, lo que dificulta gravemente la comunicación entre territorios y con el resto del país. Las redes de fibra óptica también han sufrido roturas, dejando a miles de personas incomunicadas.
El sistema eléctrico está igualmente comprometido. La mayor incidencia se concentra en las líneas de distribución de media y baja tensión, pero árboles caídos y vías obstruidas impiden el funcionamiento de la termoeléctrica Felton, la más importante de Oriente. El paso del huracán agudiza la compleja situación energética en el país, marcada por el deterioro de la infraestructura eléctrica y la limitada disponibilidad de combustible, en el contexto de los impactos del bloqueo económico, comercial y financiero.
Fallas derivadas en el bombeo de agua hacen crítico el acceso y abasto de agua a comunidades enteras. Asimismo, la pérdida de tanques y sistemas de recolección y distribución de agua en viviendas e instituciones; las roturas en sistemas hidráulicos y carreteras ocasionan serias limitaciones al acceso a agua segura y saneamiento en estos territorios, servicios vitales para sobrevivencia y prevención de brotes de enfermedades de origen hídrico-sanitario y vectorial.
En cuanto al transporte, los trenes de pasajeros han sido cancelados y se evalúan daños en los aeropuertos. Las operaciones de rescate continúan, aunque las condiciones montañosas y el mal tiempo dificultan el acceso a comunidades aisladas, lo que podría prolongar por varios días o semanas la situación de vulnerabilidad de miles de personas.
En el ámbito de la cultura, se registran afectaciones en bienes patrimoniales (patrimonio cultural y natural) al ser la región que más bienes de este tipo concentra en el país. Además, el tejido institucional y comunitario de la cultura, determinante en la recuperación social, se vio sensiblemente dañado.
A pesar de las sólidas capacidades del sistema de defensa civil nacional y la eficacia de las labores de evacuación, rescate y atención a los damnificados, la magnitud de los daños es profunda. Urge apoyar a las autoridades en la protección de los grupos en situación más vulnerable y en la recuperación de los servicios esenciales, muchos de los cuales permanecen interrumpidos o en condiciones críticas.
Cuba se encuentra excluida de las principales instituciones financieras internacionales y con acceso extremadamente restringido a fuentes para financiar tanto la respuesta ante desastres como la recuperación económica y social de las comunidades impactadas. Resulta crítico apoyar los esfuerzos de respuesta y recuperación que el país mantiene en marcha.
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