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ALC post COVID-19: Retos y oportunidades para países de Centroamérica, Haití, México, Panamá, y República Dominicana

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PANORAMA REGIONAL

Arnoldo López y Marta Ruiz Arranz

INTRODUCCIÓN

La epidemia global del coronavirus (Covid-19) tendrá importantes efectos negativos en la salud, la economía, y los avances sociales de la última década en el mundo. Se estima que la contracción de la actividad económica podría ser mayor a la registrada en el periodo de la gran depresión, por lo que es importante implementar políticas para amortiguar su impacto social, atender a la población vulnerable y apoyar una reactivación dinámica y sólida. Todo esto al tiempo que se mantiene la estabilidad macroeconómica.

Además, la pandemia ha llevado inevitablemente a los países a hacer una reflexión sobre cuál era la posición en la que se encontraban para enfrentarla. En los países de la región de México, el Istmo Centroamericano, Haití, y República Dominicana (en adelante región CID), los datos mostraron que los recursos y sistemas de salud con que se contaba eran muy limitados. Por ejemplo, Honduras, Nicaragua y Guatemala tienen menos de una cama de hospital por cada mil habitantes; Costa Rica y México menos de dos; comparado con las tres de Uruguay y España o las ocho de Alemania.

Por otra parte, en la región los trabajadores en el sector informal son el 60 por ciento del total, con gran variabilidad entre países, lo que representa un reto para hacer llegar apoyos monetarios y además los sitúa a ellos y sus familias en una posición más precaria. En comparación con América Latina y el Caribe (ALC), la región se encuentra en una posición más vulnerable en el aspecto social por el rezago en sus sistemas de salud y la mayor proporción de población en situación precaria (ver figura 1).

Por el lado económico, los países de la región CID están particularmente expuestos al desempeño de la economía de Estados Unidos, al ser su principal socio comercial, de inversión, y origen de remesas y turismo. Las remesas llegan a representar en diversos países de la región flujos anuales entre el 5% y el 38% del PIB, dependiendo del país, y provienen en su mayoría de trabajadores en Estados Unidos que laboran en los sectores más afectados en esta economía como son construcción y servicios. Diversos organismos estiman que las remesas hacia ALC se contraerían más de 15% este año. Adicionalmente, en algunos países el turismo de Estados Unidos y de Europa, representa un importante flujo de recursos. En contraste, la región está menos expuesta a la demanda externa de materias primas, al ser exportador de productos primarios (café, azúcar, plátano) y beneficiarse del menor precio del petróleo al ser importador neto de gasolina. A pesar de que comparativamente con el promedio de ALC su situación fiscal es menos apremiante, la caída de la actividad económica y el entorno de aversión global al riesgo implica condiciones de financiamiento más restrictivas y limita el espacio fiscal. El FMI estima que la subregión de CAPARD (Centroamérica, Panamá y República Dominicana) se contraerá 2.6% en 2020, y México 6.6%.

En esta emergencia, los países de la región implementaron medidas con las siguientes prioridades:

1) Enfrentar la emergencia sanitaria y fortalecer al sector salud. Con este fin se aumentó el gasto público hacia el sector, y se exentó el impuesto a la importación de productos médicos y de higiene.

2) Proteger a la población vulnerable. Se introdujo una moratoria en el pago de hipotecas y otros préstamos. Con un enfoque social, se dieron apoyos por pérdida de empleo, aplicaron controles a los precios y redujeron impuesto a la importación de la canasta básica, y suspendieron temporalmente el pago de alquiler.

3) Apoyar a las PYMES y proteger el empleo. Se retrasó la fecha de pago de impuestos y cotizaciones sociales. Se desarrollaron medidas de apoyo al sector turístico y comercio al por menor, y se priorizaron compras nacionales agropecuarias.

4) Mantener el buen funcionamiento de mercados complementarios. Los países redujeron su tasa monetaria, el encaje y el requerimiento de capital y liquidez a la banca, implementaron subastas cambiarias, y permitieron la compra de deuda pública por parte del banco central en el mercado secundario. Además, se agilizó el proceso de compras públicas.

A medida que se estabiliza la curva de contagios y los sistemas de salud están más preparados, diversos países han planteado reiniciar la actividad económica, tomando medidas sanitarias y estableciendo progresivamente estrategias de descongelamiento de diversos sectores económicos de acuerdo con su prioridad en la estructura económica y el riesgo que representan para el contagio. Con la vista en esta reactivación, que si bien será lenta y ocurrirá de manera progresiva, vale la pena reflexionar sobre las prioridades para generar las oportunidades que los grupos más afectados ahora necesitan urgentemente. Para esto, hacemos propuestas en tres vertientes: red de seguridad social, política macroeconómica, y sistema productivo.

RED DE SEGURIDAD SOCIAL

Lamentablemente la contracara de la contracción económica es el deterioro de las condiciones sociales. Se estima que, como resultado de la pandemia y sus efectos económicos como la reducción de las remesas, el número de pobres en la región de CAPARD aumentaría en 4.3 millones de personas en 2020 (ver figura 2), lo que pone en riesgo su seguridad alimentaria (para ver cómo se podría mitigar este riesgo al apoyar al sector agropecuario ver sección 4 c). La crisis afectaría en mayor medida a las personas con una menor red de protección, como es el caso de aquellas en la economía informal, con lo que se estima que la desigualdad de ingresos aumentaría en los países de la región (ver figura 3 para un estimado del índice de desigualdad de Gini para los países del Triángulo Norte).

Lo anterior nos muestra lo importante de contar con una red de protección social, por lo que a continuación hacemos una reflexión sobre diversos elementos de ella como son salud, educación, protección del empleo, y programas sociales de cara a la recuperación.

SALUD

Los gobiernos de la región han hecho importantes esfuerzos para subsanar la frágil situación de los sistemas de salud con el fin de que tengan mejores condiciones para enfrentar la epidemia y aplanar la curva de contagios y en la etapa de apertura gradual poder atender los casos y prepararse para administrar una nueva ola. Con estos fines se le ha asignado al sector público de salud un mayor presupuesto para la adquisición de suministros médicos, incremento de personal, mejora de la infraestructura, además de implementar mejoras operativas y administrativas.

Considerando que la proporción del gasto público asignada al sector público de salud en la región es baja (ver figura 4), el riesgo de nuevas epidemias, y siendo este uno de los servicios públicos que más benefician a los hogares de menores ingresos, sería recomendable que los países de la región examinen sus sistemas de salud y formen una visión sobre sus aspiraciones en el mediano plazo, incluyendo la posibilidad de mantener el gasto necesario para un sistema de salud público más robusto de cara al futuro.

En términos de eficiencia del sistema de salud, resalta la necesidad de implementar inteligencia de datos para lograr una mejor administración y provisión de los servicios hospitalarios (e.g. sistema de información de gestión de camas de hospital), complementándola con la formación necesaria para su gestión (e.g. informática de la salud). Adicionalmente, es prioritario generar una relación estrecha entre la ciencia de la salud (diagnóstico, vacunas) y la provisión de servicios, y establecer mecanismos formales de coordinación público-privada.

El sector salud es uno de los servicios públicos que más benefician a los hogares de menores ingresos, junto con la educación pública. Por ejemplo, en los casos de El Salvador y México, se observa que, a pesar de tener importantes limitaciones en la provisión de estos servicios, gracias a ellos más de 40% de la población se vuelve beneficiaria neta del gasto público (ver figura 5). Además, tanto la educación como la salud aumentan el capital humano, lo que a su vez contribuye al crecimiento económico de mediano plazo. Por otra parte, la provisión de servicios públicos en especie puede ser más eficiente que en términos monetarios ante la dificultad de entrega por la alta proporción de economía informal, menor exposición al robo en zonas remotas y no bancarizadas, y el menor riesgo de corrupción y clientelismo.

EDUCACIÓN

En cuanto al sector educativo, ha surgido la necesidad de implementar la educación a distancia, lo que a su vez ha visibilizado sus beneficios como son menores costos y mayor acceso, pero también han quedado al descubierto las brechas en infraestructura y habilidades digitales para realizar con éxito estas actividades. Por lo que es necesario trabajar en el desarrollo de técnicas de enseñanza innovadoras, que incluyan una modificación de los currículos educativos y métodos de enseñanza, incorporando la información útil disponible en la red y las plataformas tecnológicas. Esto a su vez contribuiría a que los niños y adolescentes puedan incorporarse a la cuarta revolución industrial.

Avanzar en estos programas requiere cerrar la brecha de conectividad en la región para lo que es importante realizar inversiones en infraestructura de banda ancha, así como invertir en habilidades digitales.

En tanto se materializan las inversiones en infraestructura de banda ancha, se debe apoyar la educación a distancia mediante televisión y radio. En este momento, estas son las redes de información que llegan a todo el territorio.

EMPLEO

Se estima que en la región CID se perdería entre 7% y 21% del empleo formal dependiendo de si la recuperación inicia en el segundo semestre o la recesión se prolonga todo el año.

Una vez que se han implementado medidas para proteger el empleo y el ingreso de los trabajadores durante la pandemia, cabe preguntarse qué acciones serán necesarias para asegurar un retorno al trabajo. Algunos sectores, si bien con una reactivación débil, empezarán a operar pronto, con lo que recuperarán ciertos empleos (e.g. restaurantes, construcción, industria), sin embargo, en otros sectores el empleo puede requerir un periodo prolongado para recuperarse (e.g. turismo). Para los primeros, será importante la provisión de liquidez para el inicio de actividades (ver sección 4 d sobre proteger el tejido productivo).

Mientras que en los sectores en los que las personas hayan permanecido inactivas por un periodo prolongado o estén en situación de vulnerabilidad, se pueden implementar las siguientes medidas con el fin de hacer más eficiente el regreso al empleo:

  • Promover la intermediación laboral (emparejar buscadores con vacantes).
  • Capacitación laboral para aumentar la empleabilidad, de tal manera que se apoye la adopción de nuevas habilidades para incrementar la productividad y la reconversión de quienes estuvieron inactivos.
  • Implementar políticas activas para facilitar la reasignación de empleo entre sectores más afectados y los que se encuentren en recuperación.

Finalmente, sería favorable crear incentivos a la formalización y bancarización focalizado al padrón de beneficiarios de los programas sociales implementados durante la crisis.

OTROS PROGRAMAS SOCIALES

A medida que se ha ampliado el número y monto en los programas sociales, es importante integrar los datos de los diferentes programas y reforzar el registro de beneficiarios con el fin de mejorar su focalización. Además, su diseño debe reconocer su carácter contracíclico y de carácter temporal asociado a paliar los efectos de la crisis.

Es importante reconocer que la pandemia actual ha mostrado la necesidad urgente de repensar el modelo de protección social. En concreto, la necesidad de contar con un sistema basado en mitigar los efectos de la materialización de los riesgos que afectan el ingreso y consumo de los trabajadores y sus familias; riesgos que pueden ser desde una epidemia o fenómeno climático hasta enfermedades e invalidez, entre otros. Actualmente la mayoría de los elementos de la red de seguridad social (e.g. servicio de salud, seguros de invalidez y vida, pensiones, guarderías, créditos hipotecarios subvencionados) está ligada al estatus de formalidad laboral de la persona, por lo que el gran tamaño de la economía informal implica que el sistema de protección sea por diseño insuficiente. De cara al futuro, es necesario reflexionar cuál es el sistema de protección qué la sociedad en la región requiere.

Finalmente, la epidemia ha evidenciado la necesidad de que los programas de apoyo se diseñen con una lógica de personas y no de instituciones que brindan el servicio. Una situación de esta naturaleza requiere que se creen programa de apoyo integrales y coordinados entre instituciones.