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Una segunda oportunidad para los niños y niñas sobrevivientes de violencia sexual en Colombia

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Las educadoras de la Fundación Renacer tienen que trabajar duro para ganarse la confianza de los niños y las niñas. © ACNUR / Nicolo Filippo Rosso

Desde que abrió sus puertas hace 32 años, la Fundación Renacer ha trabajado para brindarles a los niños, niñas y adolescentes que han sufrido violencia sexual las herramientas que necesitan para reconstruir sus vidas.

Por: Jenny Barchfield

Jessica* no habla de su infancia a menudo porque, en las raras ocasiones en que aborda el tema, no puede contener las lágrimas.

Jessica, que ahora tiene 30 años, es una exitosa emprendedora y madre orgullosa de gemelos de seis años. Pero cuando tenía 12 años, sufrió una traición casi impensable: su madre, de la que había estado separada durante mucho tiempo, la obligó a sufrir explotación sexual infantil.

“Cuando estás pasando por algo así, el miedo se apodera de ti. Es como si te hubieran atado las manos”, dijo Jessica, quien nació en Barranquilla, en la costa caribeña de Colombia. “No sabes qué hacer”.

Encontró ayuda después de ser detenida por la policía y enviada a vivir a un hogar dirigido por la Fundación Renacer, una organización colombiana sin fines de lucro que durante más de tres décadas ha estado trabajando para ayudar a niños, niñas y adolescentes a reconstruir sus vidas destrozada por la violencia y la explotación sexuales.

“Ser enviado a la Fundación Renacer marcó el comienzo de una nueva vida para mí”.

Además del trabajo de alcance con grupos vulnerables, la organización actualmente opera dos de los tres hogares residenciales para sobrevivientes de violencia sexual infantil que existen en toda Colombia. Uno está en la ciudad costera de Cartagena y el otro en la región fronteriza de La Guajira, en el extremo oriental, que ha experimentado un aumento alarmante de casos de explotación sexual entre refugiados y migrantes venezolanos que huyen de la crisis en curso en casa.

La Fundación Renacer trabaja en estrecha colaboración con la agencia de protección infantil de Colombia, la Institución Gubernamental de Bienestar Familiar o ICBF. El ICBF ubica a los niños, niñas y adolescentes en los hogares de la organización, donde pasan por un riguroso proceso de rehabilitación que incluye sesiones de terapia individual y grupal, ejercicio y otras actividades, y la escuela.

“Cuando llegan por primera vez a la Fundación Renacer, están llenos de culpa y vergüenza, y muchos ya no quieren vivir”, dijo Mayerlín Vergara Pérez, una veterana integrante del personal de la organización que dirige la casa en La Guajira desde inaugurado en 2019. “No tienen sueños, no tienen proyectos de vida, y tienen dificultades reales para interactuar con los demás, así como para dar y recibir afecto”.

Los conflictos entre las varias decenas de niños, niñas y adolescentes que viven en los hogares en un momento dado son comunes, y el personal multidisciplinario, que incluye un trabajador social, un abogado y un nutricionista, además de psicólogos y educadores, está disponible las 24 horas del día para ayudarlos a aprender a resolver sus diferencias. Y debido al profundo trauma que han sufrido los niños y niñas, el personal debe estar constantemente en alerta máxima por amenazas de autolesión.

Pero poco a poco, dice Mayerlín, los niños se adaptan a su nuevo entorno y, lejos del peligro y rodeados de adultos cariñosos y solidarios y otros niños que han pasado por experiencias igualmente traumáticas, son capaces de procesar sus pasados ​​y planificar nuevos futuros.

“Cuando llegan por primera vez a la Fundación Renacer... muchos ya no quieren vivir”.

“Ser enviado a la Fundación Renacer marcó el comienzo de una nueva vida para mí”, dijo Mauricio de Oro, un bogotano de 29 años que solo tenía cinco años cuando sufrió violencia sexual por primera vez, un patrón de abuso que, según cuenta, lo llevó a numerosos intentos de suicidio.

“Yo estaba en la línea de convertirme en una estadística más, en otro joven que termina quitándose la vida”, dijo. Pero en el hogar, “mis heridas comenzaron a sanar, y comencé a sentirme en paz… y comencé a recuperar las ganas de vivir y soñar”.

Mauricio también acredita sus tres años en la Fundación Renacer por haberle dado el valor para seguir una carrera en la música. Como músico de rock cristiano, ha pasado gran parte de la última década viajando, llevando lo que él llama su “mensaje de cambio” a las audiencias de toda América Latina.

Mauricio no está solo. Desde su fundación en 1988 por una psicóloga residente en Bogotá, Luz Stella Cárdenas, la Fundación Renacer ha atendido a aproximadamente 22.000 niños, niñas y adolescentes. Entre ellos, hay innumerables historias de éxito, sobrevivientes de violencia y explotación sexual infantil que se han convertido en profesionales exitosos, como todo, desde chefs hasta abogados, médicos y contadores.

Con la afluencia de refugiados y migrantes venezolanos que huyen de la escasez de alimentos y medicamentos, la inflación en espiral y la inseguridad generalizada en sus países de origen, el perfil de las personas atendidas por la Fundación ha cambiado en los últimos años. Del estimado de 40 niños que viven en el nuevo hogar de la organización en la región fronteriza de La Guajira, alrededor de la mitad son venezolanos, algunos cayeron en la explotación sexual por la pobreza extrema, otros, víctimas de redes de trata de personas.

“Era una situación absolutamente agonizante”, dijo la directora de la casa, Mayerlín, y agregó que espera ayudar a los niños y niñas venezolanos a tener un futuro tan brillante como el de muchas de las sobrevivientes de violencia sexual colombianas que les precedieron en la Fundación.

Juana*, una mujer colombiana de 26 años, pasó cinco años en la Fundación Renacer después de huir de un hogar problemático a los 12 años, caer en una vida de explotación sexual y escapar por poco de ser víctima de trata por una banda criminal. Ella dijo que salió de la casa transformada.

“Ya no era esa niña que había sido explotada sexualmente”, dijo. “Yo era completamente otra persona”.

* Los nombres se han cambiado por motivos de protección.