Colombia

Mocoa se podría ver afectado por otra avalancha

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La población que aún permanece en este abanico fluviotorrencial debe ser reubicada en el marco de un plan de ordenamiento y planificación urbano, pues en este municipio sí hay sectores en los que se puede brindar algún tipo de seguridad.

Así lo determinan investigaciones adelantadas por el Grupo de Investigación en Geotecnia que lidera el profesor Germán Vargas Cuervo, del Departamento de Geografía de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien explica que gran parte de las poblaciones están ubicadas dentro del lecho de los ríos.

De ahí que, según su análisis, “no es que sean eventos extremos o asociados con el cambio climático, sino que en cualquier creciente que el río deba amortiguar, las aguas van a ocupar sus espacios naturales y afectar todo lo que esté en el abanico”.

Un año después de la tragedia ocurrida en la capital del Putumayo, el geólogo Vargas Cuervo asegura que tarde o temprano se puede volver a presentar allí una avalancha de mayor o menor magnitud, ya que el ambiente natural sobre el que está asentado este municipio es un abanico fluviotorrencial, es decir un territorio altamente vulnerable a avenidas torrenciales y a otros fenómenos asociados con el río Mocoa, donde desembocan los ríos Taruca, Sangoyaco y Mulato.

Mocoanos preocupados

A esto se suma la preocupación de los mocoanos al ver que muchos de los damnificados de esta avalancha están regresando al barrio San Miguel y a los otros sectores afectados, ya que ha sido difícil para ellos encontrar una vivienda de calidad a un costo accesible.

“Prometieron un cambio total: en seis u ocho meses Mocoa sería diferente, pero aún no se ve nada”, señala Ludy Mavisoy, una joven madre de familia que la noche del 30 y la madrugada del 31 de marzo de 2017 no dudó en ayudar a sus vecinos a evacuar y buscar refugio en medio de una lluvia sin precedentes.

En las paredes de las casas del barrio San Miguel todavía se ven las huellas de las piedras que sin clemencia arrasaron con todo a su paso; se observan las rocas de más de cuatro metros que no han sido destruidas y los árboles que el lodo secó.

“Las personas apenas se están recuperando de la pérdida tanto de sus seres queridos como de las cosas materiales; hasta ahora empiezan a sonreírle de nuevo a la vida. Siempre va a quedar tristeza y soledad en nuestros corazones; pasará mucho tiempo para que las cosas vuelvan a la normalidad”, expresa Ludy.

En medio del duelo, una luz de esperanza apareció con la entrega de las primeras 100 viviendas (de 1.209 proyectadas) prometidas por el Gobierno nacional, a las cuales se sumarán otras 200 en los próximos meses.

Sin embargo para Ludy Mavisoy esto no es suficiente: “las casas las entregan sin acueducto ni alcantarillado, solo tienen agua que les suministran por bombas, no deberían entregarlas porque algunas no están terminadas”.

Como Ludy, decenas de mocoanos sienten que la reconstrucción –que tiene una asignación presupuestal de 1,2 billones de pesos y que está programada a tres años– no avanza como se esperaba.

“Taparon la verdad”

Aunque según datos oficiales la avalancha en Mocoa dejó 333 muertos, 398 heridos, 76 desaparecidos y 22.310 damnificados, la percepción de los habitantes es otra: “estuve con la Defensa Civil, con los Bomberos, ayudé a socorrer personas, ayudé en la búsqueda de sobrevivientes y de cuerpos. Son más de mil muertos”, asegura Ludy.

Para ella, las cosas “nunca se hicieron bien”; primero porque no hubo un sistema de alarmas para avisarles a los habitantes que debían evacuar y por la falta de monitoreo de los ríos, y segundo porque una vez ocurrida la tragedia no hubo un proceso ordenado para la entrega de cuerpos, razón por la cual todavía hay familias buscando a sus seres queridos.

“Colombia tiene que entrar en esa etapa de ordenamiento y planificación, o en cada invierno vamos a tener más y más problemas”, reitera por su parte el geólogo Germán Vargas Cuervo.

(Por: Fin/IEU-PMA//LOF)

N.° 378