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Colombia: Logros y desafíos de nuestra democracia para erradicar la pobreza

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Intervención del Señor Vicepresidente de la República de Colombia, doctor Francisco Santos Calderón, en el ENCUENTRO INTERNACIONAL "POBREZA, POPULISMO Y ESTABILIDAD DEMOCRÁTICA", organizado por la UPLA el Partido Conservador de Colombia y la Fundación Hanns Seidel

Bogotá, junio 10 de 2005 - Agobiados como vivimos en los últimos tiempos, por algunas complejidades y turbulencias de nuestra cotidianeidad, los colombianos olvidamos con frecuencia y facilidad que aún considerando las dificultades y hasta la adversidad, tenemos un gran país.

Los egoísmos, el sectarismo, la intolerancia le quitan visibilidad a grandes y fundamentales logros colectivos.

Para comenzar yo destacaría que en Colombia tenemos Nación. La mayoría de nuestra población habla el mismo idioma y profesa la misma religión. Nuestras instituciones y nuestra normatividad conforman una política nacional unificadora de esa nación.

La nuestra es una de las democracias más antiguas y sin duda, la más estable de América del Sur. En casi dos siglos de vida republicana sólo tuvimos dos breves interrupciones de la institucionalidad en los gobiernos de Rafael Reyes a comienzos del Siglo XX y en los años 50 en el gobierno del General Rojas Pinilla.

Tenemos pues, una democracia históricamente sólida y una amplia tradición de gobiernos civilistas, elegidos por votación popular, en un marco constitucional y legal que determina claramente el uso limitado del poder.

En 1991 Colombia experimentó una extraordinaria ampliación de la democracia y de los derechos sociales con la nueva Constitución, garantista, que fortaleció la descentralización, los mecanismos de participación popular, el reconocimiento de la diversidad étnica y la autonomía de los poderes.

Colombia ha sido unos de los países del mundo más agobiados por la violencia y el terrorismo. Pero aún contra las enormes barreras y dificultades que origina esa circunstancia, hemos tenido una tendencia invariable de crecimiento económico.

Durante los últimos 100 años logramos multiplicar por cien el ingreso y por diez el PIB por habitante. No es el resultado que habríamos alcanzado si hubiéramos estado libres de los lastres que mencioné. Pero es sin duda un logro importante.

Además de ese crecimiento sostenido en el siglo XX, el nuestro es un país que siempre ha honrado sus compromisos externos. Avanzamos considerablemente en el desarrollo de nuestra infraestructura. Hemos logrado una importante diversificación de estructura productiva, y aumentos significativos de la productividad laboral y del coeficiente exportador.

También logramos desde 1910 hasta el año 2000 un ascenso de más de 30 años en la esperanza de vida de la población, que ahora tiene un promedio superior a 70 años y considerables descensos en las tasas de fecundidad y de mortalidad infantil.

La tasa de analfabetismo que se acercaba a 40% en el año 1950, ya había bajado a 8% en el 2000. Y los años promedio de educación que eran de apenas 2 en 1950 pasaron a más de 8 en 2000.

Los colombianos nos tenemos que sentir orgullosos de la participación de la mujer en nuestra política y de su formidable aporte al crecimiento de la economía del país. De nuestro sistema de prensa libre. De la expansión y participación del sector privado. Del desarrollo y consolidación de los centros urbanos. De nuestro logros culturales y deportivos y de muy importantes avances en capital social y humano.

La dimensión y profundidad de ese legado son el mayor y más importante patrimonio de las actuales generaciones.

Nuestra gran responsabilidad colectiva es darle continuidad y proyección, lo cual en la Colombia de hoy se concreta en erradicar el narcotráfico y la violencia y consolidar una política de desarrollo social, político y económico que logre abolir la pobreza, especialmente la extrema.

En torno a ese propósito el Presidente Álvaro Uribe logró en año 2002 el respaldo mayoritario de los colombianos. Hemos concentrado los principales esfuerzos en el Gobierno a devolver la confianza, a través de la política de seguridad democrática, que nos ha permitido reducir dramáticamente todos los índices de violencia. De la reactivación económica y de la inversión social que también registran resultados sobresalientes.

Por citarles algunos indicadores, la tasa de homicidios se encuentra en la actualidad en su punto más bajo de los últimos 19 años y el secuestro cayó a niveles que no se observaban desde hace 10 años.

Las cifras de la economía durante el Gobierno del Presidente Uribe son las mejores de los últimos 10 años en cuanto a crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), reducción del desempleo, inflación y tasas de interés, entre otros aspectos. Tenemos la inversión más alta en 6 años; la tasa de desempleo más baja en 6 años; la tasa de inflación más baja en 42 años y las tasas de interés más bajas desde 1992.

Nuestro inventario de logros colectivos, pasados y presentes, es importante, pero no suficiente. No estamos ni mucho menos satisfechos. Sabemos que todavía nos falta un largo camino por recorrer.

Además de las dificultades y del reto formidable que nos implica superar la violencia y el terrorismo, no podemos desconocer que nuestro PIB per cápita es inferior al del promedio de países de ingreso medio. Ni que Colombia presenta una de las peores distribuciones de ingreso de América Latina

La calidad general de la infraestructura de nuestro país sólo supera hoy a las de Costa Rica, Ecuador, Perú y Paraguay.

Nuestra descentralización está plagada de imperfecciones que se hacen evidentes, especialmente, en la ineficiencia en el uso y asignación de los recursos públicos.

La totalidad de los recursos que el gobierno central ha transferido a las regiones desde 1993 hasta hoy, habrían sido más que suficientes para alcanzar coberturas de acueducto y alcantarillado de 100% y 95%, respectivamente, y en muchos departamentos y ciudades estamos todavía bastante lejos de ese resultado.

Hemos más que duplicado el gasto en salud y educación sin que ese esfuerzo se refleje en mejoras significativas en beneficio de la población. Nuestro país supera el promedio de América Latina en alfabetización adulta, pero presenta los más bajos niveles en la tasa de matriculación combinada.

La enorme crisis que atraviesan la mayoría de los países de Suramérica en la actualidad, origina, casi siempre con justificados y sólidos argumentos, preocupación y pesimismo en otros ámbitos. Son muy frecuentes en el análisis y en el discurso académico de hoy, las inquietudes por la pérdida de importancia e influencia del sub continente, por las graves dificultades políticas y económicas que atraviesan la mayoría de sus países, en contraste con la estabilidad y prosperidad que experimentan algunos países de Asia, que tenían hasta hace dos décadas características y dimensión similares a los nuestros.

El manejo prudente y acertado de la economía y la tradición democrática que sustentan en definitiva las conquistas colectivas de los colombianos, explican que nuestro país haya tenido anticuerpos fuertes contra el populismo. Pero no será suficiente si no somos exitosos en el gran compromiso de eliminar la pobreza.

Hablo de una política social más enfocada y efectiva y de mejores resultados en el reto común de superar lo que hemos alcanzado durante los últimos 100 años para duplicar el ingreso por habitante en las próximas dos décadas y dar un impuso radical a su desarrollo social.

Con el nivel de ingreso que tenemos actualmente, no podremos eliminar toda la pobreza a menos que aumentemos radicalmente el ingreso por habitante. Sin un esfuerzo exitoso para crecer más rápidamente, alcanzar es meta nos tomaría más de una generación. Un reconocido economista dice que no es lo mismo duplicar el ingreso cada generación que cada dos generaciones, y que por lo tanto se debería buscar que en cada cambio generacional, en las primeras etapas, los hijos obtengan por lo menos el doble de los ingreso de sus padres.

Esto requiere fuertes cambios en la economía: Aumentar la tasa de inversión (y de ahorro) por encima del 25% del PIB. Subir exportaciones a 40 o más del PIB. Hacer crecer el sector industrial y las exportaciones a tasas anuales de 8-9% y 15-20% respectivamente, grandes metas y desafíos que no se logran con discursos populistas sino poniendo a la sociedad a trabajar para esos propósitos. Es una labor de educación y de liderazgo, de dimensión verdaderamente titánica.

Luchar contra la pobreza es el sentido profundo de la nueva dinámica que ha puesto en marcha el Presidente Álvaro Uribe en la política y en las instituciones de nuestro país. La seguridad democrática impulsa la confianza de los empresarios y de los inversionistas. Gracias a ello avanza y se consolida un nuevo ambiente que permite la prosperidad de los negocios. Y los beneficios comienzan a extenderse a más y más sectores de la población.

En 2002 teníamos 21.08% de nuestra población en la indigencia. En 2004 había bajado a 16.95%. De 55.16% de la población en pobreza en 2002 bajamos a 52.62% en 2004. Es un resultado muy distante de lo que merecen los colombianos. Pero nos muestra que vamos por el camino correcto.

Nuestra prioridad es erradicar la pobreza de las personas que viven con menos de US$1 al día, que como les dije superan el 15% de la población.

=BFQué necesitamos para hacerlo? Ante todo gobiernos eficientes. Bogotá, nuestra capital ha experimentado una enorme y positiva transformación durante los últimos 10 años, atribuible a buenas administraciones.

Yo creo que el Presiente Álvaro Uribe inició un capítulo semejante en el gobierno nacional. Yo enmarcaría el espíritu de lo que estamos haciendo, en un célebre y reciente artículo de los profesores Kent Weaver y Bert Rockman de las universidades de Georgetown y Ohio State quienes destacan diez atributos que conforman el núcleo de lo que hace que un gobierno sea eficiente. El primero es que sea capaz de establecer prioridades entre las distintas demandas de atención. Vinculado con este requisito, está la habilidad de los gobiernos para enfocar el gasto hacia lo más efectivo, su capacidad para innovar cuando fallan las políticas tradicionales y para coordinar objetivos en conflicto dentro de un todo coherente.

Otro requisito fundamental es la autoridad para imponerle costos a los poderosos o para quitarles privilegios, así como la aptitud para entender y representar intereses difusos, desorganizados o débiles y no solamente responder a los intereses de los más fuertes o de los que están bien organizados. La efectividad de los gobiernos requiere además que logren efectivamente aplicar las políticas que adoptan, y hacer que sean estables en el tiempo para darles espacio para que funcionen.

Un gobierno eficiente es capaz de mantener y respetar los compromisos internacionales especialmente en lo que se refiere a comercio y defensa. Pero el atributo más importante es tener la destreza necesaria para manejar instancias de polarización política y habilidad para evitar profundas divisiones que degeneren en conflictos armados y /o en guerras civiles.

Pero erradicar la pobreza de las personas que viven con menos de US$1 al día, exige mucho más que compromiso político.

Hay que elevar la escolaridad de los más pobres entre dos y tres años en promedio.

Hay que lograr coberturas de más del 90 por ciento en servicios públicos básicos en las ciudades y subir las coberturas rurales por encima del 80%

Hay que intensificar programas como jóvenes en acción y familias en acción, y programas de empleo temporal focalizados en los pobres

Se deben formular metas para indicadores de salud básica y generar programas de salud enfocados a los más pobres para cumplir esas metas dentro del marco del SISBEN (mortalidad infantil, cuidado prenatal, etc.)

Hay que adoptar a nivel nacional la consigna de que ningún niño se vaya a la cama con hambre y poner esa responsabilidad en los gobiernos locales.

La otra consigna que debemos adoptar es que si bien no se puede nivelar la tabla para las generaciones mayores, si se puede hacer para los más jóvenes: Los niños colombianos deben tener las mismas oportunidades de salud y educación independientemente de su nivel de ingresos.

Colombia está retrasada en el cumplimiento de muchas de las Metas del Milenio especialmente en indicadores críticos como la mortalidad infantil, el cuidado prenatal y en el primer año de vida que inciden sobre la mortalidad. Sería bueno un compromiso absoluto con el cumplimiento de esas metas enfocando la prioridad del gasto hacia la población más vulnerable. Deberíamos proponernos alcanzar los indicadores de calidad de vida que tenía España en 1976, cuando comenzó el despegue de esa economía. Estas metas, más o menos coinciden con las del Milenio (los indicadores malos, por ejemplo la mortalidad infantil y la pobreza se reducen a la mitad, y los buenos, por ejemplo camas de hospital y años de escolaridad promedia se duplican). La clave es salud, educación, acceso a servicios básicos y participación en las decisiones y beneficios de la sociedad (inlcusión)

Con Brasil, Haití y El Salvador, Colombia se distingue por tener una distribución muy desequilibrada del ingreso y de las oportunidades. Tenemos que avanzar dramáticamente en transformar esa situación. No existe mejor forma de distribuir que a través del Estado, cobrando impuestos de manera justa y progresiva y gastando la plata eficientemente, dándoles prioridad a los pobres.

En general nuestro problema es que todavía tenemos mucho desperdicio y corrupción en el gasto. Y que los subsidios no favorecen al os pobres sino a la clase media y a los ricos. Un estudio realizado por el DNP y por el profesor Hugo López denunció recientemente que al menos la mitad de los 24,2 billones de pesos que gira el Gobierno en subsidios para salud, educación, pensiones, vivienda, servicios públicos, capacitación, entre otros, van para el 40 por ciento de la población de mayores ingresos. Al menos 12 billones de pesos en subsidios benefician a los más ricos. Esto es escandaloso e injustificable.

Tenemos que corregir esta situación y ello implica modificar y mejorar sustancialmente el sistema político. El sistema actual es clientelista y el clientelismo vive de los pobres, de prometerles cosas a cuentagotas, pero sin resolver sus aspiraciones, sus demandas y sus problemas en forma definitiva porque esa es la manera eficiente para tener votos cautivos y para explotarlos.

Alguien ha dicho que el populismo se nutre de los pobres, y por eso se especializa en crear pobres para utilizarlos políticamente. Ese mismo comentario se le puede aplicar al clientelismo made in Colombia. Colombia no necesita partidos políticos, necesita buenos partidos políticos con organizaciones modernas, no clientelistas, y buen gobierno.

Yo ubico esta gran empresa de futuro que tenemos entre manos por encima de los ismos y de las ideologías. El debate entre neoliberales, social demócratas, conservadores o socialistas no produce riqueza. Como reza la celebérrima frase del dirigente chino Deng Xiaoping "Gato blanco, gato negro no importa el color. Si caza ratones es un buen gato".

Lo que tenemos que lograr los colombianos y los latinoamericanos en general es asimilar las duras experiencias que hemos vivido para modernizar nuestras sociedades, desarrollar sus economías, y proveer un ambiente político y socioeconómico basado en democracia, equidad, libertad, tolerancia y pluralismo, igualdad de oportunidades y la inclusión de los débiles, de los marginados, de las minorías, de los dos géneros y sus variaciones.

A mi me parecen deslumbrantes los resultados del proceso que puso en marcha Felipe González en España desde los años 80 del siglo pasado, proceso que desde otra ideología consolidó y fortaleció José María Aznar y a través del cual lograron aumentar el ingreso por habitante de US 4.5000 a US$ 15000, en apenas 15 años. Comercio e integración a la economía mundial, gasto público, servicios básicos, distribución del ingreso y protección social, inclusión y desarrollo. Además de democratización y secularización, lo que se percibe en ese proceso es un desarrollo económico, social y cultural envidiable y un avance significativo hacia una sociedad rica, libre, igualitaria, capitalista e integrada al mundo. Gobiernos que enfatizaron en crecimiento económico, desarrollo humano y político, inclusión y distribución del ingreso. Esa es una fórmula que vale la pena adoptar en nuestros países.

Quiero felicitar al Partido Conservador, a la UDI y a la Fundación Hanns Seidel por esta afortunada y muy oportuna iniciativa de promover pensamiento y reflexión acerca de este importante tema "Pobreza, populismo y estabilidad democrática". Doy la bienvenida en nombre del gobierno a las ilustres personalidades que nos visitan. Les deseo los mayores éxitos en sus deliberaciones. Estaremos muy atentos a sus aportes para ese gran desafío de los tiempos presentes, de erradicar la pobreza, lograr equidad, así, con mayúscula, en el desarrollo económico y en la distribución del ingreso y llevar a la práctica la transformación profunda que necesitan nuestras sociedades para beneficio de todos.