Colombia

Colombia: Apartadó VI y el Atrato chocoano

Editorial
Para entender mejor lo que está sucediendo en medio del proceso de negociación con los paramilitares son más elocuentes los testimonios que los comentarios de muchos medios de información, oficiales o no. Por eso, en otra sección de esta página, reproducimos la segunda carta abierta del Foro Interétnico de Solidaridad del Chocó al señor Presidente de la Rep=FAblica. En este foro participan también las Diócesis de Quibdó, Apartadó e Istmina-Tadó.

Seg=FAn se lee en ese documento, los retenes de las Fuerzas del Orden solo se los aplican a la gente de orden, la cual, por serlo, resulta sospechosa, mientras los pretendidos "sediciosos" circulan sin control alguno en su promoción del desorden. No se entiende porqué los legítimos dueños de esas tierras, seg=FAn decreto presidencial, sean los discriminados frente a los ejércitos invasores.

En sólo dos meses, los apóstoles del terror ( FARC y paramilitares) han logrado desplazar a dos mil pobladores, pero las guarniciones vecinas y las estaciones de policía, seg=FAn los testimonios, no se han dado por enterados. Sólo así se comprende cómo se puede negar el conflicto armado en el país: cerrando los ojos.

Cuando la población desplazada regresa a los lugares de los combates, siguiendo la insinuación gubernamental del retorno garantizado por la fuerza p=FAblica, encuentra que sus pertenencias han cambiado de manos, sus viviendas no existen y que sobre sus tierras se han entablado negociaciones con agroindustrias multinacionales.

Sin duda, la parte más preocupante de la carta es el grito final subrayado mediante el cual los habitantes del Atrato dejan claro ante el Gobierno y el mundo que ya no aguantan más. Es el grito de la desesperación, que es un estado de ánimo peligroso para todas las gentes de bien, pues aunque en el peor de los casos esa desesperación los llevara al enfrentamiento suicida de los guerreros, y sus tierras fueran apropiadas por las multinacionales, su desaparición no podría reputarse jamás como una ganancia para Colombia.

Así los valores actuales de una parte no despreciable de la población colombiana se hayan metalizado de forma en apariencia irreparable, la verg=FCenza de un genocidio no será reconocida por los sectores humanitarios del universo. Y si no se atiende en la debida forma ese grito de desesperación y al mismo tiempo de socorro, que por desgracia encuentra un eco patético en otros rincones del país, estaremos marcando estos años de la historia de Colombia como los años del racismo que, por indiferencia, sacrificó sus grupos indígenas y afrodescendientes, junto con la conocida biodiversidad de sus tierras, al apetito devastador del enriquecimiento rápido. Una paz a ese precio no vale la pena.