Acostarse como víctima y despertarse como sobreviviente

Report
from UN High Commissioner for Refugees
Published on 08 Mar 2013 View Original

TUMACO, Colombia, 8 de marzo de 2013 (ACNUR) – Tumaco, una de las ciudades más importantes de la región pacífica colombiana también conocida como la Perla del Pacífico - teniendo en cuenta que en sus playas se encontró la perla más grande del mundo - posee uno de los problemas consistentes de violencia hacia las mujeres y niñas más graves, pues el grado de intimidación y violencia sobre ellas es tal que impide a menudo el registro de denuncias.

Afortunadamente este no es el caso de Amalia, una de las pocas mujeres desplazadas que tuvo el coraje de denunciar su caso de violencia sexual. Amalia, por motivo del conflicto armado interno, tuvo que desplazarse varias veces con su familia en varios departamentos de Colombia hasta que llegó a la ciudad de Tumaco. Fue a poco kilómetros de este municipio donde tuvo que enfrentarse a otro tremendo cambio en su vida.

Durante una fiesta patronal, mientras que Amalia ayudaba en la cocina a preparar comida para familiares, su hija de 5 años fue llevada por un hombre ebrio de 23 años, presuntamente perteneciente a un grupo armado ilegal, a una casa vacía, en donde abusó de ella. Un familiar de la menor ingresó casualmente a la casa y encontró esta atroz escena, liberó inmediatamente la pequeña de las maños del agresor y la llevó a los brazos de su mamá. Amalia no se percató inmediatamente de lo ocurrido. “La niña estaba rara, estaba jugando en la cocina a mi lado y yo le pregunté varias veces si estaba bien y ella callada, en silencio. Fue cuando me mostró sus heridas que me di cuenta de lo que pasó”, dijo con dolor y mucha rabia Amalia.

En un principio Amalia no habló del tema con nadie, ni con su marido pues tenía miedo de un posible acto violento de venganza y temía por la seguridad de su hija y de toda su familia. Hoy en día, la pequeña se recupera lentamente con acompañamiento psicológico, sin embargo les teme a los hombres, hasta su padre, “son atrevidos mami”, le dice. Aunque todavía no se ha hecho la audiencia de condena hacia el acosador, Amalia no se rinde, y espera que este caso no se quede impune como sucede con la mayoría de casos de violencia sexual y de género que, en especial en municipios como Tumaco, afectan principalmente a comunidades afrodescendientes.

Es en este sentido que ACNUR ha puesto en marcha en Tumaco desde agosto del 2012 un proyecto piloto junto con UNFPA, llamado GBVIMS (Sistema de gestión de datos de violencia de género). El Sistema es una iniciativa a nivel mundial aplicada en catorce países que permite a los actores humanitarios que proveen servicios médicos, judiciales y psicosociales a víctimas y sobrevivientes de violencia de género, recolectar, guardar y analizar datos de incidentes reportados; ello, en consecuencia, hace posible un diseño más adecuado de los servicios necesarios de manera ética, segura y anónima. Desde agosto del año pasado, gracias a la ejecución de este proyecto en Tumaco, 50 casos fueron denunciados, la mayoría de ellos relacionados a agresiones o violencia física hacia mujeres afrocolombianas (90%) y el 16% de las sobrevivientes son mujeres desplazadas.

Algunas mujeres desplazadas utilizan su historia y pasado para empoderarse y volverse lideresas, como Florencia*, quien después de haber vivido violencia doméstica durante 13 años se ha convertido en ejemplo para las mujeres de las comunidades afrodescendientes. “Me separé y volví con él 2 veces porque no tenía donde ir con mis hijos, pero a la tercera me fui, no me dejé maltratar más”, comenta Florencia. Sin embargo, por su posición de liderazgo Florencia fue amenazada por un grupo armado ilegal, amenazas que terminaron con el asesino de su ex marido cuando fueron a buscarla a la casa. “Me llené de pánico pero me armé de valor, les fui a buscar y los enfrenté, les pregunté por qué me estaban buscando si yo solo le estaba exigiendo mis derechos al Estado a través de manifestaciones pacifica de la sociedad civil”, dijo Florencia con mucho valor.

Después esta conversación, los grupos armados ilegales prometieron no perseguirla más y por 6 años vivió en tranquilidad hasta que su hijo de 18 años, en busca de recompensa por denunciar movimientos de drogas en el municipio, fue asesinado. Aún Florencia no se ha podido recuperar del todo, no obstante “esto me ha hecho más fuerte y la vida debe seguir adelante; con todo esto he aprendido que uno se acuesta siendo víctima y se levanta siendo sobreviviente, teniendo otro día para seguir contando la historia”.

Ambas mujeres, Florencia y Amalia, preferirían por su seguridad dejar el municipio y desplazarse por última vez a otro departamento. Todavía no tienen los medios para llevar a cabo este traslado, y siguen viviendo en condiciones precarias y de inseguridad en la perla del pacifico colombiano.

*Nombres cambiado por motivos de seguridad.

Por Francesca Fontanini y Diana Díaz Rodríguez, en Tumaco, Colombia.

ACNUR