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Brasil: Proyectos de Agua y Saneamiento del CICR benefician a personas migrantes y a la población en Pacaraima

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El acceso al agua potable y al saneamiento básico es indispensable para una vida digna. Si bien una de las orientaciones para la prevención de la COVID-19 es lavarse las manos, en algunas localidades el acceso al agua y al jabón resulta un lujo.

En Pacaraima, ciudad brasileña del estado de Roraima, en la frontera con Venezuela, la falta de acceso al agua potable y al saneamiento ha sido un problema común que enfrentan tanto la población receptora como las personas migrantes que llegan al municipio diariamente.

La estudiante Keberlin Yelena Ugas Martínez y el técnico en informática Roniel Alejandro Bermúdez Henrique se vieron en una situación complicada cuando recientemente llegaron a la ciudad desde Venezuela. Sin un lugar para refugiarse, la pareja tuvo que dormir algunas noches en las calles de Pacaraima, sin un espacio apropiado para bañarse o una fuente de agua limpia para poder beber y dar a sus dos hijos.

Después de algunos días en condiciones adversas, Keberlin y Roniel fueron acogidos en la Comunidad Bautista de Pacaraima, que los recibió como una de las familias venezolanas migrantes del lugar.

La iglesia es uno de los lugares que se vio beneficiado por el programa de agua y vivienda del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Brasil, que promueve proyectos con socios para mejorar tanto las condiciones de suministro de agua potable como las de saneamiento e higiene de las comunidades afectadas por la migración en Roraima.

"Cuando pudimos bañarnos fue un alivio. Antes [de ingresar a la comunidad] pedíamos bañarnos en un lugar prestado de una tienda; era muy incómodo, mucha gente lo usaba", dice Keberlin.

Ahora ella y su familia pueden usar los baños del lugar, donde también se encuentra el refugio donde duermen.

Además de construir baños con nueve inodoros (retretes), seis duchas y siete lavabos que Keberlin y su familia utilizan, el CICR fue responsable de construir, en las dependencias de la iglesia, otro baño adaptado para personas con discapacidad, así como una cocina, un reservorio de agua (donde hay depósitos con capacidad para cinco mil litros cada uno) y un lavadero. Diariamente, cerca de 180 personas llegan a utilizar estas instalaciones, construidas por el CICR para usuarios internos y externos.

El equipo del Comité Internacional de la Cruz Roja también ejecutó la perforación de un pozo semiartesiano e instaló en el lugar una bomba que se alimenta de energía solar, además del sistema de tratamiento de aguas residuales para las instalaciones. El CICR también donó materiales eléctricos para la Comunidad Bautista, que fueron instalados por la Operación Acogida para la iluminación del ambiente.

El Pastor Gedeão Ferreira de Vasconcelos, responsable de la Comunidad Bautista de Pacaraima, explica que la iglesia comenzó su labor de atención a la población migrante hace cuatro años.

"Hoy tenemos baños masculinos y femeninos. En otros tiempos solo había un baño para cien personas. En aquel momento, el CICR vino, conoció nuestras dificultades y sugirió la mejora de la estructura por etapas", dice Gedeão, que resalta que la labor conjunta con el CICR no es esporádica, sino que se lleva a cabo de manera continua, tanto mediante la asistencia como a través de la capacitación de agentes para la gestión de los elementos que se entregan.

"Es fundamental contar con un ambiente agradable, bien higienizado. Es cuestión de mantener su dignidad como seres humanos, de saber que son recibidos. Hay casos de personas que pasaron días sin beber agua helada, por ejemplo, y aquí tenemos un bebedero. Algunas hasta se emocionan cuando saben que aquí pueden lavar su propia ropa", agrega. La población migrante se ocupa voluntariamente de realizar la limpieza de los ambientes, según menciona el pastor.

El espacio también presta servicios a vecinos de la comunidad, como sucede con el ama de casa Maribeth Cárdenas, que siempre visita el lugar para lavar la ropa y llenar un bidón con agua limpia. Con frecuencia, lleva agua a su casa, pues su familia suele quedarse sin agua debido a un problema de suministro de la propia ciudad.

"Vengo a lavar la ropa de mi familia y aprovecho para conversar con mis amigas. Recolecto un poco de agua porque siempre falta en casa y no tenemos pozo. Debe ser porque la ciudad está muy desnivelada y depende de solo un tanque [de agua], no alcanza para todo el mundo. Toda esta estructura es algo muy bueno, ayuda mucho a las personas que viven aquí", afirma.

Además de su apoyo a la Comunidad Bautista, el CICR hizo una serie de obras y prestó asistencia local en lo que respecta a agua, saneamiento y vivienda en Pacaraima. Se realizaron perforaciones de pozos artesianos en lugares clave, como puntos de agua donde ya se ofrecían servicios de refugio o actividades para personas refugiadas y migrantes, pero que también benefician a la propia población local.

Algunos lugares donde se instalaron los pozos artesianos fueron la Diócesis de la Iglesia Católica en el municipio, el Centro de Capacitación y Referencia (CCR), dos escuelas y una guardería del municipio, además de una escuela estadual. El CICR también revitalizó el pozo artesiano del único hospital de Pacaraima.

Otra comunidad beneficiada fue la comunidad indígena de Tarau Paru, donde se construyeron dos baños comunitarios, se reformó el puesto de salud y se instaló una bomba de agua que funciona con energía solar, en beneficio de más de novecientas personas.

Por otra parte, el CICR iniciará otros dos proyectos: uno dentro del Refugio Indígena Janokoida, que atiende al público de la etnia Warao en Pacaraima, que contempla una reforma y ampliación de dos baños del lugar; el otro, que consiste en apoyar las tareas de excavación para construir un sistema de tratamiento de aguas residuales del Alojamiento Temporario BV-8, en respuesta a una solicitud al CICR por parte de entidades de la Operación Acogida. En Boa Vista, el sector también se está ampliando.

La ingeniera Sara Lopes Souto es responsable del programa de Agua y Vivienda del CICR en Roraima, que engloba esos conceptos dentro del área de infraestructura en el contexto de la respuesta humanitaria.

"Actuamos con asistencia directa en proyectos, apoyando con consultoría o movilizando actores. Tenemos la intención de hacer un seguimiento posterior a la obra y trabajamos en colaboración, como en el caso de Funasa [Fundación Nacional de Salud], que prestó apoyo mediante capacitación sobre cloración y testeo del agua. Observamos también dónde hacen falta ajustes y vemos cómo es el uso, qué puede mejorarse y mantenerse", cuenta Sara.

Para la ingeniera, es necesario cuidar el saneamiento básico y el suministro para después tratar otras cuestiones humanas. "Eso da dignidad a la persona, pues los espacios son estructuras físicas que permiten la recepción y aseguran que se atiendan las necesidades mínimas de las personas para que puedan seguir adelante con sus vidas", concluye.