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Bolivia se debate entre Mesa y Evo Morales

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Roberto Mansilla

Bolivia muestra los síntomas de acrecentar su ya crónica inestabilidad. La renuncia presidencial de Carlos Mesa el pasado domingo 6, sólo puede ser interpretada como una estrategia política dirigida por el presidente a las principales fuerzas políticas y sociales del país, para aceptar un "gran pacto social" que le permita finalizar su mandato hasta las elecciones de 2007. La estrategia de renuncia de Mesa buscaba presionar al Congreso boliviano para que ratificara un paquete de reformas legislativas.

Entre las razones que esgrimió para renunciar, Mesa resaltó la fractura social que vive la nación. Pero, en el fondo, sus palabras evidenciaban más bien una táctica política bien planificada. Dos días después, tras una manifestación de apoyo al presidente, el Congreso Nacional se declaraba en sesión de urgencia, pero en el fondo la decisión de rechazar dicha renuncia parecía un hecho. De este modo, se alcanzaba un acuerdo institucional entre el Ejecutivo y el Legislativo para que Mesa finalizara el período de gobierno en el 2007.

Las prolongadas sesiones en el poder legislativo permitieron la aprobación de un amplio programa de reformas, consideradas como vitales por parte de Mesa. En todo este proceso de votación no participó el partido Movimiento al Socialismo, del líder indígena Evo Morales, principal detractor del presidente y uno de los instigadores de la revuelta popular.

Sin embargo, ante esta votación parlamentaria, Morales corre el riesgo de quedar políticamente marginado, al menos desde el punto de vista del "establishment" boliviano. Mesa tiene el apoyo de las principales fuerzas políticas y un respaldo externo que va desde Washington hasta los presidentes de Mercosur, especialmente el mandatario argentino Néstor Kirchner. Sin embargo, Morales maneja un sólido apoyo popular entre los sectores indigenistas y cocaleros y su figura parece ascender con respecto a otros líderes como Felipe Quispe. De igual modo, la poderosa Central Obrera Boliviana pidió la dimisión de Mesa, aunque esto no signifique necesariamente un punto de apoyo para Evo Morales.

La batalla política

Los puntos clave de las reformas que pide el presidente Mesa se resumen en cuatro aspectos. El primero, relativo a la polémica ley de Hidrocarburos, principal fuente del conflicto socio-político, al que se une el control del agua. Segundo, la elección de prefectos y gobernadores provinciales. Tercero, un referéndum sobre el estado de las autonomías, con la crisis secesionista de la región gasífera de Santa Cruz como telón de fondo. Finalmente, la convocatoria a una Asamblea Constituyente, necesaria para refundar el pacto social.

Desde el punto de vista presidencial, Mesa mantiene un respaldo popular que se ubica en un 60% de aceptación, principalmente porque su origen no pertenece a la tradicional clase gobernante. Del mismo modo, el presidente se ufana de que, en año y medio de gobierno, logró solucionar "829 conflictos", por lo que se sintió con la autoridad moral suficiente para obligar al Congreso y a los principales partidos a elegir entre su alternativa "o el caos", como él mismo especificó. Sin embargo, es necesario resaltar que varios aspectos de sus decisiones han estado marcadas por la ambig=FCedad.

La pugna se centra, principalmente, entre Mesa y Evo Morales, pero las repercusiones son también colaterales. Bolivia asiste desde finales del año pasado a una convulsión permanente que obliga a una lucha contra reloj para solucionar una revuelta popular que ha provocado más de 50 bloqueos y cortes de carretera, principalmente entre La Paz y Cochabamba, con un costo estatal diario de 300.000 dólares. A las demandas sociales de los indigenistas y cocaleros se le unen las pretensiones secesionistas de la clase dominante en la provincia de Santa Cruz, donde el control de los recursos gasíferos y petroleros son la clave del conflicto nacional.

Si bien el presidente Mesa y Evo Morales sellaron un pacto táctico tras el referéndum del gas en julio de 2004, hoy la fractura entre ambos es manifiesta. Mesa acusó a Morales de querer llegar al poder "por métodos violentos" mientras Morales se opone a las pretensiones de Mesa de cumplir los contratos gasíferos con las compañías explotadoras, pidiendo el control estatal de la industria.

En el caso del control del agua, la pelea se concentra en las concesiones realizadas a la empresa privada Aguas de Illimani, a través de la francesa Suez, para otorgar el servicio de agua en la ciudad de El Alto, =FAnica conexión con el exterior de la capital. Los bloqueos de carreteras han sido constantes aquí, auspiciados por el líder local Abel Mamani, aliado de Morales. Ante esta crisis, países como Alemania y Suiza anunciaron la suspensión de la cooperación económica con esa ciudad.

Una de las claves de la renuncia de Mesa se debe a que el presidente busca apoyo político para acometer la ola de bloqueos de carreteras en el interior del país y así aislar al líder indigenista, potencial candidato presidenciable para el 2007.

Chávez entra en escena

Otra preocupación es la repercusión externa que puede provocar la crisis boliviana. En este caso, la posibilidad de una rebelión indigenista en Bolivia obviamente podría expandir sus secuelas en las vecinas Perú y Ecuador, países sumidos en crisis de gobernabilidad con fuertes movimientos sociales e indigenistas internos.

Pero el avance más significativo de los alcances externos de la crisis boliviana se dio cuando, a finales de febrero y en el marco de la IV Cumbre de la Deuda Social en Caracas, Evo Morales visitó al presidente venezolano Hugo Chávez, incluso participando en la emisión del programa "Aló Presidente". Allí, Chávez calificó a Morales como "uno de los más grandes líderes de la historia de Bolivia", acusando a la oligarquía boliviana y a Washington de intentar impedir la realización de la Asamblea Constituyente y de querer "reducir en pedazos el país". El presidente venezolano también calificó a Mesa de ser un "chantaje para los bolivianos", los cuales "se levantan para acabar con la política de privatización del gobierno".

Morales devolvió el cumplido apoyando a Chávez ante las recientes críticas y acusaciones de funcionarios del gobierno estadounidense e, incluso, dirigiendo sus ataques a la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, invitándola "a preocuparse por nosotros (Chávez y él mismo), por tantos niños que quedaron huérfanos en Irak y por el hambre y la miseria del pueblo latinoamericano". Las palabras de Chávez causaron gran irritación en La Paz y motivaron duras críticas por parte del presidente Mesa.

Lo cierto es que, tras esta y otras reuniones donde coincidieron Chávez y Morales, se manifiesta una especie de conjunción de intereses que muchos analistas y políticos traducen en esfuerzos por expandir sus movimientos. No deja de causar recelo en algunos sectores que, luego de la reunión Chávez-Evo, y al regreso de éste a Bolivia, se intensificara la revuelta popular y el corte de carreteras.

Del mismo modo, y tras sus excelentes resultados en las presidenciales de 2002, Evo busca crearse una imagen internacional a través de frecuentes giras. Se ha reunido con varios mandatarios latinoamericanos al mismo tiempo que ha viajado a España, Francia, Bélgica y Holanda, reuniéndose con líderes sociales, intelectuales y mediáticos, entre los que destaca el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet. Su objetivo claro, como el presidente Mesa, está ubicado en las elecciones de 2007 que lo podrían llevar a ser el primer líder indígena en gobernar Bolivia.