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Bolivia: Inundaciones dejan a miles de familias sin medios de vida

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A pesar de que la gran inundación -la "llenura" como le llaman en los pueblos del oriente boliviano- arrasó con las viviendas y los medios de vida de miles de familias hace más de un mes, en febrero pasado, los estragos todavía son visibles y palpables. Eugenia Fidencio Colque, una lugareña no recuerda una inundación tan descomunal.

El río Beni recoge las aguas de varios ríos del altiplano. Según los lugareños, la intensidad de las lluvias provocó olas de hasta seis metros de altura lo que cubrió las casas rústicas hechas de palos y techo de hoja.

Eugenia Fidencio Colque tiene 42 años de edad y aunque sobrevivió a muchas inundaciones, no recuerda ninguna tan descomunal. De origen indígena tsimán-mosetene y nacida en la comunidad de Carmen Florida, en el departamento del Beni, Eugenia tiene ocho hijos con los que habitaba en una vivienda de dos habitaciones, de las cuales sólo quedaron los pilares de tronco y el techo de palma. El suelo se halla aún enlodado, hay árboles caídos y existen cosechas perdidas de arroz, plátano y yuca.

El día de la inundación, la fuerza de las aguas del río Beni acababa de volcar una embarcación rústica en la cual se transportaba una vecina de la comunidad de Carmen Florida. Los habitantes de la comunidad, compuesta por unas 46 familias, se movilizaron río abajo para encontrar el cuerpo de la mujer ahogada, mientras el agua ingresaba con furia a sus casas y chacos (parcelas), donde sólo se encontraban los niños. Estos lucharon con el agua para salvar sus propias vidas, pero no pudieron rescatar los animales o enseres de sus familias. Trepados en los árboles y en los techos de las casas esperaron la llegada de sus padres y madres, a quienes les era imposible ingresar a la comunidad por la cantidad y la fuerza del río. Los nueve hijos de la mujer ahogada no vieron a su madre regresar, pero la solidaridad de la comunidad garantizará un futuro a estos niños que quedaron en completa orfandad.

Sin comida y sin hogar

Eugenia contó con tristeza que el agua demoró cuatro días en bajar y que el río se llevó no sólo sus plantaciones de arroz, maíz, yuca y plátano, base de la alimentación diaria de sus hijos, sino también sus reservas de fréjol y de maíz. De 45 gallinas, le quedaron sólo siete, una de las cuales cocinaba mientras compartía su experiencia de dolor y pérdida con el PMA.

Antes de la inundación, ella y sus ocho hijos comían tres veces al día. Hoy sólo se alimentan dos veces diariamente y para el desayuno únicamente hay plátano que logró rescatar cuando las aguas bajaron, pero que, según sus cálculos, se agotaría en menos de una semana.

Sobreviviendo con la asistencia alimentaria

Eugenia asegura que volverá a plantar, pero estima que obtendrá la primera cosecha sólo dentro de cinco meses. La embarcación del PMA, que con dificultad llegó hasta las orillas de la comunidad Carmen Florida por el crecido caudal del río, llenó de sonrisas la comunidad. Las familias empezaban ya a echar mano de sus animalitos para alimentarse, sacrificando los pocos activos que quedaron tras la inundación. La ayuda alimentaria del PMA les ayudará a sobrevivir hasta que restablezcan sus medios de vida y logren nuevamente cosechar sus propios alimentos.