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La pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19): una oportunidad de aplicar un enfoque sistémico al riesgo de desastres en el Caribe

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Introducción

„ La enorme escala y los efectos a largo plazo de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), aunados a las posibles repercusiones de otros peligros y sucesos recientes, amenazan con perjudicar o destruir la infraestructura esencial y los sistemas que sostienen la vida de una parte importante de las sociedades y las economías. La pandemia de COVID-19 también tendrá repercusiones socioeconómicas sin precedentes en América Latina y el Caribe. En un contexto de recesión mundial y desplome del comercio internacional, la actividad económica del Caribe se ha visto particularmente afectada por las perturbaciones externas. Esta situación se verá reflejada directamente en el aumento del desempleo y en la profundización de la pobreza y la desigualdad, dos de los principales factores que históricamente han fomentado la vulnerabilidad en la región.

„ La interrelación cada vez más compleja entre los sistemas económicos, políticos y humanos por un lado, y los sistemas ambientales por el otro, contribuye a la naturaleza sistémica de los riesgos y a la cadena de efectos que producen. Los sistemas y las cadenas de suministro actuales de tipo ambiental, sanitario, alimentario, energético, financiero, de la información y de la comunicación se caracterizan por su complejidad, su interdependencia y su vulnerabilidad. Sus vulnerabilidades también se manifiestan y existen en múltiples niveles, que van desde lo local a lo mundial. Estos sistemas son puestos a prueba por una serie de factores desestabilizadores, como las enfermedades infecciosas, el agotamiento de los recursos naturales, la degradación ambiental y ecosistémica, la escasez de alimentos, los disturbios sociales, la inestabilidad política y financiera y la desigualdad, y a la vez, pueden potenciar dichos factores.

„ Estos elementos desestabilizadores determinan las hipótesis de riesgo que enfrenta el Caribe.
La pandemia de COVID-19 ha dejado claro que los países y las ciudades del mundo entero no han hecho grandes esfuerzos para superar las limitaciones inherentes a un enfoque de la gestión del riesgo que aborda los peligros de manera individual, fragmentada y con una mentalidad de compartimentos estancos. Ha demostrado, asimismo, que en una sociedad cada vez más populosa, interconectada y globalizada, el cambio en la naturaleza y la escala de los riesgos ha sido tan profundo que la capacidad de las instituciones y de los enfoques en materia de gestión del riesgo deja de ser suficiente (UNDRR, 2019). Un enfoque sistémico en lo referido a la gestión de los riesgos debe orientar las acciones a corto, mediano y largo plazo.

„ El riesgo de desastres puede considerarse como una función en que se combinan el peligro, la exposición y la vulnerabilidad. En la definición que se recoge en el Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, se destaca la naturaleza sistémica del riesgo, y los hechos no han hecho más que demostrar la validez de esa noción. La pandemia mundial de COVID-19 ha puesto de manifiesto la precariedad de los sistemas de los que dependen el comercio, los sistemas alimentarios, la energía, el transporte y las redes de seguridad social.
Los riesgos se manifiestan en la cadena de consecuencias que producen en los ámbitos local, regional y mundial, y pueden poner en marcha circuitos de retroalimentación con repercusiones a nivel comunitario, sectorial, geográfico y de escalas (UNDRR, 2019). La pandemia ha afectado los entornos sociales, económicos y físicos, así como los mismos sistemas que propiciaron las condiciones para que el virus surgiera y se propagara hasta transformarse en una catástrofe mundial.

„ La pandemia de COVID-19 demuestra la necesidad imperiosa de aplicar nuevos enfoques conceptuales y analíticos para comprender y gestionar mejor la dinámica de los riesgos, los complejos factores interrelacionados que los producen, y la cadena de efectos que ponen en marcha. Para acelerar el progreso hacia un desarrollo sostenible y una regeneración que tengan en cuenta los riesgos, es fundamental mejorar la comprensión sobre los riesgos sistémicos e incorporar enfoques basados en sistemas al diseño de las políticas y las inversiones en todos los sectores, geografías y escalas. Mejorar la gobernanza de los riesgos es clave. Existe una oportunidad de seguir avanzando sobre la base de los progresos realizados a la fecha.

„ La hoja de ruta de las Naciones Unidas para reducir el riesgo de desastres, el Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, aprobada por los Estados Miembros en 2015, es una herramienta consensuada y de aplicación común que permite mejorar las iniciativas de prevención, mitigación, preparación y respuesta ante todo tipo de riesgo, incluidos los riesgos sistémicos y los riesgos biológicos. Si no adoptamos medidas para reducir el riesgo de desastres, estaremos acelerando la destrucción intencionada de nuestro planeta. En la respuesta a esta pandemia es necesario promover, no obstaculizar, las iniciativas que buscan fomentar la descarbonización, la protección del capital natural, la construcción de ciudades resilientes y la igualdad y la inclusión social. Las estrategias de prevención del riesgo y de recuperación frente a los desastres deben estar dirigidas a proteger a las personas y al planeta, preservando los progresos realizados hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y priorizando las opiniones, los derechos y la autonomía de las personas.

„ Regresar a la normalidad implicaría volver a las mismas condiciones —que se refuerzan entre sí— responsables de la pandemia en primer lugar. Restablecer el statu quo —es decir, reconstruir los mismos sistemas—, generará más riesgos y nos llevará a resultados similares. Con un diseño idóneo, las medidas que los gobiernos adopten pueden transformar los sectores que es necesario salvaguardar. La urgencia es clara, y la oportunidad está ante nosotros. Hemos observado a los gobiernos de numerosos países empoderándose y ejerciendo sus facultades de una forma que no se había visto en décadas.

„ Es posible avanzar hacia la transformación que se necesita. Exige mucha más ambición, y que las medidas que adoptemos estén a la altura de la magnitud de la amenaza. No se trata de hacer lo conveniente, sino lo necesario.