Dengue: Dar voz a un desastre silencioso

En los últimos 50 años, el dengue se propagó de nueve a más de un centenar de países y su incidencia mundial aumentó 30 veces, por lo cual, pasó a ser la enfermedad vectorial de más rápida propagación.

Hoy en día, casi la mitad de la población mundial vive en países donde el dengue es endémico. La carga de la enfermedad pasó de 15.000 casos anuales en la década de 19601 a 390 millones2 hoy en día, lo que equivale a más de la mitad de la población de Europa. Otrora considerada como una enfermedad urbana y periurbana, el dengue se está convirtiendo en un problema cada vez mayor también en zonas rurales.

A pesar del aumento sin precedente del número de casos, la atención mediática mundial ha sido casi inexistente. En 2010, la cobertura del terremoto de Haití fue nueve veces superior a aquella del dengue.

Ese desinterés de la prensa contribuyó al apoyo insuficiente de los donantes a actividades de prevención a largo plazo. Mientras que la asistencia oficial para el desarrollo aumentó casi dos veces y media desde el año 2000, alcanzando un pico de 128.700 millones de dólares en 20103, el apoyo financiero a proyectos relacionados con el dengue se mantuvo bajo y el dinero puesto a disposición fue principalmente para responder a brotes aislados.

La falta de inversión en la prevención y el control del dengue refleja la falta de diálogo político en la comunidad internacional y entre los gobiernos. Si bien forma parte de las enfermedades transmitidas por vectores que en 2014 fueron el tema del Día Mundial de la Salud, la falta de eventos y grandes declaraciones, así como de compromiso para recabar datos y rastrear el avance de la lucha demuestran que este desastre silencioso continúa teniendo un perfil bajo para los formuladores de políticas.

Aunque el dengue afecta a todos los segmentos de la sociedad, la carga es mayor en las personas más pobres y vulnerables. Por lo general, los costos del dengue pueden equivaler al doble, o incluso el triple, de los ingresos mensuales medios de una familia4, lo que claramente tiene un impacto económico significativo en dichas personas, pues en la mayoría de los casos, sus ingresos mensuales son muy inferiores a los costos directos de la enfermedad.

Tanto los datos del dengue como de los métodos para contenerlo y reducirlo han de salir a la luz. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) se propone dar voz a este desastre silencioso y subrayar la importancia de ayudar a las personas y comunidades más vulnerables que sufren innecesariamente de esta creciente epidemia.

La FICR exhorta a todas las partes interesadas a cambiar de inmediato el enfoque para pasar de la respuesta a brotes aislados a la inversión en programas integrados y a largo plazo que incluyan iniciativas comunitarias que redunden en un cambio de comportamiento sostenible. Esto último solo se puede hacer dotando a las comunidades de conocimientos esenciales en materia de higiene y saneamiento ambiental, impartiéndoles formación y contando con la participación de voluntarios de salud comunitaria no solo para detectar y derivar casos sospechosos de dengue, sino también para mejorar el control de la enfermedad en las comunidades.

Asimismo, la FICR llama a gobiernos, instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil a colaborar en la investigación que suministrará información crítica sobre la relación entre el cambio climático y el dengue, lo que nos permitirá a todos establecer un enfoque común para reducir la morbilidad y mortalidad de esta enfermedad debilitante a fin de que no se siga cobrando víctimas en comunidades vulnerables.