Perú: Un nuevo inicio tras la tragedia

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from International Organization for Migration
Published on 08 May 2008 View Original
Perú - Sucedió el 15 de agosto, alrededor de las 6.30 de la tarde. Doris, una vecina del distrito de San Andrés en la Provincia de Pisco, lo recuerda y sabe que difícilmente lo olvidará. Mientras preparaba la cena, pudo sentir como el suelo comenzaba a moverse. "Mi esposo me dijo que agarre al bebe, intentamos salir y la puerta se nos atascó". Aún, el sismo que tomaría la vida de más de 590 pobladores de Ica y dejaría más de 52,000 viviendas destruidas no había golpeado con toda su fuerza.

En el breve instante de calma que sobrevino al primer movimiento, Doris siguió el consejo de su esposo e intentó resguardarse bajo la cama con su pequeño mientras él intentaba abrir la puerta. Segundos más tarde, el sismo volvía con mayor violencia. Entre los gritos de los vecinos y la confusión, Doris y su familia pudieron alcanzar la calle corriendo. "Nos paramos en medio de la calle y el remezón era cada vez más fuerte. Entonces íbamos a ver a mi suegra y todos los postes estaban tirados. Pisco era una desgracia".

Dos minutos después de verse interrumpida la cena de Doris, el movimiento telúrico finalmente había terminado. A pesar de ello, la tranquilidad aún no se asomaba y nadie presagiaba que tardaría tanto en llegar. "Pasaron personas diciendo que el mar se había retirado y que había que evacuar. Recién se detenía la tierra y teníamos que salir caminando hasta la villa. La desesperación nos llevó a dirigirnos hacia un cerro, donde dormimos echados en el piso, sin nada con que cubrirnos".

La oscuridad no le había permitido notar que la mitad de su vivienda yacía reducida a escombros sobre el suelo, pero tanto Doris como su familia presentían lo peor. Su esposo volvió a su casa a rescatar algo de abrigo para enfrentar al frío nocturno, recuperando unas frazadas y unos pocos enseres. Así, pasaron la noche a la intemperie, apiñados para calentarse, respirando polvo y expuestos a la humedad. Pero todavía esperaban mayores sorpresas por venir.

"Al otro día cuando nos levantamos y descubrimos que habíamos pasado toda la noche durmiendo al costado de un basural. Luego regresamos a San Andrés a ver a mi mamá y vimos que todo el mar se había salido, arrojando los botes y piedras por todo el lugar. Fue horrible. La mitad de mi casa había colapsado".

La familia de Doris recibió los siguientes días pernoctando a la intemperie. No fue hasta recibir el aviso de sus vecinos que encontró refugio en un albergue establecido en un estadio local. Sin embargo, las condiciones de vida en este nuevo lugar aún eran bastante precarias: continuaban durmiendo sin abrigo, seguridad ni garantías para su salud.

La fuerza de voluntad de Doris y su familia sufría embates continuos con el asentamiento de su nueva rutina: "Las clases se suspendieron un mes y los niños no tenían nada que hacer, mi hijo se enfermó de los bronquios y mi esposo perdió su trabajo debido a que la fábrica donde laboraba se derrumbó. Además, no podía dejarnos por miedo a que algo pasase". El temor era un gran obstáculo a vencer, pues las condiciones de seguridad eran mínimas y ocurrían saqueos en muchos lugares. Las continuas réplicas y el riesgo de que un tsunami arrasara con lo poco que quedó en pie no daban sitio para la tranquilidad.

Pese a todos los contratiempos, Doris y su familia no perdieron la esperanza y continuaron esforzándose para salir de la adversidad. Así, tras varios días de sufrimiento, lograron ser empadronados por la autoridad local, la cual cedió un terreno para ser habitado por su familia y otras 99 más, con historias igualmente trágicas. La municipalidad de San Andrés, ante la necesidad mejorar las condiciones de vida para un grupo de inquilinos que quedaron sin hogar, encontró esa solución temporal para la urgencia de ayuda vivida por la población de su distrito y, coordinando estrechamente con OIM, se logró brindarles carpas y otros artículos de primera necesidad.

"Luego comenzó a llegar la ayuda. La municipalidad cedió un terreno y nos llegaron las carpas, colchones, frazadas y camas de OIM..." Inmediatamente después de evaluar la situación de los pobladores, la OIM había iniciado su labor de asistencia humanitaria en San Andrés, instalando 504 carpas en diferentes lugares del distrito y distribuyendo 3,300 colchones, 916 sábanas, 341 kits de cocina, 2,988 frazadas, 1,168 camas y 326 kits de aseo personal. Doris y otras 99 familias ubicadas en el terreno donado por la municipalidad de San Andrés encontraron un refugio que les ofrecía las condiciones mínimas para rehacer sus vidas y mirar con esperanza el futuro.

"Ahora estamos mucho mejor. Los niños han retomado las clases y ya no presentan ningún problema de salud. Mi esposo logró alquilar una moto-taxi y ya se siente más seguro para ir a trabajar. Al inicio daba un poco de miedo, pero ya lo vamos superando. Poco a poco todo va volviendo a la normalidad".

5 meses después del siniestro, acudimos al asentamiento humano del distrito de San Andrés, donde OIM había instalado 100 carpas para albergar a igual número de familias que pernoctaban a la intemperie sin tener un techo bajo el cual cobijarse. El motivo esta vez llenaba de optimismo: el terreno que actualmente se encontraba cubierto por carpas, sería cedido por la municipalidad para la construcción de 100 casas. Los pobladores decidieron bautizar esta ilusión cumplida como el "Asentamiento Humano Naciones Unidas" y nombraron a la coordinadora de OIM en Pisco como su madrina.

Ahí fue donde encontramos a Doris Vergara Díaz, cuya historia representa a la de cientos de habitantes de Pisco que lograron ser asistidos por la ayuda humanitaria de las Naciones Unidas, gracias al financiamiento de los fondos CERF. Su sonrisa y optimismo no se corren más ante el recuerdo de la tragedia sufrida y alimenta sus ilusiones producto del esfuerzo conjunto llevado a cabo por ella, su familia, sus vecinos, sus autoridades locales, las Naciones Unidas y la OIM.

El distrito de San Andrés en la provincia de Pisco fue uno de los más afectados por el terremoto del 15 de agosto de 2007. Más de 8,900 personas resultaron con sus viviendas dañadas y unas 2,900 las perdieron por completo o se vieron impedidas de seguir habitándolas por el peligro de su inminente colapso.

Para mayor información sobre la asistencia humanitaria de la OIM para las personas afectadas por el terremoto:

- Llegan miles de tiendas de campaña a la zona devastada por el terremoto

- Continúa la asistencia a víctimas del terremoto a través de distribuciones

Carpas instaladas en Asentamiento Humano "Naciones Unidas"

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